Kia Grand Sedona 2016: Ocho son suficientes

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Conocida antes como Carnival, la Kia Gran Sedona llega a Colombia con un renovado aspecto, proporcionado por el lápiz de Peter Schreyer y bajo el rótulo de SUV. Es una van pensada para el transporte de un buen número de pasajeros pero con un interesante espacio de carga.

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De gran difusión en la vida “civil”, la Grand Sedona actualiza su diseño con una integración parrilla / luces delanteras, la adopción de rines de 18 pulgadas, apliques cromados y alguno que otro distintivo “aerodinámico” que la diferencian de una anodina van de servicio público. Con respecto a la Carnival, en Kia dicen que ha ganado más espacio en la parte delantera, mejorando la visibilidad para el conductor, que tiene un asiento de regulación eléctrica de 12 posiciones y dos memorias. La segunda fila de asientos se repliega hacia adelante para permitir el transporte de carga. En la marca dicen que los tapizados de las sillas son repelentes a la suciedad y fáciles del limpiar.  La tercera fila también es plegable en proporción 60/40.

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La pantalla del tablero de instrumentos es de 3,5 pulgadas y este tiene retroiluminación LED, hay controles en el timón para audio y telefonía, que puede monitorearse a través de una pantalla táctil de 4.3” y cámara de reversa con guías de parqueo. El radio permite almacenar música en su memoria.

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La Grand Sedona SUV, está construida sobre un chasis nuevo y según la marca, tiene una rigidez de torsión estática que es 36% mayor que su competidor de segmento más cercano. Además, el 76% del cuerpo está compuesto de una alta resistencia de acero. El techo se diseñó con pilares que distribuyen cargas de impacto con resistencia mejorada. En Kia aseguran que se ha mejorado la insonorización en cabina gacias a los ajustes realizados en las puertas corredizas y un mayor uso de espuma insonorizante en el compartimiento del motor.

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El motor es el 3.3L a gasolina, visto ya en la Sorento Trust V6, que cuenta con 270 caballos a 6.400 rpm. Un sistema de inducción variable de tres pasos que ajusta automáticamente el volumen de aire expulsado en la cámara de combustión para crear la mezcla apropiada en diferentes condiciones de carga del motor. Este propulsor está acoplado a una transmisión automática de seis velocidades.

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En seguridad activa y pasiva, las siglas presentes son: Control Electrónico de Estabilidad (ESC), Sistema de Control de Tracción (TCS), Asistencia de Frenado Sistema (BAS), arranque en pendientes Assist Control (HAC), y sistema de frenos (ABS). 6 airbags completan este apartado.

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La Kia Grand Sedona SUV también cuenta con una garantía de 5 años o 100.000 kilómetros y su precio es de $144,9 millones de pesos.

Subir y arrancar Trato de hacer memoria y acordarme del primer momento en que un carro me llamó la atención más de lo normal y siempre me remito a unas viejas fotos de mi primer cumpleaños. Allí aparezco al lado de un flamante Ford Galaxie 500 adscrito al cuerpo de bomberos de alguna ciudad norteamericana. Posteriormente, mis padres continuaron regalándome autos en mis cumpleaños. Conservo también una fotografía con un pastel hermosamente decorado y un VW Beetle rojo que yo miraba con asombro. Vinieron luego los maravillosos Matchbox 1/64 y algunos coches de carreras que funcionaban con gasolina ¡de avión! Y que mis primos mayores gozaron a placer mientras el ruido ensordecedor que producían, me causaba genuino terror. Un tío fue quien acolitó (al fin y al cabo es sacerdote) mi primera “manejada” en su viejo Jeep Willys MB, con el que dábamos la vuelta a la manzana. El controlaba la pedalería y los cambios, mientras yo trataba de girar el pesado volante. Mis otros tíos me mantenían al tanto del mercado automotor, pues en los viajes y paseos me preguntaban por las marcas y modelos de todos los carros que veíamos, hasta que me los aprendí todos. De los “de verdad” recuerdo el Zastava 1500 amarillo de mi tío Aquiles, auto al que cariñosamente apodaban “el maracuyá” y que compraron el mismo año en el que nací. Cuando lo vendieron, casi no me cuentan pues temían mi tristeza al saberlo y pues, la verdad, no los defraudé. Llegó la época de las revistas, los catálogos, los libros y cuanta publicación sobre autos existiera. Pasaba tardes y noches devorándolas ansiosamente, aprendiéndome de memoria fichas técnicas, modelos, características y los datos más precisos de cada ejemplar. Eso sí de mecánica, nada. Me embiste un dulceabrigo y cualquier tornillo en un motor significa para mi, poco menos que magia negra Mi profesión de periodista me ha permitido experiencias inolvidables con los carros, dirigir algunos programas sobre el tema, cubrir las ferias, participar en encuentros, desfiles y ser testigo desde esta óptica del crecimiento y las contracciones del mercado, probar algunos modelos y conocer personajes que me han honrado con su invaluable amistad y sabiduría infinita. Con el advenimiento de internet y la televisión internacional, el aprendizaje se expandió a niveles insospechados. Ahora era posible explorar más allá y en tiempo real, lo que estaba sucediendo en el mercado automotor mundial. Participar en chats, foros y páginas se convirtió en la principal fuente de conocimiento y en un segundo aire para esta afición. Gracias entonces a la red mundial y a la magnífica herramienta que proporcionan los blogs, y, por supuesto, a la gentil complicidad del equipo de Medios Electrónicos de EL COLOMBIANO y su editor general, Fernando Quijano, que avaló esta propuesta, es que hoy puedo compartir con ustedes este rincón minúsculo del ciberespacio, en donde la idea es compartir experiencias y conocimientos, retroalimentarnos con las noticias que produce este dinámico sector, enterarnos de las novedades más recientes y, sobre todo, divertirnos con una pasión que va más allá de conducir y maravillarnos con el invento más sensacional de la historia. Se trata entonces de abrir el blogaraje y dejar salir la imaginación con el placer que produce ver estas hermosas piezas en acción, que nos roban suspiros y nos producen un constante hormigueo que solo los aficionados a los carros entendemos, compartimos y acolitamos (como mi tio el cura). Bienvenidos, súban, abròchense y disfruten el viaje.

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