Mercedes, una historia de 99 años (con DMG incluído)

Mercedes Jellinek (1889 - 1929)

Pocas leyendas del mundo del automóvil tan manoseadas como la del origen del nombre “Mercedes”. La más difundida es sin duda la que da cuenta de una supuesta hija de Karl Benz con ese nombre, otros dicen que la esposa del señor Benz se llamaba Mercedes y este quiso hacerle un homenaje poniéndole ese nombre a sus carros. Ni lo uno ni lo otro amiguitos, Mercedes no tenía que ver nada ni con los Daimler ni con los Benz. Todo comenzó 16 años después de la invención del automóvil, por estos días en 1902.

El 23 de junio de ese año, el constructor alemán Daimler-Motoren-Gesellschaft (DMG),  registró el nombre Mercedes como una marca, obteniendo la protección legal dos meses después. La historia de este nombre comenzó en 1899 cuando el ingeniero mecánico Gottlieb Daimler (1834 – 1900) vendió su primer automóvil de lujo a gasolina al Sultán de Marruecos, un año después, formó DMG en la población de Cansatt, Alemania.

Emil Jellinek (1853 - 1918)

Emil Jellinek por su parte, era un prominente diplomático del entonces imperio austro-húngaro y un hombre de negocios bastante entusiasta con el incipiente tema de los automóviles, tanto, que ordenó un modelo a Daimler en 1897, un 2 cilindros de 6 caballos de fuerza que a Jellinek le parecio “algo” lento. Entonces Jellinek ordenó dos ejemplares de un modelo más rápido, el Daimler Phoenix de 4 cilindros. Pronto, el hombre comenzó a ofrecer estos carros a sus amigos de la alta sociedad para armar competencias entre ellos bordeando la exclusiva riviera francesa. Eso fue en 1899 y allí entraba Jelinek a las carreras con su carro remarcado con el nombre de su hija mayor, Mercedes.

Mercedes 35 HP 1901

Para abril de 1900, El austro-húngaro firmó un convenio con DMG para distribuir una nueva línea de automóviles de 4 cilindros y sugirió al fabricante que llamaran a los autos “Mercedes”, argumentando que en Francia, país donde Jellinek vivía, sería mejor visto que se vendiera un carro con nombre no alemán. El 22 de diciembre de 1900, DMG despachó el primer Mercedes a Jellinek, diseñado por Wilhelm Maybach (1846 – 1929), jefe de ingenieros de la compañía. Tenía 35 caballos y un chasis en acero, radiador en forma de panal de abejas, válvulas de apertura mecánica y una novedosa caja de cambios. Podía alcanzar así una velocidad cercana a los 88 km/h. Por esta serie de atributos, el Mercedes de 1901 es considerado como el verdadero génesis del automóvil moderno.

Factoría de Daimler en Cannstatt, cerca a Stuttgart

Después de triunfar holgadamente en las carerras que organizaba Jellinek, en 1901  DMG comenzó a  recibir una avalancha de pedidos en su factoría de Cannstatt y como ya lo dijimos, el 23 de junio de 1902 registró definitivamente el nombre de “Mercedes”. Ahora, el famoso símbolo de la marca, la estrella de tres puntas, se registró en 1909 y se implementó en cada Mercedes que salió de la fábrica desde 1910 (por eso, si les ofrecen en venta un Mercedes de antes de 1910, no debe llevar la famosa estrella).

El orígen del logosímbolo también tiene sus versiones, algunos dicen que significa que Mercedes reina en los tres elementos donde es posible transportarse, tierra, mar y aire, pero la historia oficial dice que dicha imagen viene de una historia familiar protagonizada por los hijos de Gottlieb Daimler, Paul y Adolf. Ellos recuerdan que trabajando en la fábrica de Deutz, en Colonia y antes de crear DMG, el padre les envió una postal donde aparecían imágenes de la ciudad y que Gottlieb dibujó la dichosa estrella en la tarjeta señalando la casa donde vivía. En el mensaje escrito, Daimler le decía a su esposa que la estrella representaba la prosperidad que brillaría para ellos en el futuro, cuando él tuviera su propia fábrica.

El resto, como dicen en las pelis, es historia.

Subir y arrancar Trato de hacer memoria y acordarme del primer momento en que un carro me llamó la atención más de lo normal y siempre me remito a unas viejas fotos de mi primer cumpleaños. Allí aparezco al lado de un flamante Ford Galaxie 500 adscrito al cuerpo de bomberos de alguna ciudad norteamericana. Posteriormente, mis padres continuaron regalándome autos en mis cumpleaños. Conservo también una fotografía con un pastel hermosamente decorado y un VW Beetle rojo que yo miraba con asombro. Vinieron luego los maravillosos Matchbox 1/64 y algunos coches de carreras que funcionaban con gasolina ¡de avión! Y que mis primos mayores gozaron a placer mientras el ruido ensordecedor que producían, me causaba genuino terror. Un tío fue quien acolitó (al fin y al cabo es sacerdote) mi primera “manejada” en su viejo Jeep Willys MB, con el que dábamos la vuelta a la manzana. El controlaba la pedalería y los cambios, mientras yo trataba de girar el pesado volante. Mis otros tíos me mantenían al tanto del mercado automotor, pues en los viajes y paseos me preguntaban por las marcas y modelos de todos los carros que veíamos, hasta que me los aprendí todos. De los “de verdad” recuerdo el Zastava 1500 amarillo de mi tío Aquiles, auto al que cariñosamente apodaban “el maracuyá” y que compraron el mismo año en el que nací. Cuando lo vendieron, casi no me cuentan pues temían mi tristeza al saberlo y pues, la verdad, no los defraudé. Llegó la época de las revistas, los catálogos, los libros y cuanta publicación sobre autos existiera. Pasaba tardes y noches devorándolas ansiosamente, aprendiéndome de memoria fichas técnicas, modelos, características y los datos más precisos de cada ejemplar. Eso sí de mecánica, nada. Me embiste un dulceabrigo y cualquier tornillo en un motor significa para mi, poco menos que magia negra Mi profesión de periodista me ha permitido experiencias inolvidables con los carros, dirigir algunos programas sobre el tema, cubrir las ferias, participar en encuentros, desfiles y ser testigo desde esta óptica del crecimiento y las contracciones del mercado, probar algunos modelos y conocer personajes que me han honrado con su invaluable amistad y sabiduría infinita. Con el advenimiento de internet y la televisión internacional, el aprendizaje se expandió a niveles insospechados. Ahora era posible explorar más allá y en tiempo real, lo que estaba sucediendo en el mercado automotor mundial. Participar en chats, foros y páginas se convirtió en la principal fuente de conocimiento y en un segundo aire para esta afición. Gracias entonces a la red mundial y a la magnífica herramienta que proporcionan los blogs, y, por supuesto, a la gentil complicidad del equipo de Medios Electrónicos de EL COLOMBIANO y su editor general, Fernando Quijano, que avaló esta propuesta, es que hoy puedo compartir con ustedes este rincón minúsculo del ciberespacio, en donde la idea es compartir experiencias y conocimientos, retroalimentarnos con las noticias que produce este dinámico sector, enterarnos de las novedades más recientes y, sobre todo, divertirnos con una pasión que va más allá de conducir y maravillarnos con el invento más sensacional de la historia. Se trata entonces de abrir el blogaraje y dejar salir la imaginación con el placer que produce ver estas hermosas piezas en acción, que nos roban suspiros y nos producen un constante hormigueo que solo los aficionados a los carros entendemos, compartimos y acolitamos (como mi tio el cura). Bienvenidos, súban, abròchense y disfruten el viaje.

1 comment

  1. Gloria   •  

    Qué bonita historia!! Muy bien escrita y documentada con las fotos de los protagonistas.

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