MyKey: Para soltarle con tranquilidad el carro al niño

Ford está introduciendo en sus vehículos el sistema MyKey, una tecnología diseñada para ayudar a que los adultos alienten a los conductores adolescentes a adquirir hábitos de seguridad durante la conducción, al tiempo que obtienen un consumo de combustible más eficiente.

Gracias a este dispositivo, los propietarios pueden programar ciertos parámetros en el computador del vehículo para que éste modifique su desempeño cuando se ponga en marcha con la llave secundaria o de repuesto, que es la que se le dejaría al muchacho. De esta forma, se puede limitar la velocidad máxima, restringir el volumen del equipo de audio al 44% de su capacidad e impedir la desactivación de ayudas como el control electrónico de tracción y el asistente de parqueo.

El sistema MyKey, disponible en Colombia en los modelos Ford Escape y Ford Expedition, también incentiva el uso del cinturón de seguridad ya que bloquea el equipo de audio si éste no está abrochado, ofrece advertencias sonoras programables cada vez que se alcanza la velocidad límite (72, 88 y 105 km/h) y da aviso con mayor anticipación cuando el nivel de combustible es bajo (120 km de autonomía).

Según un reciente estudio de padres con conductores adolescentes en USA, adelantado para Ford por la firma Harris Interactive, el 75% de los consultados están a favor del limitador de velocidad, al 72% les gusta la función del recordatorio del cinturón de seguridad, y al 63% la del limitador de audio. Alrededor del 50% de aquellos que consideran la compra de un Ford con MyKey, también dijeron que permitirían a sus hijos utilizar el vehículo de la familia con más frecuencia.

Así mismo, el estudio concluye que a más de la mitad de los padres encuestados les preocupa que sus hijos adolescentes estén conduciendo a velocidades peligrosas, hablando por teléfono celular de forma manual o enviando mensajes de texto. Y a más de un tercio de ellos, también les preocupa que sus hijos no siempre abrochen el cinturón de seguridad cuando manejen.

Según la National Highway Traffic Safety Administration (NHTSA), los adolescentes son más propensos a tomar riesgos como el exceso de velocidad, factor que causa el 30% de todos los accidentes fatales y también son menos propensos a usar el cinturón de seguridad que los conductores mayores.

El uso de MyKey para habituar a los adolescentes a evitar el exceso de velocidad, puede proporcionar un beneficio adicional: la economía de combustible. Una investigación de Ford demostró que conducir a 88 km/h en vez de 105 km/h, consume un 15% menos de combustible y el dominio de otros eco-hábitos de conducción, tales como evitar los arranques violentos y el calentamiento excesivo, puede contribuir a mejorar la economía de combustible en más del 50%.

Subir y arrancar Trato de hacer memoria y acordarme del primer momento en que un carro me llamó la atención más de lo normal y siempre me remito a unas viejas fotos de mi primer cumpleaños. Allí aparezco al lado de un flamante Ford Galaxie 500 adscrito al cuerpo de bomberos de alguna ciudad norteamericana. Posteriormente, mis padres continuaron regalándome autos en mis cumpleaños. Conservo también una fotografía con un pastel hermosamente decorado y un VW Beetle rojo que yo miraba con asombro. Vinieron luego los maravillosos Matchbox 1/64 y algunos coches de carreras que funcionaban con gasolina ¡de avión! Y que mis primos mayores gozaron a placer mientras el ruido ensordecedor que producían, me causaba genuino terror. Un tío fue quien acolitó (al fin y al cabo es sacerdote) mi primera “manejada” en su viejo Jeep Willys MB, con el que dábamos la vuelta a la manzana. El controlaba la pedalería y los cambios, mientras yo trataba de girar el pesado volante. Mis otros tíos me mantenían al tanto del mercado automotor, pues en los viajes y paseos me preguntaban por las marcas y modelos de todos los carros que veíamos, hasta que me los aprendí todos. De los “de verdad” recuerdo el Zastava 1500 amarillo de mi tío Aquiles, auto al que cariñosamente apodaban “el maracuyá” y que compraron el mismo año en el que nací. Cuando lo vendieron, casi no me cuentan pues temían mi tristeza al saberlo y pues, la verdad, no los defraudé. Llegó la época de las revistas, los catálogos, los libros y cuanta publicación sobre autos existiera. Pasaba tardes y noches devorándolas ansiosamente, aprendiéndome de memoria fichas técnicas, modelos, características y los datos más precisos de cada ejemplar. Eso sí de mecánica, nada. Me embiste un dulceabrigo y cualquier tornillo en un motor significa para mi, poco menos que magia negra Mi profesión de periodista me ha permitido experiencias inolvidables con los carros, dirigir algunos programas sobre el tema, cubrir las ferias, participar en encuentros, desfiles y ser testigo desde esta óptica del crecimiento y las contracciones del mercado, probar algunos modelos y conocer personajes que me han honrado con su invaluable amistad y sabiduría infinita. Con el advenimiento de internet y la televisión internacional, el aprendizaje se expandió a niveles insospechados. Ahora era posible explorar más allá y en tiempo real, lo que estaba sucediendo en el mercado automotor mundial. Participar en chats, foros y páginas se convirtió en la principal fuente de conocimiento y en un segundo aire para esta afición. Gracias entonces a la red mundial y a la magnífica herramienta que proporcionan los blogs, y, por supuesto, a la gentil complicidad del equipo de Medios Electrónicos de EL COLOMBIANO y su editor general, Fernando Quijano, que avaló esta propuesta, es que hoy puedo compartir con ustedes este rincón minúsculo del ciberespacio, en donde la idea es compartir experiencias y conocimientos, retroalimentarnos con las noticias que produce este dinámico sector, enterarnos de las novedades más recientes y, sobre todo, divertirnos con una pasión que va más allá de conducir y maravillarnos con el invento más sensacional de la historia. Se trata entonces de abrir el blogaraje y dejar salir la imaginación con el placer que produce ver estas hermosas piezas en acción, que nos roban suspiros y nos producen un constante hormigueo que solo los aficionados a los carros entendemos, compartimos y acolitamos (como mi tio el cura). Bienvenidos, súban, abròchense y disfruten el viaje.

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