Operación Wartburg capítulo 3: comenzó el desbarate

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Después de “desguazar” al donante que se consiguió en Bogotá, el tercer paso en este proceso de restauración del Wartburg 311 de 1962 que se está llevando en “El Purgatorio”, es el de desmontar pieza por pieza el modelo que se va a restaurar, para auscultar, centímetro a centímetro, qué tiene y qué hace falta para dejarlo como el primer día.

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Este es tal vez el más dispendioso segmento de este proceso, pues hay que echar mano de toda la herramienta disponible para bajar tornillo por tornillo y remache por remache. Hay que hacerlo con cuidado para no dañar lo que está bueno y no perder piezas pequeñas.

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Lo primero que se “baja” es el motor y a este se le quitan las piezas para mirar su estado, pues muchos restauradores afirman que un carro debe quedar “primero bueno, después bonito”, pues nada se ganan con tener una belleza que no se pueda mover, así que el bloque, cigueñal, cilindros, pistones, casquetes, carburador, bombas y demás aditamentos se examinan y se comparan con el estado de las piezas del donante, para saber que se puede trasplantar, que se salva y definitivamente que hay que rastrear por el país o por otras partes del mundo para completar el motor original de dos tiempos.

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Y ya que comenzó el desmonte de piezas metálicas, es bueno mirar como está la pintura, que tan sano está el acero y que se deberá pintar o cambiar de la estructura, pero eso será más adelante, casi en la parte final del proceso.

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Subir y arrancar Trato de hacer memoria y acordarme del primer momento en que un carro me llamó la atención más de lo normal y siempre me remito a unas viejas fotos de mi primer cumpleaños. Allí aparezco al lado de un flamante Ford Galaxie 500 adscrito al cuerpo de bomberos de alguna ciudad norteamericana. Posteriormente, mis padres continuaron regalándome autos en mis cumpleaños. Conservo también una fotografía con un pastel hermosamente decorado y un VW Beetle rojo que yo miraba con asombro. Vinieron luego los maravillosos Matchbox 1/64 y algunos coches de carreras que funcionaban con gasolina ¡de avión! Y que mis primos mayores gozaron a placer mientras el ruido ensordecedor que producían, me causaba genuino terror. Un tío fue quien acolitó (al fin y al cabo es sacerdote) mi primera “manejada” en su viejo Jeep Willys MB, con el que dábamos la vuelta a la manzana. El controlaba la pedalería y los cambios, mientras yo trataba de girar el pesado volante. Mis otros tíos me mantenían al tanto del mercado automotor, pues en los viajes y paseos me preguntaban por las marcas y modelos de todos los carros que veíamos, hasta que me los aprendí todos. De los “de verdad” recuerdo el Zastava 1500 amarillo de mi tío Aquiles, auto al que cariñosamente apodaban “el maracuyá” y que compraron el mismo año en el que nací. Cuando lo vendieron, casi no me cuentan pues temían mi tristeza al saberlo y pues, la verdad, no los defraudé. Llegó la época de las revistas, los catálogos, los libros y cuanta publicación sobre autos existiera. Pasaba tardes y noches devorándolas ansiosamente, aprendiéndome de memoria fichas técnicas, modelos, características y los datos más precisos de cada ejemplar. Eso sí de mecánica, nada. Me embiste un dulceabrigo y cualquier tornillo en un motor significa para mi, poco menos que magia negra Mi profesión de periodista me ha permitido experiencias inolvidables con los carros, dirigir algunos programas sobre el tema, cubrir las ferias, participar en encuentros, desfiles y ser testigo desde esta óptica del crecimiento y las contracciones del mercado, probar algunos modelos y conocer personajes que me han honrado con su invaluable amistad y sabiduría infinita. Con el advenimiento de internet y la televisión internacional, el aprendizaje se expandió a niveles insospechados. Ahora era posible explorar más allá y en tiempo real, lo que estaba sucediendo en el mercado automotor mundial. Participar en chats, foros y páginas se convirtió en la principal fuente de conocimiento y en un segundo aire para esta afición. Gracias entonces a la red mundial y a la magnífica herramienta que proporcionan los blogs, y, por supuesto, a la gentil complicidad del equipo de Medios Electrónicos de EL COLOMBIANO y su editor general, Fernando Quijano, que avaló esta propuesta, es que hoy puedo compartir con ustedes este rincón minúsculo del ciberespacio, en donde la idea es compartir experiencias y conocimientos, retroalimentarnos con las noticias que produce este dinámico sector, enterarnos de las novedades más recientes y, sobre todo, divertirnos con una pasión que va más allá de conducir y maravillarnos con el invento más sensacional de la historia. Se trata entonces de abrir el blogaraje y dejar salir la imaginación con el placer que produce ver estas hermosas piezas en acción, que nos roban suspiros y nos producen un constante hormigueo que solo los aficionados a los carros entendemos, compartimos y acolitamos (como mi tio el cura). Bienvenidos, súban, abròchense y disfruten el viaje.

1 comment

  1. Olaf Heineken   •  

    Hallo,

    genau wie wie uns…

    Macht weiter so!

    Ciao Olaf

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