Prueba Mini Cooper Pepper: !Qué pequeña es la ciudad!

Cuando uno se sube y prueba durante 24 horas un carro como el Mini Cooper, se da cuenta de lo caótico que es el tráfico citadino, de cuántas motos salen de todas partes, de cuántos taxis hay interrumpiendo la movilidad, de los buses que “zigzaguean” sin control , en general, de lo lento y dispendioso que resulta movilizarse por la urbe.

Nuestro Mini de pruebas, en acabado “Pepper” y un llamativo color rojo chili,  sólo quiere divertirse, moverse libremente, buscar espacios y demostrar todo su potencial. Pero las condiciones son frustrantes, los 120 caballos que tenemos bajo el capó tendrán que comportarse muy “señoritos“, al menos durante el día.

Lo bueno de ir despacio, deslizándonos por las atestadas calles, es comprobar que este no es un carro para tímidos o acomplejados. Es un carro para que te miren y te admiren. Es un carro que compran muchos solteros y que luego de un tiempo con él, tal vez tengan que dejar esa condición, gracias al inocultable magnetismo que irradia su magistral diseño.

El Mini carga una gloriosa historia desde 1959, cuando el genio de BMC, Alec Issigonis, se inventó una manera de motorizar a la Gran Bretaña con un modelo barato, modular, con buenas prestaciones y económico, a través de ingeniosas soluciones extrapoladas al ejemplar que hoy nos ocupa, una retro evolución del original, que ha suscitado comentarios y pasiones desde que en 2001 BMW, actual propietario de la marca Mini, decidió darle un segundo aire a este mítico nombre.

Desde que nos acomodamos en la silla deportiva, que se puede graduar en altura, comienzan las sorpresas. Al cerrar la puerta el vidrio baja unos milímetros, al estilo cabriolet, tal es el hermetismo que se vive al interior del Mini. Nos encontramos de frente con un tablero con el más puro sabor retro, con un gran medidor de velocidad al centro estilo pesa-de-tienda, que aloja también el medidor de combustible en forma de hojas de margarita que se van apagando, el indicador digital del radio y algunos testigos de control. Delante del timón (forrado en cuero y con posibilidad de graduación en altura y profundidad) hay un tacómetro con un pequeño computador que mide consumos instantáneos, promedios de velocidad y autonomía del tanque de gasolina. La consola central aloja los mandos (también muy retro) del radio CD, perillas de audio, la climatización (manual, con un aire acondicionado capaz congelar a un pingüino), mandos de vidrios eléctricos (one touch), seguros y desempañador trasero, dos portavasos y finalmente una barra de cambios con 6 velocidades de excelente tacto por su tamaño reducido y la sensación de firmeza que produce el acero cromado que la rodea.

El pasajero tiene dos gavetas portadocumentos de excelente tamaño donde cabe de todo y parasol con espejo iluminado (también para conductor). El espejo retrovisor y los laterales eléctricos son enormes, se ve perfectamente lo que sucede tras el Mini, por contra, el central ocupa demasiado espacio para mirar adelante y a veces se hace incómodo estar atento al cambio de semáforo, por ejemplo.

Al abrocharse los cinturones hay otra pega y es que estos se enredan con facilidad en las sillas y se hace difícil encontrar la hebilla en algunas ocasiones. Abrazados por el asiento, introducimos la curiosa llave circular (que guarda una especie de curriculum vitae del carro para mantenimientos) en una ranura especial, después de un corto check control embragamos a fondo y oprimimos el botón start/stop en el tablero y de inmediato el Mini despierta con un agradable sonido y se muestra listo para la acción. Las relaciones de cambios son absolutamente cortas y con solo un pequeño movimiento de la palanca se van deslizando las seis velocidades (siempre y cuando haya espacio para desarrollarlas). La dirección es sumamente suave y su precisión milimétrica, donde se pone el ojo, se pone la trompa del carro. Las ruedas (rin 15) suenan bastante al pisar el asfalto, algo que puede resultar molesto después de un tiempo de rodaje.

Hay detalles de fina coquetería en el Mini que lo hacen único, como unas lucecitas en el techo, en las manijas de puertas y en los airbags, que van cambiando la tonalidad de azul a lila o rosa, a gusto del conductor, algo tan inútil como encantador.

Una de las preocupaciones al rodar en este carro es la altura sobre el piso…jamás tuvimos problema con ella, eso si, tampoco abusamos de sus capacidades. Al pasar un resalto y arrancar en segunda, se nota un poco de fatiga a bajas revoluciones, algo típico de los multivalvulares de 4 cilindros, que despiertan al llegar a las 3 mil rpm. Por debajo de ese rango, es mejor acudir a la primera velocidad para salidas más contundentes.

Como “no hubo forma” con el tráfico de la ciudad, nos fuimos de paseo y como para salir de Medellín hay que subir necesariamente, al tomar la vía Las Palmas sentimos el primer llamado de la caballería, el Mini demostró por qué tiene la esencia intacta que le dio gloria en los rallyes, sube como un tren en tercera velocidad y cada vez se van viendo más borrosos y lejanos los autos que nos preceden y anteceden. Ya con vía abierta, le vimos los 140 km/h en cuarta velocidad y aun quedaban dos más por explorar. Pero una llamada desde la tierra nos puso nuevamente en zona urbana:.

-“Hola”, dice la voz al otro lado de la línea, “recuerda que hay que ir a mercar.”

-“¿ir a mercar?, ¿en un Mini?…”. Bueno, vamos a ver que hay tras los asientos.

Al salir del mercado, hay unas 10 bolsas. El empacador mira el espacio disponible y dice:

-“Hay algunas que tendrán que ir adelante”

-“Intente acomodarlas jugando un poco de Tetris,” le contestamos

-Al final, las 10 bolsas están perfectamente acomodadas en los 160 litros del baúl del Pepper. No hubo que doblar asientos, no hubo que llevar equipaje “bailando” en la cabina.

Al final de un día de lucha contra el tráfico paquidérmico de la ciudad, nos movimos con múltiples pasajeros que nunca se fatigaron, (eso si, no más de 4 por viaje). Aprovechamos luego la caída de la tarde y tomamos fuerzas (y disfrutamos un poco del mercado aquel, claro). Son ya las 10 y 30 p.m. y nos tomamos por asalto la Autopista Sur, carril rápido. En 30 segundos el Mini se ha gastado la caja completa y el marcador de velocidad (el que parece una pesa de almacén), pasa más allá de la mitad, anuncia 185 km/h y el pequeño coupé ni siquiera muestra asomos de ahogamiento, el tacómetro va sobre las 5 mil RPM, le faltan aun mil para expresar su máxima potencia. Las ruedas se agarran al piso, la suspensión, algo seca pero tampoco al nivel del “descadere”, hace perfectamente su trabajo, no hay ruidos excepto el ya mencionado del rozamiento de las llantas… nos faltó vía disponible, nos sobró carro.

Aprovechamos para probar los frenos y no hay indicios, ni de fatiga, ni de inestabilidad, el Mini frena donde le digan y no hay resbalones parásitos, ni sustos innecesarios. Después de jugar “a solas” y a placer con este aparato, es hora de dormir, mañana será el triste día de la despedida.

Este Mini Cooper “Pepper”, en resumidas cuentas, es ahora uno de los juguetes más “chic” del mercado nacional. Tiene un precio de 63.9 millones de pesos al cambio del día, 1600 c.c. con 120 caballos a 6 mil rpm que lo hacen comportar como si fuera un 2 litros, un consumo promedio de 36 km/gal. La seguridad es superlativa con 6 airbags, frenos ABS, con repartidor electrónico de frenado, control de tracción (para arrancadas en pendientes es una ayuda inestimable), suspensión “semi-dura” que lo mantiene pegado al peso en toda circunstancia y una cantidad de amenidades y “cositas” (por no decir otra palabreja) varias que lo hacen muy especial. Además, con todo ese sabor retro que mantiene vivo el mito desde hace 50 años. Por eso es un capricho que tantos se dan en el mundo hoy en día, ya no como medio de transporte económico, sino como una forma divertida de vivir el automóvil a diario en tráficos que a bordo de su cabina de estuche, mágicamente se vuelven paquidérmicos cuando se oprime su acelerador, algo que para pies como el nuestro, resultó imposible de evitar hasta el mismo momento de dejarlo nuevamente en la vitrina con 150 kms. mas, en su corta hoja de vida. Nos vamos a buscar nuevas emociones, con el último recuerdo de ese particular sonido como de turbina apagándose cuando cortamos el encendido y devolvemos aquella llave circular, que cada vez que hace contacto, se convierte en un pasaporte a la alegría.

Subir y arrancar Trato de hacer memoria y acordarme del primer momento en que un carro me llamó la atención más de lo normal y siempre me remito a unas viejas fotos de mi primer cumpleaños. Allí aparezco al lado de un flamante Ford Galaxie 500 adscrito al cuerpo de bomberos de alguna ciudad norteamericana. Posteriormente, mis padres continuaron regalándome autos en mis cumpleaños. Conservo también una fotografía con un pastel hermosamente decorado y un VW Beetle rojo que yo miraba con asombro. Vinieron luego los maravillosos Matchbox 1/64 y algunos coches de carreras que funcionaban con gasolina ¡de avión! Y que mis primos mayores gozaron a placer mientras el ruido ensordecedor que producían, me causaba genuino terror. Un tío fue quien acolitó (al fin y al cabo es sacerdote) mi primera “manejada” en su viejo Jeep Willys MB, con el que dábamos la vuelta a la manzana. El controlaba la pedalería y los cambios, mientras yo trataba de girar el pesado volante. Mis otros tíos me mantenían al tanto del mercado automotor, pues en los viajes y paseos me preguntaban por las marcas y modelos de todos los carros que veíamos, hasta que me los aprendí todos. De los “de verdad” recuerdo el Zastava 1500 amarillo de mi tío Aquiles, auto al que cariñosamente apodaban “el maracuyá” y que compraron el mismo año en el que nací. Cuando lo vendieron, casi no me cuentan pues temían mi tristeza al saberlo y pues, la verdad, no los defraudé. Llegó la época de las revistas, los catálogos, los libros y cuanta publicación sobre autos existiera. Pasaba tardes y noches devorándolas ansiosamente, aprendiéndome de memoria fichas técnicas, modelos, características y los datos más precisos de cada ejemplar. Eso sí de mecánica, nada. Me embiste un dulceabrigo y cualquier tornillo en un motor significa para mi, poco menos que magia negra Mi profesión de periodista me ha permitido experiencias inolvidables con los carros, dirigir algunos programas sobre el tema, cubrir las ferias, participar en encuentros, desfiles y ser testigo desde esta óptica del crecimiento y las contracciones del mercado, probar algunos modelos y conocer personajes que me han honrado con su invaluable amistad y sabiduría infinita. Con el advenimiento de internet y la televisión internacional, el aprendizaje se expandió a niveles insospechados. Ahora era posible explorar más allá y en tiempo real, lo que estaba sucediendo en el mercado automotor mundial. Participar en chats, foros y páginas se convirtió en la principal fuente de conocimiento y en un segundo aire para esta afición. Gracias entonces a la red mundial y a la magnífica herramienta que proporcionan los blogs, y, por supuesto, a la gentil complicidad del equipo de Medios Electrónicos de EL COLOMBIANO y su editor general, Fernando Quijano, que avaló esta propuesta, es que hoy puedo compartir con ustedes este rincón minúsculo del ciberespacio, en donde la idea es compartir experiencias y conocimientos, retroalimentarnos con las noticias que produce este dinámico sector, enterarnos de las novedades más recientes y, sobre todo, divertirnos con una pasión que va más allá de conducir y maravillarnos con el invento más sensacional de la historia. Se trata entonces de abrir el blogaraje y dejar salir la imaginación con el placer que produce ver estas hermosas piezas en acción, que nos roban suspiros y nos producen un constante hormigueo que solo los aficionados a los carros entendemos, compartimos y acolitamos (como mi tio el cura). Bienvenidos, súban, abròchense y disfruten el viaje.

21 comments

  1. ANDRES ESCOBAR   •  

    MUY BUENA CRONICA, ES UN MINI.

  2. jorgec   •  

    huyy que rico un carro de éstos , me babeo por un mini ( ya tuve un mini cord , un modelo 95 versión especial con culata de cooper , solo se fabricaron 24) eso si es un carroooooo ,lo vendí por pendejo y ahora lo extraño mas que a mi esposa
    jajjajja

  3. PP   •  

    Excelente prueba, Juan. Me dejaste con ganas de manejar uno.

  4. Azulitoclaro   •  

    Por lo visto, no es tan mini como parece.
    :)
    ¡Qué delicia estar probando carritos!
    Gracias por la crónica y el reporte.

  5. juanp   •  

    El mini es un carro de sensaciones inolvidables. Desde los tradicionales hasta los más recientes, son carros con adrenalida pura, con inspiración y garra para tomart las calles por su propia cuenta. En esta prueba de manejo, que como acompañante pude disfrutar por unos minutos, no le quedo faltando sino una bandera a cuadros en alguna esquina. Es un carro sensacional, muy agradable y pese a sus limitantes de carro pequeño y no familiar, es una máquina que le dará a su feliz propietario muchos momentos de satisfacción.

  6. GloriaE.   •  

    Yo lo probé!!! Es lo máximo!!! El carro es divino, totalmente fashionista… corre lo que uno quiera… es un carro genial.
    Buena reseña, Blogaraje!!

  7. johanna   •  

    me encanta estos auto son re pero re lindos

  8. Sergio   •  

    Estimado Juan : desearía tú opinión sobre el comportamiento de las llantas runflat que acompañan al Mini, según opinión de algunos estas llantas no son apropiadas para las calles de Cali, y al parecer no existen muchas remontadoras que trabajen bien este tipo de llantas, ¿que posibilidades hay de cambio a las llantas convencionales?.
    Por otro lado quisiera una comparación del Mini Cooper Pepper con el Audi A1

  9. Blogaraje Blogaraje   •     Autor

    Sergio, en efecto las llantas Run flat requieren cierto cuidado, pero tampoco son imposibles de manejar en nuestras calles. Por supuesto que puedes pedir tu Mini con ruedas convencionales.

  10. martha   •  

    en el consumo quizo decir 56 km/galón en ciudad. esto lo he comprobado!!!!

  11. omar bassolino   •  

    me termino de comprar uno 2010 y ya lo viaje, la verdad es todo lo que se habla del mini. me gusto mucho y espero que todo el que le guste lo pueda tener.- un abrazo desde mendoza, argentina.-

  12. soledad perlaza banguero   •  

    Buenos dias,

    Deseo saber cual es el valor comercial del vehículo.

    gracias por la información que me puedan suministrar.

  13. Blogaraje Blogaraje   •     Autor

    Hola Soledad, gracias por escribirnos. El valor comercial del Mini Cooper Pepper es en la actualidad de 63.9 millones de pesos

  14. Felipe Vanegas   •  

    Entre mas leo este reportaje mas ganas me da de tener uno, ojala algún día se pueda!!

    Que buena reseña! Felicitaciones!

  15. pablo   •  

    Estimado Juan, me ha gustado mucho este reportaje. Suelo modelar cosas en el ordenador con un software 3D y ahora mismo estaba haciendo un mini descapotable. Te resultará rara la pregunta pero… ¿no tendrás algunas fotos más del espejo retrovisor central en primer plano, por su parte trasera? especialmente cómo va adherido al parabrisas, y también de la estructura que hay justo encima que creo que son los interruptores de las luces… Tengo poca referencias visuales y me está costando bastante modelarlo…
    Bueno si no teneis, no te preocupes, el reportaje está genial y las fotos del mismo son muy buenas…
    un saludo

  16. ABELARDO JIMENEZ ORTIZ   •  

    EN COLOMBIA, CUAL ES EL PRECIO AL CAMBIO. UN VEHICULO NUEVO DONDE LO PUEDO COMPRAR.

  17. Pingback: Blogaraje » Archivo Blog » De MINIS, un paseo y un bicho diferente

  18. Alejandro   •  

    Hola todos! quisiera saber ustedes que opinan de la altura del mini, teniendo en cuenta el estado de las calles bogotanas … que tal les ha parecido el vehículo en este aspecto ?

  19. Sergio restrepo   •  

    Uno se enamora de el

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