Prueba Suzuki Grand Vitara: La Geisha

Según la tradición japonesa, una Geisha es la artista especializada en entretener privadamente a un grupo de personas en reuniones que suelen hacerse en ese país. Pues ustedes, amables lectores, podrán concluir que nuestra experiencia con la Suzuki Grand Vitara a lo largo de un viaje de 2.105 kms. por diferentes zonas de la geografía nacional, fue bastante entretenida a bordo de este producto nipón. Los invitamos a leer nuestra bitácora por tierras de Antioquia, Santander, Boyacá, Tolima, Caldas y Cundinamarca durante 8 días, conduciendo un promedio de 263 kms. diarios.

Autozen, concesionario Suzuki de Medellín y propiedad del Grupo Casa Británica, nos facilitó para este viaje una Grand Vitara 2014 GLX Sport de 5 puertas con transmisión automática de 4 velocidades. Tenía 1.556 kms. al inicio de esta travesía, que llamamos #AventuraSuzuki en nuestras redes sociales.

La Suzuki Grand Vitara es una SUV mediana de 4,30 metros de largo con el motor J24B de 4 cilindros, 2.4 litros, 163 caballos y 225 Nm de torque. Este propulsor remplaza a los antiguos V6 de 2.5 y 2.7 litros que se comercializaban anteriormente cuando la Gran Vitara, que siempre ha sido Suzuki, era vendida por la red de General Motors en Colombia desde 2001 gracias a la participación accionaria que tenía la compañía norteamericana en la división de automóviles del fabricante japonés. Como particularidad especial, es la única camioneta en su segmento que tiene la posibilidad de conectar la tracción total con bajo mediante una perilla en la consola central. La suspensión es independiente en las cuatro ruedas, tiene igual número de discos de freno y la carrocería es monocasco.

Para 2014, la camioneta presenta algunos cambios en el frontal, con parrilla y luces oscurecidas y con un diseño nuevo en el paragolpes. Los rines también son de reciente dibujo. El resto de la carrocería, tanto interior como exteriormente permanecen inalterados. La unidad de prueba que nos correspondió tenía asientos en cuero, comodidad disponible solo bajo pedido.

Primera etapa: Medellín-Bucaramanga. (410 kms)


Los 400 litros que puede acomodar el baúl de la Gran Vitara fueron suficientes para instalar nuestro equipaje. En Autozen nos entregaron la camioneta con el tanque lleno y partimos con rumbo a Bucaramanga con el odómetro en cero. La salida es por el norte utilizando la doble calzada Bello-Hatillo, que ya tiene obras terminadas hasta Barbosa, lo cual facilita la rapidez del viaje por esta vía, por lo menos hasta el municipio donde termina el Valle de Aburra.


Por vías de doble calzada el comportamiento de la Grand Vitara es neutro y muy apacible. Corre bien y la suspensión independiente, enfocada al confort en carretera, trata muy bien a los ocupantes. Entre Barbosa y Cisneros encontramos vías estrechas, en regular estado y con un pronunciado ascenso entre el corregimiento de Porce y las goteras de Cisneros. La caja se comporta de manera adecuada sin perder empuje. Entre segunda y tercera velocidad no hay grandes saltos ni cambios bruscos, como suele suceder con las cajas de 4 relaciones, solo al efectuar adelantos en situaciones que implican algún compromisoes necesario hacer el kick down y bajar el cambio a segunda para utilizar todo el torque disponible.

Entre Cisneros y Puerto Berrio, cuando se deja el Nordeste antioqueño y se ingresa al Magdalena Medio, la carretera es más benévola pues tiene un descenso suave hasta el nivel del mar, la vía es más amplia y está muy bien asfaltada.

El paso sobre el rio Magdalena es algo congestionado dada la estrechez del puente monumental, habilitado casi que en un solo carril y el ingreso al departamento de Santander en Obando es medio caótico porque la vía no está en las mejores condiciones.Una vez se alcanza la troncal del Magdalena hacia el norte volvemos a sentirnos a gusto por la calidad de la vía, que ya está reparchada, tiene buenas dimensiones y es muy recta.

Paso por el puente monumental sobre el río Magdalena, Puerto Berrío

A Bucaramanga nuevamente hay que enfrentar un ascenso prolongado de 0 a 1.200 msnm y algo estrecho, con intenso tráfico y algunos tramos en reparación. La Grand Vitara se comportó a la altura y aquí reporta un consumo medio de 34 km/gal durante los 410.2 kms recorridos en los que se consume todo el tanque de la camioneta.

Peajes en este via: Niquía, km.16: $2.100; Trapiche, Km.28.9 $7.900; Cisneros, Km.99.5 $6.700; Puerto Berrío, Km.191 $6.700; Aguas Negras, Km.256 $6.700; Rio Sogamoso, Km.342 $6.700; Girón, Km.395 $5.800.

Segunda jornada: Bucaramanga-Mesa de Los Santos-San Gil-Pinchote-Barichara (220 kms)

Mirador de La Mesa de Los Santos

Vía Floridablanca-Piedecuesta transitamos con el tanque lleno una de las vías más bellas de la geografía nacional: Bucaramanga-Bogotá transitando el Cañón del Rio Chicamocha con un ligero desvío por La Mesa de Los Santos, una región que aloja el Parque Nacional Chicamocha con una visual tremenda sobre este espectáculo de la naturaleza, una de nuestras maravillas nacionales. Por eso el kilometraje final hasta Barichara se verá afectado en unos 30 kms.

Cañón del río Chicamocha

El ascenso es fuerte, duro, revirado y exigente hasta el Alto de Chiflas, donde enfrentamos el descenso hasta San Gil. La Grand Vitara sube sin problemas en tercera velocidad aprovechando el torque. Manualmente “trabamos” la palanca en segunda marcha para realizar los sobrepasos en las pocas opciones en donde no encontramos doble línea amarilla. En esta vía se observa presencia policial en la salida de Bucaramanga y en el transitado sector de Pescadero. No nos cansamos de acentuar que el espectáculo visual cuando comienza el ascenso es digno de observar detenidamente. Tómense su tiempo para sobrecogerse con lo que observan los ojos.

Hotel Hacienda Santa Bárbara - Pinchote.

Y, precisamente, a unas 2 horas y media de camino, nuestros ojos se maravillan con la zona de San Gil, el Parque Del Gallineral, el encantador pueblito de Pinchote (donde encontramos un excelente y económico alojamiento campestre) y la joya de la corona santandereana, Barichara.

Templo de Santa Bárbara - Barichara

Barichara (Lugar de descanso en dialecto Guane) es un poblado detenido en el siglo 18. Todo en él evoca la época colonial con la particularidad de que sus construcciones tienen el tono amarillo-terracota del barro cocido. Por eso a sus habitantes se les llama cariñosamente “patiamarillos”. Barichara es refugio actual de artistas, intelectuales, novios, recién casados en luna de miel y comerciantes de artesanías y telas. No está enfocado a la rumba fuerte y su halo histórico-religioso envuelve mágicamente al visitante. Barichara es una experiencia única en el turismo nacional por su tranquilidad y la particular belleza de sus construcciones y sus calles empedradas, patrimonio cultural de la nación.
Peajes en la vía: Mesa de los Santos (opcional si se visita este lugar) $10.400; Los Curos $6.500. Consumo medio de la Grand Vitara: 33 kms/gal.

Tercera jornada: Barichara – Villa de Leyva (170 kms)

Frontera entre Santander y Boyacá, vía Moniquirá

Emprendemos este tercer día con poco menos de medio tanque de combustible en nuestra Grand Vitara 2.4 A/T. por la vía Bucaramanga – Bogotá. El viaje es tranquilo y con un paisaje muy verde. Pasamos por históricas poblaciones como Galán, El Socorro, Barbosa y Vélez, cunas de la insurrección comunera de 1781 y tierra del famosísimo bocadillo veleño, un dulce de guayaba que hace más llevadera nuestra travesía al detenernos en algunos de sus múltiples puntos de venta y mezclarlo con un delicioso queso o una variedad de postres en capacidad de saciar cualquier gusto.

En Oiba, dejamos a Santander e ingresamos a nuestra cita con la historia en Boyacá, vía Moniquirá y Arcabuco. Aquí dejamos la carretera que lleva a Bogotá y nos integramos al paisaje boyacense. “El altar de la patria” como ha sido llamado acertadamente por su peso histórico en el devenir nacional.


Debemos decir que la vía de ingreso y hasta Villa de Leyva nos deja algunos sinsabores porque en ciertos puntos está bastante rota y polvorienta. Situación que aprovechamos para comprobar la efectividad de la suspensión independiente de la camioneta, que supera sin dificultad los desniveles y cambios de terreno en la vía. La caja no tiene mayor trabajo y entre tercera y cuarta nos lleva a placer. En descensos prolongados, hacemos uso de la segunda en modo manual para no causar un esfuerzo extra a los frenos.


Después de pasar poblaciones como Moniquirá, Arcabuco, Gachantivá, y Sutamarchán (famosa por tener “La mejor longaniza del mundo”), llegamos a las inmediaciones de Villa de Leyva, cuyo paisaje es bien particular porque es una mezcla entre desierto, páramo y verde. Recordemos que aquí hubo un mar hace millones de años que al retirarse dejó un territorio marcado por numerosos vestigios de su presencia a través de fósiles de la época. Además y durante el periodo de apogeo de la Villa, diversos cultivos indiscriminados secaron la tierra contribuyendo al paisaje árido de los alrededores, el cual y gracias al buen clima que nos acompañó, se presta para hermosas fotografías con la Grand Vitara como protagonista.

Al final del recorrido, se enciende el testigo de la reserva de combustible justo cuando llegamos a Villa de Leyva. El odómetro marca 170 kms. y un consumo promedio es de 37 kms/gal.

Peajes en esta via: Curití $6.500, Oiba $6.500, Arcabuco $6.500

Cuarta jornada: Villa de Leyva-Sutamarchán-Tinjacá-Raquira-Villa de Leyva (40 kms.)

Parque principal de Ráquira

El último día de 2013 nos dedicamos al turismo, con un recorrido tranquilo hacia Ráquira por vías planas y bien pavimentadas en términos generales (digamos que hay un 10% en reparación siendo benévolos). Ráquira (“ciudad de las ollas” en lengua muisca) está considerada la capital artesanal de Colombia y está a unos 20 kms. de Villa de Leyva. Tiene por lo menos 5 cuadras a la redonda de su parque dedicadas a albergar locales de todo tipo de productos elaborados a mano. Es tanta la oferta que a veces empalaga la abundancia. Arcilla, tejidos de sacos, canastos, vestidos, hamacas, alfarería, olleros tradicionales, artículos de cocina, adornos de todo tipo y tamaño y una variedad de productos fruto del talento de nuestros artistas enmarcan el pintoresco aspecto de la población, volcada casi en su totalidad a este menester.

Si va con la familia, es bueno llevar buenas reservas económicas y espacio suficiente para el acomodo de la mercancía adquirida porque es difícil no sucumbir a la tentación de tanto arte para adornar el hogar. Afortunadamente la capacidad de almacenamiento de la Geisha fue más que justo para nuestros antojos. Eso sí, envuelva bien lo que compre pues ya dijimos que algunas carreteras no están en muy buenas condiciones y podría estropearse la delicada carga.

Parque de Tinjacá

Posteriormente visitamos Tinjacá, que se autopromociona como “El mejor clima del mundo” y de verdad que la temperatura es bien agradable allí, muy fresca. Es un pueblo tranquilo, apacible y con gente muy amable, como lo hemos visto a lo largo de nuestro recorrido.

Regresamos a nuestra sede en Villa de Leyva para captar algunas panorámicas con nuestra Geisha como protagonista y prepararnos para las celebraciones propias de fin de año en la inmensa plaza de este municipio (la más grande del país con 1,4 hectáreas), un espectáculo de gran colorido con los mejores polvoreros del país, en un ambiente sin los aspavientos de la rumba tradicional que se conoce por nuestra tierra.

Celebración de año nuevo - Parque principal Villa de Leyva

Consumo: Estable en 37 kms/Gal.

Quinta jornada: Parques y museos aledaños a Villa de Leyva. (52 kms.)

Afueras de Villa de Leyva . Primer día de 2014

El primer día de 2014 comienza tarde. Nuestra Geisha se halla sumida en un merecido reposo y decidimos conocer después de medio día algunos puntos turísticos como el Parque 1.900, en las afueras del municipio, por un buen trecho de carretera sin pavimentar pero en condiciones para cualquier automóvil.

Oldsmobile Curved Dash 1903 - Parque 1.900 Villa de Leyva

Este evocador lugar es el sueño de un aficionado y visionario bogotano llamado Leonardo Callegari (qepd) quien logró construir un parque temático dedicado a los inicios del automóvil. Allí se exhiben vehículos construidos por Leonardo, como un Oldsmobile Curved Dash de 1903, un Buick Touring de 1908, un ejemplar del Ford T de 1927 y algunos camiones y modelos de los años 20 y 30.

Ford T Speedster 1915 . Parque 1.900 Villa de Leyva

También es posible encontrar numerosa memorabilia, dioramas con movimiento y en tamaño natural que recrean el proceso industrial de la fabricación de un automóvil a comienzos del siglo 20 y varios puestos de comidas y bebidas. El parque 1.900 es un sitio bonito, construido con amor y sentido del desprendimiento. Vale la pena conocerlo.


A unos 10 kms. se encuentra el Museo El Fósil, donde descansan desde hace unos 115 millones de años los restos completos de un bicho al que denominaron Kronosaurio y que fue hallado allí hace 37 años. En ese lugar, y para no mover los restos del saurio marino, se construyó un completo museo que alberga también numerosos fósiles de crustáceos que dan cuenta de la existencia de un mar en la zona. La entrada al museo cuesta solo 2 mil pesos y hay un par de sitios donde comer y adquirir artesanías y mercancía alusiva al lugar.

La estación final del día tuvo lugar en el Monasterio del Ecce Homo, conocido con el bello apelativo de “Monumento Universal al Silencio” y que data de 1610. Allí viven los monjes dominicos hace 400 años y el lugar es un vestigio de la vida religiosa y monacal en 5 siglos (sin muchos cambios, la verdad). Es una invitación al recogimiento y la reflexión sin distingo de nuestros credos religiosos. Su bello patio central es un viaje en el pasado que nos recuerda la fortaleza espiritual del ser humano. La entrada cuesta 5 mil pesos y se llega por la vía Sutamarchán – Santa Sofía, en relativo buen estado.

Consumo: 38 km/gal.

Sexta jornada: Villa de Leyva-Tunja-Paipa-Pantano de Vargas-Puente de Boyacá-Tunja-Villa de Leyva: 190 kms.



Partimos hacia Tunja vía Sáchica, donde hay un peaje que cuesta $6.500. Son 40 kms. hasta la capital del departamento por una vía de diferentes alturas y con algunos tramos en reparación o simplemente deteriorados por el alto volumen de tráfico.

Panorámica de Tunja

Tunja es una ciudad intermedia en el ámbito nacional, donde todavía se puede conducir sin mayores problemas, a no ser que ingresemos a su casco histórico, donde las vías estrechas no están diseñadas para grandes tamaños. Afortunadamente las contenidas dimensiones de la Grand Vitara se mueven sin inconvenientes por estas callejuelas que nos permiten apreciar las construcciones que se conservan desde el siglo XVII.

Lago Sochagota - Paipa

Tomamos la doble calzada a Paipa vía Cómbita y en un santiamén, gracias a la calidad de la vía estamos en la población que es ampliamente conocida por sus termales, la infraestructura hotelera, el lago Sochagota y el sensacional monumento que se erige en el campo del Pantano de Vargas, donde el 25 de julio de 1819 ocurrió la penúltima de las grandes batallas de nuestra independencia. Allí, el escultor antioqueño Rodrigo Arenas Betancur esculpió las figuras de los 14 lanceros que decidieron la contienda en favor de las tropas criollas lideradas por el General Simón Bolívar. En el propio monumento y en un pequeño museo aledaño nos cuentan la historia, con lujo de detalles, un par de guías ataviados para la ocasión.

Monumento a los 14 lanceros en el Pantano de Vargas. Obra escultórica más grande del país.

Buscamos luego el campo del Puente de Boyacá transitando una de las autopistas más bellas y bien construidas de Colombia, la doble calzada Tunja-Bogotá. Una carretera que invita a conducir por sus dimensiones y calidades. Aquí la Geisha se siente muy a gusto demostrando sus dotes de viajera, con una marcha tranquila de crucero y nuevamente aprovechando las bondades de su suspensión independiente, nos lleva con la comodidad propia de un automóvil. Y es que no es una frase de cajón tan socorrida cuando se analizan estas SUV. Verdaderamente hay casos en los que la frontera de la calidad de marcha entre un sedan y un todocamino como nuestra Geisha ya es casi imposible de diferenciar.

Puente de Boyacá


El puente de Boyacá es un lugar bastante visitado por esta época. La belleza del escenario y la cantidad de opciones gastronómicas y de recreación así lo manifiestan. Los monumentos se conservan en muy buen estado pero sería bueno un poco más de solemnidad para respetar el sitio. Nos encontramos música tropical a volúmenes insostenibles, puestos de comida que no respetan la distancia con las esculturas y mucha gente haciendo piruetas en dichos símbolos. En ese lugar murió mucha gente por darnos la independencia y lo mínimo que se pide es un poco de respeto y silencio.

Campo de Boyacá

Consumo en el recorrido: 38 km/gal.

Séptima jornada: Villa de Leyva-Chiquinquirá-Ubaté-Zipaquirá-Bogotá: 202 kms.

Nuestra sede en Villa de Leyva. el Hotel Casa de Adobe

Dejamos nuestra acogedora sede en Villa de Leyva para tomar rumbo hacia Chiquinquirá, a 33 kms., donde visitamos la basílica edificada en honor a la virgen patrona de Colombia y consagrada por el propio Papa Juan Pablo II en 1986, cuando visitó el lugar que alberga la imagen que se venera con inmenso fervor.


Abandonamos Boyacá para adentrarnos en Cundinamarca por la laguna de Fúquene y disfrutar luego de las delicias lácteas de Ubaté, el paraíso para aquellos a quienes nos encantan todos los derivados de la leche.

Laguna de Fúquene.

Variedad de quesos, yogures, arequipe, en fin, todo “de fábrica” y con inmensa frescura. Antes de llegar a Bogotá, tenemos que repostar combustible allí en Ubaté. 457 kms. hicimos con este tanque  y el promedio estaba en 38 km/gal.

Catedral de Sal de Zipaquirá. Principal maravilla colombiana

Vamos ahora hacia Zipaquirá, en donde es imperativo ingresar a la Catedral de Sal. Uno de los monumentos nacionales más reconocidos e importantes del país. La catedral es una estructura casi única en el mundo (la otra catedral de sal está ubicada en Cracovia, Polonia), de una riqueza arquitectónica remarcable y recorrerla tarda unas dos horas. En su interior se encuentra una rica colección artística, especialmente de esculturas de sal y mármol en un ambiente lleno de un profundo sentido religioso. La entrada cuesta 23 mil pesos por persona.

Entramos a Bogotá por la autopista norte con sus vías de 3 carriles, incluso al interior de la ciudad por avenidas como la NQS, que dan cuenta de la extensión de la capital y la necesidad de tener vías de este calibre. La Grand Vitara registra 115.9 kilómetros en nuestro punto de llegada (desde Ubaté) por los alrededores del Estadio El Campín y un consumo bastante benévolo de 43 kms./galón.


Octava jornada: Bogotá (193 kms.)


Aprovechamos el fin de semana para hacer un recorrido por la inmensa capital y observar el comportamiento de la Geisha en modo urbano. Visitamos lugares emblemáticos como el centro de la ciudad con los edificios gubernamentales, el centro histórico de La Candelaria (donde se come un ajiaco delicioso), la Plaza de Bolívar (qué está muy desordenada e invadida), el Palacio de Nariño (tocamos para presentarle la Geisha al Presidente pero andaba de vacaciones en Cartagena), los centros comerciales, el parque de la 93 y la zona T con sus estupendos bares y restaurantes.

La Grand Vitara tuvo un comportamiento sin reproches pese a que algunas vías de la ciudad siguen presentando un lamentable estado con calles rotas, inundadas y con bastantes desniveles (“Bogotá es una ciudad para rin 15”, leí alguna vez por ahí) y aprovechando que el tráfico estaba en un nivel más bien bajo, el consumo no se vio tan afectado en su promedio y se mantuvo sobre los 39 kms / galón. Probamos su facilidad de conducción en el tráfico citadino, la altura sobre el piso, suficiente para los cráteres y caprichosos cambios en el asfalto y la suspensión y su buen trato a los ocupantes.

Novena jornada: Bogotá-Medellín con perdida por La Mesa-Anolaima-Cachipay-Facatativá. (471.8 kms.).

Doble calzada Ruta Del Sol en Puerto Salgar

Aun no entendemos dónde estuvo el error al alimentar el GPS. Simplemente le introdujimos “Medellín” y el aparato nos sacó por Soacha y hacia Girardot. Sabíamos de antemano que la salida es por la calle 80 a buscar La Vega pero decidimos seguir la voz grabada del ubicador satelital que nos llevó hasta La Mesa. Ahí decidimos tomar un atajo por la vía a Anolaima y Cahipay, unas trochas estrechas, poco pavimentadas, solitarias y apenas aptas para la diversión de la Geisha, que sacó su casta de todoterreno para rescatarnos de ahí a buen ritmo y con el GPS más desubicado que nunca, terminamos en una trocha de Anolaima donde nos tocó ponernos serios con el 4X4, conectando el bajo para que nos mostrara el camino hacia la civilización. Si se vamos a transitar por barro o piedra suelta es posible hacer solidarios los semiejes delantero y trasero bloqueando el diferencial con el «4H Lock» o «4L Lock». De esta forma, nos aseguramos de que, aunque las ruedas de un mismo eje no tengan tracción, siempre llegará fuerza a las del otro.

¿Y dónde está la autopista?


En trocha, las habilidades 4X4 de la Grand Vitara se destacan por encima de su competencia natural gracias al bajo que el da gran capacidad de tracción, los 4 frenos de disco y a la caja automática, aunque la insuficiente altura sobre el piso (200 mm) y que la suspensión no sea más dura, nos jugara una mala pasada en algún desnivel.


Gracias a estas cualidades, la Geisha nos llevó hasta Cachipay y de ahí, por una vía destapada pero firme, rodamos a ritmos de rallye aficionado (60-80 km/h) durante casi una hora hasta alturas superiores a los 2 mil metros sobre el nivel del mar con neblina incluida sin que la Suzuki se quejara en lo más mínimo. No hicimos fotos porque ya andábamos preocupados por nuestra suerte y porque el GPS se perdió del todo, así que acudimos a la vieja usanza de preguntar por la salida hacia Faca en aquellas trochas de Dios y finalmente vimos la luz después de dos horas perdidos. En un automóvil nunca lo hubiéramos logrado.


Nuevamente sobre el asfalto y después de haber perdido cerca de 50 kms. en aquella tierra de nadie, retomamos la vía hacia Albán, Sasaima, Villeta y Guaduas, un descenso prolongado, interminable que es mejor hacer en segunda velocidad en algunos tramos. El GPS volvió a “coger” señal y a llevarnos por la ruta correcta, que, valga decirlo, presentaba intenso tráfico hasta Honda. Aquí vuelven a ser importantes los 4 discos de freno con el ABS como complemento.
En el calor insufrible de Honda ingresamos al Tolima hasta La Dorada, en Caldas. Aquí tomamos una doble calzada con especificaciones internacionales que nos lleva hasta Puerto Salgar. Es una vía que hace parte de la denominada Ruta del Sol, tiene unos 40 kilómetros de extensión y descongestiona de manera notable el tráfico de la zona. Es un gusto rodar por esta autopista. En la glorieta, que es jurisdicción de Puerto Boyacá, comenzamos el retorno a Antioquia por Puerto Triunfo y comienza a inclinarse la carretera al pasar el Magdalena y el corregimiento de Doradal.

Río Magdalena en La Dorada (Caldas)

La ruta hacia San Francisco, San Luis y Cocorná, si bien está en buen estado, no se compadece con una vía que une a las dos principales capitales del país. Es estrecha, con un tráfico incesante y dadas sus características, muchos conductores (incluidos los de buses interdepartamentales llenos de pasajeros) irrespetan de manera flagrante las leyes de tránsito y adelantan en curva, en doble línea y vuelven un suplicio algunos tramos del camino.


Llegamos finalmente y luego del interminable ascenso hasta El Santuario, tomamos la doble calzada en inmediaciones de Marinilla y de una manera más descansada iniciamos el descenso a Medellín por Guarne para ingresar a la ciudad por la Autopista Norte y dar por terminado, 2.105 kms. después, nuestro periplo en compañía de esta Geisha.

Peajes: Mondoñedo $6.500, Jalisco: $6.500, Bicentenario: $6.500, Puerto Triunfo: $6.500, El Santuario: $9.500, Guarne: $9.500. Consumo promedio: 38 km/gal.

Conclusiones:


La Suzuki Grand Vitara es un todoterreno apto para viajar con 4 personas a bordo. Es práctico y funcional en su diseño, tiene un guardaequipajes suficiente, pero desearíamos que el portón no se abriera de forma lateral sino hacia arriba. Hay numerosos huecos portaobjetos. Se echa en falta en el habitáculo una conexión USB  (a cambio tiene dos tomas de 12V en la consola central), sensores de lluvia, luz y aparcamiento, el control de crucero y el techo corredizo de cristal. Las sillas (en cuero en nuestra unidad de prueba) son cómodas, abrazan bien y la del conductor es regulable en altura.

Circula con solvencia en vías asfaltadas gracias al aplomo de su suspensión independiente y al aceptable sistema de seguridad activa y pasiva (aunque solo tiene 2 airbags cuando su competencia directa presenta 4 y 6 bolsas como mínimo). El sistema de tracción total con reductora (bajo) hace la diferencia en trochas y vías difíciles, algo que no tienen sus congéneres de precio y especificaciones.

Las llantas (Bridgestone Dueler H/T en medidas 225/65 R17) se agarran bien en todo terreno pero son ruidosas (mucho) en curvas sobre vías asfaltadas. la dirección tiene buen tacto, no es ni muy suave ni muy dura y obedece bien las ordenes que se le dan. Desearíamos un control de estabilidad (ESP) y luces de xenón para completar la seguridad y el confort de marcha.

*Agradecemos al Grupo Casa Británica y su concesionario Autozen de Medellín, el préstamo de la Suzuki Grand Vitara 2014 para la realización de esta prueba.

Subir y arrancar Trato de hacer memoria y acordarme del primer momento en que un carro me llamó la atención más de lo normal y siempre me remito a unas viejas fotos de mi primer cumpleaños. Allí aparezco al lado de un flamante Ford Galaxie 500 adscrito al cuerpo de bomberos de alguna ciudad norteamericana. Posteriormente, mis padres continuaron regalándome autos en mis cumpleaños. Conservo también una fotografía con un pastel hermosamente decorado y un VW Beetle rojo que yo miraba con asombro. Vinieron luego los maravillosos Matchbox 1/64 y algunos coches de carreras que funcionaban con gasolina ¡de avión! Y que mis primos mayores gozaron a placer mientras el ruido ensordecedor que producían, me causaba genuino terror. Un tío fue quien acolitó (al fin y al cabo es sacerdote) mi primera “manejada” en su viejo Jeep Willys MB, con el que dábamos la vuelta a la manzana. El controlaba la pedalería y los cambios, mientras yo trataba de girar el pesado volante. Mis otros tíos me mantenían al tanto del mercado automotor, pues en los viajes y paseos me preguntaban por las marcas y modelos de todos los carros que veíamos, hasta que me los aprendí todos. De los “de verdad” recuerdo el Zastava 1500 amarillo de mi tío Aquiles, auto al que cariñosamente apodaban “el maracuyá” y que compraron el mismo año en el que nací. Cuando lo vendieron, casi no me cuentan pues temían mi tristeza al saberlo y pues, la verdad, no los defraudé. Llegó la época de las revistas, los catálogos, los libros y cuanta publicación sobre autos existiera. Pasaba tardes y noches devorándolas ansiosamente, aprendiéndome de memoria fichas técnicas, modelos, características y los datos más precisos de cada ejemplar. Eso sí de mecánica, nada. Me embiste un dulceabrigo y cualquier tornillo en un motor significa para mi, poco menos que magia negra Mi profesión de periodista me ha permitido experiencias inolvidables con los carros, dirigir algunos programas sobre el tema, cubrir las ferias, participar en encuentros, desfiles y ser testigo desde esta óptica del crecimiento y las contracciones del mercado, probar algunos modelos y conocer personajes que me han honrado con su invaluable amistad y sabiduría infinita. Con el advenimiento de internet y la televisión internacional, el aprendizaje se expandió a niveles insospechados. Ahora era posible explorar más allá y en tiempo real, lo que estaba sucediendo en el mercado automotor mundial. Participar en chats, foros y páginas se convirtió en la principal fuente de conocimiento y en un segundo aire para esta afición. Gracias entonces a la red mundial y a la magnífica herramienta que proporcionan los blogs, y, por supuesto, a la gentil complicidad del equipo de Medios Electrónicos de EL COLOMBIANO y su editor general, Fernando Quijano, que avaló esta propuesta, es que hoy puedo compartir con ustedes este rincón minúsculo del ciberespacio, en donde la idea es compartir experiencias y conocimientos, retroalimentarnos con las noticias que produce este dinámico sector, enterarnos de las novedades más recientes y, sobre todo, divertirnos con una pasión que va más allá de conducir y maravillarnos con el invento más sensacional de la historia. Se trata entonces de abrir el blogaraje y dejar salir la imaginación con el placer que produce ver estas hermosas piezas en acción, que nos roban suspiros y nos producen un constante hormigueo que solo los aficionados a los carros entendemos, compartimos y acolitamos (como mi tio el cura). Bienvenidos, súban, abròchense y disfruten el viaje.

12 comments

  1. Roberto Uribe   •  

    La “alimentación” del GPS estuvo tan acertada que te sacó por la mejor vía, pero no le hiciste caso y te metiste por una trocha saliendo finalmente a Sasaima. Si hubieses seguido por Girardot te hubieses encontrado una vida de doble calzada hasta Ibagué y de allí a Honda en calzada sencilla por Armero-Guayabal. Mas larga pero mucho mas corta en tiempo y sin el stress de la vía que tomaste.

  2. Alejo   •  

    Viejo, mas que una buena prueba de ruta, que paseote te pegaste.

  3. ROBERTO PANIAGUA   •  

    Estimado Juan Guillermo:Felicitaciones por tan agradable crònica de viaje.De verdad que me hiciste sentir como si hubiera estado en esa Suzuki recorriendo esas zonas tan hermosas de la patria.Un abrazo

  4. Blogaraje Blogaraje   •     Autor

    Tienes razón, Roberto. Pero sirvió para “trochar” en forma con la camioneta :-). Gracias por tu comentario.

  5. Blogaraje Blogaraje   •     Autor

    Gracias por tu comentario, Roberto. Qué bueno que te gustó la crónica.

  6. Blogaraje Blogaraje   •     Autor

    Sí señor. Tremendo paseo también. Muy recomendable.

  7. Schumi   •  

    Juan, entre la Suzuki Gran Vitara y la Renault Koleos, cual te gusto más? Y por que?.

    Saludos.

  8. Blogaraje Blogaraje   •     Autor

    Hola. Por amplitud y comodidad interior la Koleos. Por prestaciones y economía, prefiero la versión Diesel. Si voy a hacer mucho 4X4, la Grand Vitara es más apropiada.

  9. Charlz   •  

    Supongo que las tanqueadas fueron con extra verdad?

  10. jorge   •  

    mi suzuki gran vitara no tiene fuerza no revoluciona mas de 80 km/h alguien sabe por que fallas o que cambios se le deben realizar o si saben de un excelente taller en la ciudad de bogota les agradezco su colaboracion

  11. Juan David Martinez   •  

    El viaje se hizo con aire acondicionado todo el tiempo? Esto para saber si el consumo de combustible por kilometro aplica para lo que necesito la a camioneta. Gracias.

  12. Blogaraje Blogaraje   •     Autor

    Hola, Juan. El viaje se hizo con aire acondicionado un 50% del tiempo. Gracias por leernos.

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