Rocketman: El MINI más mini

MINI sigue explorando públicos y mercados y ahora busca hacer un modelo, el sexto, que sea realmente personal, que realmente sea mini. Por eso aprovecha la celebración de los Juegos Olímpicos de Londres, donde es patrocinador -y proveedor- oficial, para mostrar el Rocketman con un diseño más aterrizado al concept visto en el Salón de Ginebra de 2011. Como ya entonces es inminente que pase a la línea de producción y por ende, que llegue a nuestro país, es bueno profundizar en sus características.

Lo primero que se intuye es que este Rocketman casi conserva las medidas del modelo original de 1959, o sea, cercano a los 3 metros de largo. Lo segundo, es que es un  modelo de tres plazas, dos delanteras, una trasera. La cuarta es el espacio de carga del carro, aunque también puede habilitarse como asiento. Es una de las soluciones a la movilidad futura que plantea la marca angloalemana.

La carrocería de este show car está construida en fibra de carbono con refuerzo de plástico, que la hace bastante liviana. La del modelo de las fotografías está decorada con los colores de la bandera británica, conocida como la Union Jack, el interior también está ataviado con los tonos de la emblemática insignia. El techo del MINI Rocketman es totalmente acristalado, con iluminación en fibra óptica para resaltar las formas de la Union Jack y proporcionar una atmósfera especial al interior de la cabina.

Las formas del tablero se diferencian de los modelos vistos ya en MINI y adquieren unos trazos más modernos, aunque, aclaramos, este es un concept car y en el carro de producción la figura podría cambiar radicalmente

Los rines del Rocketman, por lo menos en esta configuración, son de 18 pulgadas

Subir y arrancar Trato de hacer memoria y acordarme del primer momento en que un carro me llamó la atención más de lo normal y siempre me remito a unas viejas fotos de mi primer cumpleaños. Allí aparezco al lado de un flamante Ford Galaxie 500 adscrito al cuerpo de bomberos de alguna ciudad norteamericana. Posteriormente, mis padres continuaron regalándome autos en mis cumpleaños. Conservo también una fotografía con un pastel hermosamente decorado y un VW Beetle rojo que yo miraba con asombro. Vinieron luego los maravillosos Matchbox 1/64 y algunos coches de carreras que funcionaban con gasolina ¡de avión! Y que mis primos mayores gozaron a placer mientras el ruido ensordecedor que producían, me causaba genuino terror. Un tío fue quien acolitó (al fin y al cabo es sacerdote) mi primera “manejada” en su viejo Jeep Willys MB, con el que dábamos la vuelta a la manzana. El controlaba la pedalería y los cambios, mientras yo trataba de girar el pesado volante. Mis otros tíos me mantenían al tanto del mercado automotor, pues en los viajes y paseos me preguntaban por las marcas y modelos de todos los carros que veíamos, hasta que me los aprendí todos. De los “de verdad” recuerdo el Zastava 1500 amarillo de mi tío Aquiles, auto al que cariñosamente apodaban “el maracuyá” y que compraron el mismo año en el que nací. Cuando lo vendieron, casi no me cuentan pues temían mi tristeza al saberlo y pues, la verdad, no los defraudé. Llegó la época de las revistas, los catálogos, los libros y cuanta publicación sobre autos existiera. Pasaba tardes y noches devorándolas ansiosamente, aprendiéndome de memoria fichas técnicas, modelos, características y los datos más precisos de cada ejemplar. Eso sí de mecánica, nada. Me embiste un dulceabrigo y cualquier tornillo en un motor significa para mi, poco menos que magia negra Mi profesión de periodista me ha permitido experiencias inolvidables con los carros, dirigir algunos programas sobre el tema, cubrir las ferias, participar en encuentros, desfiles y ser testigo desde esta óptica del crecimiento y las contracciones del mercado, probar algunos modelos y conocer personajes que me han honrado con su invaluable amistad y sabiduría infinita. Con el advenimiento de internet y la televisión internacional, el aprendizaje se expandió a niveles insospechados. Ahora era posible explorar más allá y en tiempo real, lo que estaba sucediendo en el mercado automotor mundial. Participar en chats, foros y páginas se convirtió en la principal fuente de conocimiento y en un segundo aire para esta afición. Gracias entonces a la red mundial y a la magnífica herramienta que proporcionan los blogs, y, por supuesto, a la gentil complicidad del equipo de Medios Electrónicos de EL COLOMBIANO y su editor general, Fernando Quijano, que avaló esta propuesta, es que hoy puedo compartir con ustedes este rincón minúsculo del ciberespacio, en donde la idea es compartir experiencias y conocimientos, retroalimentarnos con las noticias que produce este dinámico sector, enterarnos de las novedades más recientes y, sobre todo, divertirnos con una pasión que va más allá de conducir y maravillarnos con el invento más sensacional de la historia. Se trata entonces de abrir el blogaraje y dejar salir la imaginación con el placer que produce ver estas hermosas piezas en acción, que nos roban suspiros y nos producen un constante hormigueo que solo los aficionados a los carros entendemos, compartimos y acolitamos (como mi tio el cura). Bienvenidos, súban, abròchense y disfruten el viaje.

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