Salón de Ginebra: Koenigsegg Agera R, el anti Veyron

El fabricante sueco de exclusivos Hypercars, dirigido por el excentrico Christian Von Koenigsegg,  quiere pisar los terrenos donde reina a placer el Bugatti Veyron, representante máximo del exotismo automotriz con sus 1.001 caballos y sus 400 km/h de velocidad punta. El Salón de Ginebra fue la sede escogida para buscar los selectos clientes de este tipo de juguetería.

El Agera R viene a instalarse en medio del Bugatti Veyron a secas y el Veyron 16.4 Super Sport. Este último con sus 1.200 CV, continúa siendo el líder en cuanto a caballería y ya le vimos frisar los 410 km/h de la mano de James May en un video ya clásico de Top Gear, aunque puede dar más, cerca de 434 km/h según el fabricante

Con 1.115 caballos propuestos y solo 1,3 toneladas de peso (el motor solo pesa 197 kg y el chasis es en fibra de carbono), el Agera R tiene 1.200 nm de torque que lo impulsan al selecto grupo de los que alcanzan más de 400 km/h (418 si nos ponemos con extactitudes). Hace el 0 a 100 en 2,9 segundos, la caja es de doble embrague con 7 velocidades y solo está autorizado para funcionar con biocosmbustible E85

El precio anunciado para el Koenigsegg Agera R es de 1,2 millones de euros antes de impuestos. Ya se vendió el primero y el cliente mandó a construir su capricho con tonos alusivos a la serie Speed Racer (Meteoro), que es el que ilustra las fotos de esta entrada, cortesía de www.netcarshow.com

Subir y arrancar Trato de hacer memoria y acordarme del primer momento en que un carro me llamó la atención más de lo normal y siempre me remito a unas viejas fotos de mi primer cumpleaños. Allí aparezco al lado de un flamante Ford Galaxie 500 adscrito al cuerpo de bomberos de alguna ciudad norteamericana. Posteriormente, mis padres continuaron regalándome autos en mis cumpleaños. Conservo también una fotografía con un pastel hermosamente decorado y un VW Beetle rojo que yo miraba con asombro. Vinieron luego los maravillosos Matchbox 1/64 y algunos coches de carreras que funcionaban con gasolina ¡de avión! Y que mis primos mayores gozaron a placer mientras el ruido ensordecedor que producían, me causaba genuino terror. Un tío fue quien acolitó (al fin y al cabo es sacerdote) mi primera “manejada” en su viejo Jeep Willys MB, con el que dábamos la vuelta a la manzana. El controlaba la pedalería y los cambios, mientras yo trataba de girar el pesado volante. Mis otros tíos me mantenían al tanto del mercado automotor, pues en los viajes y paseos me preguntaban por las marcas y modelos de todos los carros que veíamos, hasta que me los aprendí todos. De los “de verdad” recuerdo el Zastava 1500 amarillo de mi tío Aquiles, auto al que cariñosamente apodaban “el maracuyá” y que compraron el mismo año en el que nací. Cuando lo vendieron, casi no me cuentan pues temían mi tristeza al saberlo y pues, la verdad, no los defraudé. Llegó la época de las revistas, los catálogos, los libros y cuanta publicación sobre autos existiera. Pasaba tardes y noches devorándolas ansiosamente, aprendiéndome de memoria fichas técnicas, modelos, características y los datos más precisos de cada ejemplar. Eso sí de mecánica, nada. Me embiste un dulceabrigo y cualquier tornillo en un motor significa para mi, poco menos que magia negra Mi profesión de periodista me ha permitido experiencias inolvidables con los carros, dirigir algunos programas sobre el tema, cubrir las ferias, participar en encuentros, desfiles y ser testigo desde esta óptica del crecimiento y las contracciones del mercado, probar algunos modelos y conocer personajes que me han honrado con su invaluable amistad y sabiduría infinita. Con el advenimiento de internet y la televisión internacional, el aprendizaje se expandió a niveles insospechados. Ahora era posible explorar más allá y en tiempo real, lo que estaba sucediendo en el mercado automotor mundial. Participar en chats, foros y páginas se convirtió en la principal fuente de conocimiento y en un segundo aire para esta afición. Gracias entonces a la red mundial y a la magnífica herramienta que proporcionan los blogs, y, por supuesto, a la gentil complicidad del equipo de Medios Electrónicos de EL COLOMBIANO y su editor general, Fernando Quijano, que avaló esta propuesta, es que hoy puedo compartir con ustedes este rincón minúsculo del ciberespacio, en donde la idea es compartir experiencias y conocimientos, retroalimentarnos con las noticias que produce este dinámico sector, enterarnos de las novedades más recientes y, sobre todo, divertirnos con una pasión que va más allá de conducir y maravillarnos con el invento más sensacional de la historia. Se trata entonces de abrir el blogaraje y dejar salir la imaginación con el placer que produce ver estas hermosas piezas en acción, que nos roban suspiros y nos producen un constante hormigueo que solo los aficionados a los carros entendemos, compartimos y acolitamos (como mi tio el cura). Bienvenidos, súban, abròchense y disfruten el viaje.

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