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A veces no tengo ganas de escribir. Es como si tuviese gripa y se me tapara la nariz y tuviera muchos mocos en la cabeza que impiden sacar las ideas. A veces creo que es la ocupación, pero también, la mayoría de las veces, que solo es una excusa estúpida para esconder la realidad. A veces, no tengo ganas de escribir, porque el corazón está lo suficientemente negro para dejarse recoger los escombros que deja a su paso, lo que es vivir al diario, y no por un conjunto de días.

En fin.

Problema de carácter personal.

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En lo que podría ser
una descripción,
paulatina,
del oxímoron
entre tu nombre
y el mío,
y de la forma
que logran
las dos rayas
que le hacen
el juego al 1,
encuentro,
por demás,
un balón de fútbol
con el autógrafo
de algún jugador negro,
de buena pierna,
que te recuerda
insistente,
como lo hace
la pantalla del televisor
que titila
gracias a tu hermana,
necia y de pelo verde,
que mantiene
pegado al control,
el dedo gordo.

En lo que podría ser
una descripción,
paulatina de tí,
apareces oxidado,
olvidado,
y pidiendo
tanques de oxígeno.

Del oxímoron
y el uno,
no hay nada que decir,
salvo que son
mariposas transparentes
para pasar el tiempo,
para dormir, si quieres,
en reemplazo de las ovejas.

De los muertos
en cambio,
recordarte
que están muertos.

Muertísimos.

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