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Pienso en la ausencia,
en el amigo de la canción
que se va y deja un espacio vacío.
La ausencia,
como ese hueco en la mitad,
indescriptible, inpintable, innombrable.
El amigo, el vacío,
el corazón que se tiñe
de colores sublimes, tristes.
Y no solo el negro.
En la mitad queda el color vacío.
Y es indescriptible, inpintable, innombrable.
Porque la muerte tiene ese sabor.
Un dolorcito por ahí en la mitad.

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