Un fantasma, un recuerdo, un verbo

Los edificios de MónicaOtro fantasma

A veces pienso en vos, en la posibilidad de compartir al mismo gato. Luego vuelvo a pensar en vos y me arrepiento. Vos sos ese ser que no puede ser, así en esas tres palabras que se repiten, porque tus amigos te han inventado tanto, han dicho tanto, que sos un fantasma al que hay que tenerle miedo: sabes, mejor no, mejor en un loop de amigos. Te pienso antes de dormir. En la posibilidad. Hasta que llegan noticias tristes que te devuelven a la incertidumbre: mejor no compartamos al mismo gato. Mejor no.

.,.,

Un recuerdo

Se la imagina blanca,

aunque sabe que no es como la recuerda

porque los años pasan,

las paredes cambian,

las sillas no tienen la misma

la sombra bajo las patas.
La casa ya no tiene la puerta

ni la cocina

ni el televisor negro

ni la biblioteca de libros desordenados.

Ya no tiene ventana,

y el pequeño bonsái murió.

Tampoco se calientan arepas

ni se cocinan hojuelas todos los domingos.

No hay una niña que se pare en la cama,

que cante la Potra Zaina, a gritos.

 

El ruido de los zapatos pequeños

que subían las escaleras corriendo

ya no está.

Ella tampoco está.

Ella no ha vuelto

y está lejos.

Ella no está donde quiere estar,

y cuando no se quiere estar donde se está,

se es de esa casa sin pintar

con la que soñó todas las noches,

cuando todavía era pequeña.

 

La casa se la imagina

blanca, quizá.

Y a la mamá, asomada al balcón.

Ahora pinta, todas las noches,

pequeños edificios

de rayas inexactas.

Al fondo, una casa.
Esa casa que no está aquí,

que está allá, que no tiene edificios.

La casa tiene las rayas más perfectas

que cualquier Principito haya visto.

-.,.-

Volver

No fuiste esta vez, te quedaste en la otra casa con el gato. Esa casa, tú casa, la única parte del mundo que queda entre él y vos. Tan lejos está a veces, tan lejos estás a veces, que ya no sabes si sos de aquí o de allá. Si allá te devuelves en el tiempo, a esos días en que estabas pequeña, en el que el mundo iba despacio y le escribías poemas a una regla. No porque acá no seas feliz, sino porque ser de tantas partes al tiempo es confundirse con las posibilidades de múltiples personalidades. Extrañas a tus amigos, a los amigos que eran antes. Esa casa es el pasado, y sos vos, en esencia. Por eso te gusta volver, para reencontrarte. Qué es volver.

No fuiste esta vez, te quedaste en casa con el gato.