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Hay días en que la tristeza entra, y se siente entrar. Es como cuando la gripa entra, con un golpe repentino en la naríz. La tristeza se aprovecha de los suspiros y después se deja regar hasta la punta del talón, en sentido vertical. Entra con fuerza y puede arrasar, llevar, descomponer, tambalear y demás verbos. Algunas veces prefiere permanecer, en silencio, y esperar por el momento exacto, el punto de equilibrio en el cual, pueda sentirse más, respirarse más, conjugarse más. La tristeza es casi como una bacteria, y se reproduce rápido.

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