Bye!

Me despedí,
otra vez.
Quizá la undécima vez,
o la veinteaba. Perdí la cuenta.
Dije que me iba ahora así,
que perdía lo que nunca, pese a todo,
había perdido: la fe.
Ya no hay montañas que mover,
es la vencida aquella de los vencidos.
Taché tu nombre de todas las posibilidades,
lo retaché.
Y te dije, una última vez,
que te quería.
Me voy porque te quiero, y no al revés.
Te dejo en esa vida en la que no hubo espacio,
te dejo tus poquitos ratos. Tan contados.
Y me voy, aunque uno no se va de esos no lugares,
porque hay gente que crea mundos imaginarios,
y hay quienes sabemos imaginar.
Hay amores invisibles, y vos.

-.-.-.

Te dije no, por primera vez en la vida.
No voy, dije, gracias, dije.
Lo escribí temblando.
Salté, corrí hasta el balcón, me devolví.
Me convertí en el gato.
Linda tarde, respondiste.
Lloré toda la tarde.
¿Acaso no nos habíamos ido?

 

 

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