CARNAVAL, UNA PÓCIMA PARA SER OTRO

El Carnaval de Riosucio inicia el próximo viernes 2 de enero. Los que somos de allá, creo, lo amamos con el corazón, y los que llegan, rara vez dejan de enamorarse de allí y de la fiesta. Escribí en Generación de EL COLOMBIANO, sobre el tema, así que les dejo el artículo y también el link a Generación, para que se empapen un poco de lo que es el Carnaval y de pronto, se animen a pasar por esa tierra endiablada y maravillosa. Y también, para que miren el contexto y conozcan el Diablo del Carnaval. Espero sus impresiones!

Estaré unos días en el Carnaval, y por aquí, les contaré sobre él, y les traeré muchas fotos!!!

También les dejo una fotico de Mónica, en la cuadrilla del Carnaval 2007, disfrazada de cabaretera chismosa!!!

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De seguro el Diablo anda alistando su mejor pinta, cuidando la voz, viendo las noticias de la televisión, revisando internet y afinando los últimos toques de su discurso. La agenda muestra que la cita ineludible de cada dos años ha llegado. Tal vez sonríe, con esa sonrisa picaresca que le caracteriza. El Carnaval de Riosucio va en cuenta regresiva, y su majestad el Diablo, ansioso de salir del averno.

De pronto, la música: “Salve, salve placer de la vida// salve, salve sin par Carnaval// de Riosucio la tierra querida// eres timbre de gloria inmortal”, y la gente, como en automático, se para, salta, volea el poncho, y casi, se le sale el corazón. La magia carnavalera inunda a Riosucio y le transforma. “Es una fiesta sin límite en el color, en la creatividad, en el abrazo fraternal. Se trata de poner verdaderamente al revés, y por cinco días, al mundo”, explica Marina Jaramillo, historiadora y cuadrillera.

Poner al revés a Riosucio, un pueblo pequeño, al occidente de Caldas, a través de la cultura y de una fiesta popular, con un alto grado de tradición. El Carnaval es la máxima expresión cultural de los riosuceños, y desde el 2006, patrimonio intangible de la Nación. Se trata, según la historia, de conmemorar la unión de dos pueblos enemigos, unos blancos, con sus esclavos negros, y otros indios,  que vivieron separados por una reja, y que por cosas de la paz, terminaron celebrando y burlándose de sus conflictos, y también, haciendo de todas sus fiestas, una sola fiesta. De ahí que el Carnaval sea una mezcla multicultural, que tocó al mismo Diablo. 

“En el Carnaval todavía hay una comunicación entre la estructura y la ciudadanía. Es una fiesta de dosis interesantes de creatividad, de concepto, de fiesta. Personas de diferentes estratos, color y edad, están poniendo sus ideas a través del disfraz y el discurso”, explica Jaramillo.

El Carnaval se celebra cada dos años, en el que cae impar, en la semana de enero que incluya el 6. Para esta versión, comienzan a las cero horas del viernes 2 de enero, y terminan el miércoles 7, a las doce. 

Al Diablo se le quiere con el corazón
Poner el mundo al revés, es también, tener un diablo al revés. Valentina Carvajal, que tiene siete años y desde los tres está, gracias a la abuela y por eso de la tradición familiar, inmiscuida en el Carnaval, lo tiene claro: “¿No te da miedo del Diablo? No. ¿Y por qué? (Póngale el tono de los niños, ese con la última palabra acentuada) Porque es un diablo bueno”.

El Diablo del Carnaval es un juego. Se trata de burlarse del original. En las religiones, se constituye en un arma ideológica fuerte de amenaza, y “algunos teóricos señalan que se produce la contraparte a ese fenómeno que los dominaba, y se vuelve por tanto, una reacción al mundo oficial, de lo serio. Se empieza a graficarlo y desde allí, a generar risa”, indica la historiadora.

En Riosucio, al Diablo se le quiere, y con el corazón, que no es lo mismo. La ansiedad porque su majestad entre el sábado de Carnaval, no tiene palabras. Qué cómo será, qué si caminará esta vez, qué si echara fuego por la boca, qué si estará contento con el comportamiento del pueblo y del mundo. El Diablo se encargará de cuidar, vigilar y mirar todo lo que pasa durante la fiesta, y de llevarse al infierno, a todo revoltoso, porque “el que no se maneje bien, se lo lleva el diablo”.

La efigie del Diablo, que apareció en 1915, sintetiza tres razas: De los indígenas tiene los colmillos y las uñas del jaguar, de los blancos, las alas de murciélago, y de los negros, la cola y los cuernos de toro. “Nos ha tocado ver llegar el Diablo en medio de tambores, ocarinas, trayendo mensajes de optimismo, pero también con unos rostros más diabólicos, más de denuncia”, cuenta Arnulfo Trejos, cuadrillero.   A veces negro, a veces rojo, a veces grande, a veces más pequeño, a veces se para, a veces permanece sentado.

Cuando entra, lo acompañan  disfraces sueltos, diablitos y diablitas, y un ‘gentío’ que se agolpa en las calles y en las plazas de Riosucio, para saludarle, cantarle, y luego, escucharle, porque “cuando el diablo llega al atrio de San Sebastián y cruza esa media cuadra, se para en su proscenio y empieza a censurar, a criticar, a alabar y a corregir todos los problemas y fallas, políticos o agiotistas, corruptos o perversos, que han ocurrido contra el país, es lo máximo”, expresa Trejos.

Cuando su majestad entra, los riosuceños le entregan a su pueblo amado, para que reine durante la fiesta. Al final, en el último día, deja su testamento y luego se le quema, como símbolo de su regreso al infierno. El Diablo es como el ave fénix. Siempre ha de nacer de nuevo, tal vez, desde sus cenizas. 

Cuadrillero, por necesidad
Las cuadrillas son el elemento más importante del Carnaval, junto con el Diablo. Una agrupación de personas, organizadas alrededor de un tema, hace una representación y entrega un mensaje cantado, con el que se enjuicia el mundo. Dentro de la fiesta, la literatura, para el caso matachinesca, es un elemento fundamental. 

“Ser cuadrillero es ser parte del núcleo social y familiar esencial del Carnaval. Después de dos años largos de espera y de trabajo, desfilar es la posibilidad, en doce horas, de ser lo que no podemos ser durante el resto del año, a pesar de cualquier otra cosa. De ser rey, de ser magos, la desmesura, de ser lo quiera, lo que soñamos ser. El Carnaval es una pósima para olvidar todo lo malo, para transformarse”, manifiesta Aníbal Alzate Chica, cuadrillero.

 Algunos empiezan desde pequeños, con las cuadrillas infantiles. Se trata de vivir el Carnaval de frente, de hacer parte de él, de sentir al Diablo dentro de sí. Y también, de un amor profundo, y para muchos, de hacer un esfuerzo económico,  para ese día ponerse el mejor vestido, tal vez no el más lujoso, pero sí el más querido, el que es algo así, como aire para sobrevivir. 

Las cuadrillas recorren el pueblo, en un desfile lleno de color, de creatividad, de la suma de esfuerzos económicos, intelectuales, lúdicos, de risa y humor, pero sobre todo, de ingenio, que se refleja en cada disfraz, y en cada Carnaval. Una cuadrilla no se puede repetir, sino hasta que hayan pasado 20 años, y tampoco se puede mostrar antes del domingo, porque sería algo así como herejía.

¿Valentina, ya te sabes la letra de la cuadrilla? Y ella, empieza a cantar, sin más ni más: “La fiesta más bella de Colombia se vive en Riosucio con su Carnaval. Cuadrillas alegres y vistosas adornan nuestras calles con gracia sin igual”.

Qué venga el Diablo
El Carnaval está listo para comenzar. Los riosuceños se prepararon durante seis meses para celebrar en enero. Primero fueron cinco decretos (montajes escénicos con literatura picaresca, como una radiografía de lo que pasa en la sociedad), uno por cada mes, y por último, el convite, como acto teatralizado, quince días antes del Carnaval, que da vía libre a la fiesta, y que sentencia que el pueblo está listo para el gran ritual. 

Y así como Riosucio está listo, de seguro, el Diablo anda afinando los detalles. Ya viene, y habrá que recibirle con los brazos abiertos, y decirle: “Oh Diablo del Carnaval, despierta y vuelve a la vida, y con tu cola encendida ven mi mente a iluminar, para salir de este apuro, de este trance negro y puro, en que voy a penetrar”. 

1 comment

  1. Daniel Díaz   •  

    En el pueblo ya nos estamos difrazando de carnaval y poco a poco la magia de RIOSUCIO comienza a tomar fuerza.

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