.

A veces no tengo ganas de escribir. Es como si tuviese gripa y se me tapara la nariz y tuviera muchos mocos en la cabeza que impiden sacar las ideas. A veces creo que es la ocupación, pero también, la mayoría de las veces, que solo es una excusa estúpida para esconder la realidad. A veces, no tengo ganas de escribir, porque el corazón está lo suficientemente negro para dejarse recoger los escombros que deja a su paso, lo que es vivir al diario, y no por un conjunto de días.

En fin.

Problema de carácter personal.

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En lo que podría ser
una descripción,
paulatina,
del oxímoron
entre tu nombre
y el mío,
y de la forma
que logran
las dos rayas
que le hacen
el juego al 1,
encuentro,
por demás,
un balón de fútbol
con el autógrafo
de algún jugador negro,
de buena pierna,
que te recuerda
insistente,
como lo hace
la pantalla del televisor
que titila
gracias a tu hermana,
necia y de pelo verde,
que mantiene
pegado al control,
el dedo gordo.

En lo que podría ser
una descripción,
paulatina de tí,
apareces oxidado,
olvidado,
y pidiendo
tanques de oxígeno.

Del oxímoron
y el uno,
no hay nada que decir,
salvo que son
mariposas transparentes
para pasar el tiempo,
para dormir, si quieres,
en reemplazo de las ovejas.

De los muertos
en cambio,
recordarte
que están muertos.

Muertísimos.

POEMAS DE PARED

POEMA 7
En el recuerdo
incólume
de esos tiempos,
tan tuyos y tan míos,
apareces con un dejo,
innegable por demás,
de nostalgia.
Apareces extraño,
a medio cuerpo,
feliz, felicísimo.
Apareces
con una sonrisa
casi fantasmagórica.
Esa misma
en la que me perdí
varias noches,
y en la que me pierdo todavía,
pese a lo viejos que se hacen los años.

Poemas de Pared anteriores

UN ICEBERG EN LA MITAD

Recuerda,
por obligación.
Las imágenes
le traen su nombre.
Le resbala.

Recuerda.
Duele un poco.
Le mira.
Le hace suyo.
Le da besos.

Recuerdo.
Es odio.
Puro odio.

Recuerda.
A veces se cree dios.
Dios, puede
cambiarlo todo.

—————-

Fin del suplicio.
Puede caer del cielo
lo que quiera caerse.
Puede caerse el mundo,
si el mundo quiere.
Puede caerse  
la ley de la gravedad.
Puedes caerte,
si se te antoja.
Puedes equivocarte,
también.
No hay atrás. Punto.

—————

Sin escapatoria.
El frío le persigue.
Sabe del abandono.
Lo descubrió
por las hojas vacías.

—————

Llega morfeo. Sucumbe.

BENEDETTI, in memoriam


Viceversa
 °
Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.

Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.

Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte.

O sea,
resumiendo
estoy jodido
y radiante,
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.

–       

El domingo puede ser un buen día para morir, para hacer un inventario y decir que ya las letras son suficientes, que de su mano, por lo menos en la tierra, no saldrá una letra más. Y no deja de ser triste. Tristísimo, tristósomo. La muerte, siempre es así. Duele cuando hay sentimientos en la mitad. A Benedetti, cómo no quererlo. Era parte de la familia poética del corazón. La muerte tiene que llegar, en algún momento, a veces más tarde que temprano, y viceversa. Hay días en que nos parece que es más temprano. De pronto ya era hora. Ochenta y ocho, esos tenía Benedetti. Ya la parca estaba cerca, y se acercó tanto, que se lo llevó. Bien, no creo que sea tanto. De hecho, morir es olvidar un poco, y a Benedetti, es difícil olvidarlo. No importa que siempre, muchos, lleguen al mismo poema. El poeta anda y andará por ahí. Y mientras haya un poema para hacernos sonreír, hay un Benedetti vivo recitando al oído. 

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RAZONES PARA NO DORMIR

 

Yo sentada en el sofá.
Tu recuerdo en el cuadro.
El tic tac del reloj.
El sonido de la lluvia.
Nosotros escuchando la pala frente a la arena.
Vosotros oyendo los pasos de alguien en la azotea.
Ellos viendo televisión.
Beethoven en la radio.
Su voz.
Yo sentada.
Tu recuerdo.
El tic tac.
El sonido.
Nosotros escuchando.
Vosotros oyendo.
Ellos viendo.
Beethoven.
Su voz.
Yo.
Tu.
El.
El.
Nosotros.
Vosotros
Ellos.
Beethoven.
Su voz.
Maldita sea,
Esa voz.

——————
El tiempo
es casi un león.
Siempre te agarra.
Te encuentra.
Te lleva consigo.

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DE NEGRO

Ni una palabra.
Solo un recuerdo 
desenfocadamente triste.

.-,–.

Sus zapatos 
Fueron los últimos 
Que se quisieron ir.
No miró hacia atrás.
Ni un último beso.
Ni un último respiro.
Sus zapatos dorados
Tropezaron en la esquina.
El derecho quedó ahí,
como la zapatilla perdida
de La Cenicienta.
Sus zapatos 
Fueron los últimos,
y lo único
que le quedó de ella.
El aire de esa noche, y de las siguientes,
Fue más triste que de costumbre,
Más lúgubre que cualquier noche,
sobre todo en ese momento,
que toma el tacón dorado,
y lo estruja sobre su pie. 

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DE POESÍA Y RECUERDOS

La poesía abre sus puertas y envuelve y embauca y atrapa y se queda allí, como una enfermedad silenciosa, y altamente necesaria. No queremos curarnos. Ella, indescriptible por sí misma, nos hace llegar a rincones que, por la distancia, no podemos tener. Y nos hace recordar y soñar y caminar por cualquier lado donde la imaginación llegue. Además, tiene un alto grado de confianza con el alma, y también, sabe llegar a los recuerdos, apoderarse de ellos y quedárselos. En fin.

Los vuelvo a dejar con Sergio Hincapié con dos poemas preciosos, de este país, que tanto nos hace soñar.

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