COSAS DE BALCÓN

El vino lo cambió por un vaso de leche caliente. Vaya cambio. Quiso, en algún momento, echarle el vino a la leche, a manera de coctel, pero le dio miedo. Tiene ideas extrañas, no tanto.

Mira hacia arriba, y en el edificio del frente, una señora sale al balcón con el cepillo de dientes, se asoma, cabeza de lado a lado y hacia abajo, se entra, unos cuantos segundos, y se apaga la luz. Una luz menos en la ciudad. Mira hacia abajo, también al frente, en la entrada de un garaje, un poco oscuro, y hay un forastero que le trata de hacer el amor a una forastera, que tiene sueño y solo trata de dormir y entonces le pega, por molestarla. Ella sonríe, se aleja de la ventana, se acuesta en el mueble y abraza la cobija.

Las ideas extrañas siguen. Van desde recuperar viejos amores, hasta llamar, tarde en la noche, a cualquiera que la pueda amar un poco. En fin. A veces quisiera montarse en el carro y abrir camino, sin rumbo. Arriba prenden la luz. Un minuto, casi exacto. La apagan. Tal vez necesitan saber dónde está la ropa. Una luz en el cielo. Piensa en el amor y en su mamá. Ella le dice que alguien debe estar por ahí, esperándola, que no se desespere. Lo que no sabe la mamá, es que ella es impaciente. Además, hace frío, muchísimo para el amor, o eso cree. También hay una nube, de su tamaño.

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