Cuadro I

La tía Amparo se sienta en la banca de la cocina de la tía Floralba. Aunque ya no hay banca si no una silla rimax, yo la veo sentada en esa banca con la que uno creció en esa cocina. Puede quedarse ahí, en silencio. A veces se ríe, pero nada más. Yo la miro y me acuerdo de la tía Judiela, que se murió hace tantos años. Era la que nos enseñaba, desde esa banca y esa misma esquina, que a la aguapanela caliente hay que echarle los cuadritos de queso y esperar. El otro día la tía Amparo estaba sentada raspándose la olla del arequipe. Estuvo media hora dándole con la cuchara, como si viera más arequipe del que nosotros veíamos. Que para qué le dieron la olla, dijo luego, cuando se la quitaron, sino para limpiarla. Y se rió, como si fuera una niña de nueve. Tiene más de 85, calculo yo, y ya no sabe hacer dulce de guayaba, que era lo que hacía cada tanto: nos lo entregaba en tarritos de Nescafé y uno se comía eso de una sola sentada, a punta de leche.

A veces  me parece que desde esa esquina y esa banca que ya no está, la tía Amparo, que ya tiene poca memoria, anda esperando que la muerte se acuerde de ella.

1 comment

  1. Carlos Silva   •  

    Hablar de la muerte es algo que nos causa miedo, pero cuando alguien que amamos muere es un sentimiento de dolor y no hay forma de evitar la tristeza esa sensación tener un vacío en el corazón, pero tenemos la paz y el consuelo, pues se nos adelantó al gran paso que inevitablemente toda tarde que temprano tenemos que dar…

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