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Porque me hizo temblar los pies, como un terremoto de muchos grados, de esos grados en los que se miden los terremotos. Y con los pies temblando, incluso, fue una época perfecta para semejante sorpresa: esas cosas aquellas de donde salen lágrimas, están en temporada de sequía. No hay lágrimas. No alcanza a ser Tsunami.

2 comments

  1. Jotam   •  

    Se me ocurrio construir un REMIX, de esos semejantes a los que los musicos suelen hacer una que otra vez, con la diferencia que este se basa en una recopilacion de las lagrimas dejadas por Camila Avril en sus entradas. Es obvio que ellas, las lagrimas, desempeňan un papel muy importante en su trabajo. (Por otra parte, las lágrimas de las mujeres contienen una señal química que reduce los niveles de testosterona en el hombre, contienen un 98% de agua, proteínas como la albúmina, globulina, lisozimas, sodio y potasio. La película lagrimal contiene 3 capas diferentes, una lipidica, una mucosa y una acuosa. El contenido químico de las lagrimas emocionales es diferente de las lagrimas producidas para la protección ocular). Después de esta intromisión y sin mas aquí esta:

    “Las lagrimas de Camila Avril, REMIX.”
    Esas cosas aquellas de donde salen lágrimas, están en temporada de sequía. No hay lágrimas.
    Las lágrimas bajan por los cachetes, los cachetes se ponen rojos, las manos le quitan el rumbo a las lágrimas y entonces la boca no puede saber si las lágrimas todavía conservan la sal.
    Que el dolor es una cosa difícil, que saca lágrimas, hacen revolcar la cobija, apretar al caballo, pegarle a la almohada, mirarse al espejo, darse golpes en la cabeza, halarse el pelo.
    El calor quita todo. Hasta el aliento. Se lleva la sombra, porque el pavimento le quema. Se lleva las lágrimas, por la deshidratación.
    Y está segura, que ese huequito que tiene el ojo, por dónde salen las lágrimas, siempre tiene suficientes para ser todo un río que baja por sus cachetes, rojísimos.
    Uno tiene sus días tristes, con lágrimas que viajan en la maleta del ojo, siempre listas para bajarse.
    Y uno quisiera sentarse en la cama y llorar, mares de lágrimas cayendo sobre la almohada, sobre los cachetes, sobre el de rojo. Dejarse inundar.
    Desde hoy, a ellos, que a veces le sacan tantas lágrimas, una tumba a su tamaño. Que no duelan más.
    Hay días en que los muertos se pasean por la cabeza más de la dosis diaria que uno necesita de ellos. Entonces son como la cebolla, que te hacen salir las lágrimas así no tengas ganas de llorar.
    El avión está en sala de espera y mis ojos están en un océano de lágrimas, no tan saladas como quisiera.
    Y qué diablos va a importar entonces si el corazón en lugar de rojo está azul, lleno de lágrimas, por todo lo que pasa ahora, por el abandono, por el dolor que causa no entender, que no entiendas, que nunca lo hayas visto.
    Es hora de perdonarte. Es hora de perdonarme. Son suficientes tantas lágrimas inútiles.
    Atrás quedarán los besos, los bailes, las cogidas de mano, el trabajo, las lágrimas y en fin.
    Ellos, las personas, incluso con la boca abierta, algunos con lágrimas en los ojos, le dan la bienvenida. Por fin, el Diablo anda entre ellos, con ellos, y tal vez, para ellos.
    La tristeza parece ser amiga de las palabras. Tal vez una manera de hacer que los ojos escondan las lágrimas.
    Con tu nombre a miles de kilómetros, la cosa cambia. La lectura es borrosa, tiene lágrimas y no se sonríe.
    Sin embargo, tengo ganas de sonreír, y de decirme, sobre todo, y sin lágrimas, FELIZ CUMPLEAÑOS, MÓNICA.
    -(y se suelta en lágrimas) Lulú (léase el gato) siempre me acompañaba a hacer el café.
    Las lágrimas son contagiosas. A alguien el vacío del otro le hizo daño y sus lágrimas empiezan a brotar. Los otros lo ven y se contagian y empiezan a llorar, como si la muerte fuese algo vergonzoso o malo o miedoso.
    El señor no lloraba, por eso del orgullo, pero sabía que por dentro corría agua salada. No eran lágrimas, no tangibles, pero lloraba hacia adentro, y a cántaros, que es peor.
    Aprender a explicarle a los amiguitos porque sólo la acompañaba su mamá a la escuela y ahora explicarle al mundo que su papá se murió cuando tenía un añito, que lo ha inventado lo suficiente, que le tuvo que hacer un entierro de letras y que aunque le duele a veces, ha comprendido, a lágrimas, que es un muerto y que es su padre.
    La noche no parece noche, parece más bien un cielo con traje negro, que esconde lágrimas y tiene una que otra mancha amarilla. No muchas.
    Y así como todos los domingos había un muerto, todos los lunes había un entierro, y por tanto, vestidos negros, gafas negras y lágrimas negras.
    No pregunte, que preguntar hace que llore más. ¿No se ha dado cuenta que cuando las lágrimas se ponen en el ojo, escondidas un poco, no mucho, cualquier cosa las hace susceptibles de salir y salir y salir, sin medida siquiera? Después que sale una, las demás se van así no más, como si todas se antojaran de estar afuera, tanto que se vuelven incontrolables. Y entonces la cara se moja, la boca se moja, la nariz se moja, y se moja la camisa y la almohada y la cama y el celular, y se moja el corazón, sobre todo, que también, antojado por demás, le dan ganas de llorar.

    • Camila Avril Camila Avril   •     Autor

      Jajaja!! Hay cosas de las que no me acordaba!

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