DE NEGRO

No hay muchas ganas de escribir. Salvo contar que la muerte es algo tan inevitable como el dolor que causa. Esa agonía en que pone al corazón es difícil de explicar. Dificilísimo de explicar. Duele casi hasta los huesos y entra lento y a pedacitos, como si no fuera suficiente con entrar de golpe. Y duele cada año y cada día y en cada momento, incluso a través del tiempo. Eduardo, por ejemplo, es un muerto libre que a veces necesito pensar para regocijarme un poco, para sentirme algo más viva. 

Hace muchos años escribí que en los entierros uno se pone gafas por costumbre y se viste de negro solo por costumbre. Ahora que lo pienso de nuevo, creo que muchos nos ponemos de negro y usamos gafas, más que por costumbre, porque el alma se viste de negro, cubierta por el dolor que causa sentir la muerte de frente, pero sobre todo, valga la aclaración, la ausencia de frente. Por enésima repetición en la vida, los abrazos no son los mismos entre vivos, que de vivos y muertos. Pasa entonces que uno quisiera devolver el tiempo y quedarse en esos diez años menos donde todavía se podía sonreír, juntos, para ser exactos.

La muerte trae muchos recuerdos y por eso uno podría tildarla, los primeros días en que se aparece, como una cruel que no tiene sentimiento alguno, que no le importa nada. ¿Te acuerdas de esa noche en qué estaba en la esquina y me dijo que cómo estaba de bonita, mientras se tomaba una cerveza y se reía a carcajadas, visiblemente feliz? Claro que me acuerdo, como si fuera al instante. Y los recuerdos se van llenando de lágrimas, tanto que el corazón se inunda y son muchos los muertitos de pedazo de corazón que se van esa noche. Muertitos a los que pocas veces les hacemos duelo.

Y aunque la muerte es una belleza, porque eso de la eternidad podría ser peor, es ineludible su dolor, su parsimonia y lo que se quiera… a veces la juzgamos solo por el hecho de no saber que hay más allá. A veces creo que debe ser mucho más interesante, solo que no nos pueden revelar los secretos porque habrían muchos suicidios. Es como la magia de los magos: se perdería la ilusión, y por tanto, dejaría de valer la pena.

Para terminar, digamos que la muerte duele más cuando los años no son suficientes para morir, y mucho menos si los años para los que siguen vivos no son suficientes para aceptar la muerte tan fácil como sería cuando ya, por derecho, se ha de esperar.

Déjenme con mis lentes negros y mi camisa y mi pantalón y mi alma. El negro tiene un poco más de resistencia para los latigazos que trae la muerte, para esos que nos quedamos de pie. Esos mismos a los que todavía no le da la gana de mirar, o no lo interesa mirar.

2 comments

  1. Carolina González Aponte   •  

    Gracias por hacerlo tan claro.

  2. Jotam   •  

    Hola CamilaAvril, Que adjetivo le adjudicaria a esta desccripcion de la muerte? No lo se, incluso despues de leer el articulo tres veces.
    Parece que algunas veces te regozijaras en ella para sentirte viva, es bella, es cruel, insensata, pragmatica, tiene de todo un poquito, tiene tiempos apropiados como tambien inapropiados. La manifiestas en una forma oscura en tu escrito y al mismo tiempo la muestras como necesaria.
    Si esto lo haces sin tener muchas ganas de escribir, me dejas pensando, que a pesar de tener una motivacion superficial o minima (Por falta de una mejor explicacion a tu momento de inspiracion) todavia tienes la capacidad de mostrar lo profundo de un hecho de propiedad humana.
    Para despedirme, un plagio de alguien que conoces muy bien pero a mi manera: No “me gustas cuando callas porque estas como ausente” from NY a big Hug…Jotam

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