En la palestra pública

Todos tienen por qué caminar. Algunos lo hacen con sus pies pequeños y deben hacer más esfuerzo para llegar al mismo tiempo que los que tienen piernas largas. Y llegan. Muchos van de afán, como si por sentir afán el tiempo se compadeciese. Van de afán con el sudor en la frente y la cara consternada, y para el tiempo, ni siquiera despeinarse es suficiente. Otros llevan papeles en la mano o no llevan nada y unos cuantos se comen las uñas mientras dan pasos gigantes. Hay señoras sentadas, manicruzadas, leyendo. Hay señores que conversan con damas, damas que alegan con señores, hombres que levantan la voz, mujeres que sonríen, hombres bellos. También hay hombres bellos. Hay de todo en este circo central, en toda la mitad de la ciudad. Hay niños que juegan mientras sus papás hacen vueltas, entregan papeles y pelean con el portero: Cejas gruñonas: ¡Señor, por qué anda creyendo que podría robarle, haber… llevo una pantalla de computador en esta cartera! ¡No me crea pendeja! Y hay sonidos de celular, venta de tinto y de empanadas. Hay viento, de ese que augura lluvia. También hay mujeres, y no se crea que varones no, que muestran la mitad de la nalga, sin siquiera percatarse, porque el bluejean les queda grande o muy pequeño, y se sientan y se les corre y se les ve la rayita aquella, porque la camisa, además, la camisa anda ocupada en otras partes del cuerpo. En este circo hay de todo. Hasta un silencio abrumador, sólo acompañado del sonido de los tacones de señoras que no saben caminar,  los miles de murmullos de personas, el ruido que producen los papeles que llevan los de afán, cuando los papeles (valga la repetidera) chochan con las piernas y con los papeles mismos. Personas, que es lo mismo que un montón de gente sin nombre, parte de la masa. Al fondo, un señor vende sombrillas, sólo por si llueve. Ella está sentada en la palestra pública, cuidando que no se le vea la nalga, con un buzo azul, escribiendo mientras la miran como bicho extraño. Sólo piensa (sólo le queda tiempo para pensar) que una sombrilla no detiene un tsunamí.

1 comment

  1. Paulo Cesar Barbatti   •  

    Es dónde te dice que eres diferente en tus sentimientos y en tu manera de pensar. En este artículo hay una nuance que me admira, hay un profundo sentimiento del camino de la vida, pues todos nosotros todo que hacemos es caminar, pero, unos más rápidos y otros ni tanto. La dirección casi siempre es la misma, en este gran circo de la vida que, de una forma notada por algunos más que otros, pasa volando, volando hasta llegar al punto final de encuentro…
    Paulo, desde Brasil…

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