ESOS SECRETOS QUE TIENEN LAS ABUELAS

Un descancito de tanto amor y desamor y aquí va este articulito que hice para EL COLOMBIANO. Abrazo pa todos!

Para un orzuelo, amarrarse un hilo negro en el dedo gordo del pie contrario. Así lo repetía mi mamá y yo que lo repito, a veces, de memoria y por inercia. Ella lo aprendió de alguna abuela, no de su mamá, que ya ni siquiera recuerda.

Y funciona, por supuesto, si uno le pone fe, como diría mi abuelita.

Los secretos de la abuela son toda una caja de sorpresas, llenas de costumbres y de cosas que a ellas les funcionaban, y les funcionan. También de detalles que solo tienen ellas, en sus cabezas y debería suponerse, que en las de sus hijas.

No hay como los tamales de la abuela, los frijoles (con acento en la o) de la abuela, la aguapanela de la abuela y en cada familia se encierra esa mujer, de seguro ya con el pelito blanco, que le tiene la solución exacta y la receta más deliciosa. Eso sin omitir la sonrisa.

“A ver, que yo me acuerde – y Cecilia Restrepo piensa en los secretos de su mamá y su familia- los tamales los aprendí viendo cómo los hacían el 24 y el 31. Se reunían a rallar la arracacha, a moler el maíz. Era todo un trabajo que se hacía en equipo”.

¿Y le quedan igualitos? Se ríe y luego responde que, “más o menos igualitos, aunque aquí el trabajo en equipo se acabó. Antes en las casas éramos muchos y ahora somos muy poquitos”.

Las familias han cambiado de manera ineludible, así como las épocas. Doña Ofelia Villegas tiene 99 años y una lucidez de niña. No duda en decir, el gran secreto familiar: “antes, matrimonio que no tuviera ocho hijos, no era matrimonio (se pone más seria) y ahora que no quieren ni uno, si acaso dos”.

Volvamos a los secretos. La Navidad es la época perfecta para sacar a flote los secretos de las abuelas. “Las costumbres navideñas, eso sí les queda de mí”, expresa doña Ofelia.

Piense en los buñuelos, la natilla, las hojuelas, el dulce de coco, de papaya y puntos suspensivos.

“Yo no sé hacer el arroz con leche que hacía Judiela (una tía que ya murió). Ella le echaba clara de huevo con unas goticas de limón. Era de-li-cio-so. Ese sí no me lo cogí”, cuenta Cecilia.

Porque, hay que decir, que muchos de los secretos se van muriendo con las abuelas, y hasta con los abuelos, y si acaso están en la segunda generación. Bien, es difícil quedarse, por ejemplo, con las manos y la sazón de las viejitas bonitas aquellas. Esa arepita de la abuela… suspiro.

Los secretos de la abuela

Si hay un recuerdo de mi agüelita (eso si es algo que cada quien tiene propio para llamar a la suya) es la ropa blanca extendida en un patio grande, llena de jabón azul durante toda la tarde. La ropa quedaba blanquísima.

Las abuelas son los pilares de la casa. “Uno aprende mucho todos los días de ella”, señala Alejandro Villa, el nieto de doña Ofelia.

Las abuelas no solo tienen los secretos perfectos para cada cosa, sino también para enfrentar la vida.

“Cuando uno va por ejemplo para una reunión muy importante llama a la abuela a decirle: necesito un rosario”, añade Alejandro.

Y ella que se sienta a rezar, a veces hasta tres rosarios, y como magia, la reunión que sale bien. No hay como la oración de la abuela, habría que decir.

En vano no es eso que hacían, y que hemos escuchado alguna vez, de amarrar a San Dimas o quitarle el niño a San Antonio.

Las abuelas son esos mundos de cosas y truquitos infaltables en cada casa y que cada vez, para tristeza nuestra, se van yendo. Bueno, tal vez vienen los nuestros, inventados para la época y los hijos de los hijos.

En fin. Lo que sí es seguro es que si se pone a pensar, usted también tiene una lista gigante, de los secretos de su abuelita.

10 comments

  1. Paulo Cesar Barbatti   •  

    Ay Camila, que tan emocionante artículo ese. Me hace acordar de mi niñez, cuando de la presencia de mi abuela Palmira, hablando para mí y para mis hermanos “meninos parem com isso, vão estudar agora, senão quando sua mãe chegar, vai dar umas boas palmadas em voces”. Que lindo ese artículo, cuando habla en amarrar un hilo en el dedo, y realmente dá suerte. Mi abuelita tenia sus trucos, y siempre los tengo en mi corazón…
    Un muy feliz día Mónica, y un muy respetuoso saludo para su querida abuelita…
    Paulo en Rio de Janeiro – Brasil

  2. Natalia   •  

    Hola Camila, que hermoso, llamativo y abrasador artículo. Hace que los ojos humedezcan con lagrimas que por el agite del día se niegan a brotar. Sí, la mamá grande que otros llamamos es el ser más dulce, tierno, comprensivo, afectivo y preciado que muchos tenemos, es quiza, ahora, el único soporte de la familia, quiza lo único que nos une aún. Siempre tienen la solución a todo, incluso a las penas del alma y del corazón. Esta muy bonito-.

  3. Jotam   •  

    Despues de leer estos bellos comentarios de Paulo Cesar y Natalia,creo que no es mucho lo que yo puedo agregar….Solo hacer eco del privilegio que tienen todos aquellos de convivir con una abuela y elogiar la autora del articulo. Saludos…8-} Jotam

  4. Paulo Cesar Barbatti   •  

    Por favor Mónica, permitáme retornar al comentario, para agradecer a Jotam por sus palabras a mi comentario y de Natalia. Amigo Jotam, de la misma manera retribuyo tu elogío a sus oportunos y sensatos comentarios…
    A great hug from Rio de Janeiro in Brasil…
    Paulo

  5. Nora Buitrago   •  

    Excelente comentario de la abuela
    aunque no la conoci he escuchado
    las historias,muy sabias que eran
    las abuelas.Gracias por recordarnosla

  6. DIEGO HENAO   •  

    HABER MONA; con este articulo he llegado a una conclusión, “todo lo que soy, por lo que he luchado, y lo que he logrado; ha sido para que alguien se sienta orgulloso: La persona que describes” y por supuesto,no ha sido posible si no es por esos rosarios a escondidas que esa ella repite en pro de mi bienestar.
    SALUDOS; EXCELENTES RECUERDOS TRAES A TODOS TUS LECTORES.

  7. Camila   •  

    Mi gordito hermoso!! pues tengo que decirte que así es y que eso precisamente era lo que había que sentir. Te quiero mucho y no sabes cuánto me alegra qeu te pases por acÁ!

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