GUERRA

Hay dos cosas que creo que, cuando pensaron en hacerme, leáse Dios o el encargado de poner en el molde los ingredientes, se les olvidó. Una, la capacidad y la voz de ser una cantante de rock, y por el contrario, me hicieron con ínfulas, solo ínfulas, de poeta. Dos, un espíritu aventurero e intrépido, tanto, que fuese una periodista de guerra, y por el contrario, me hicieron con un amor a la cultura, a la literatura y a la crónica, no guerrerista. No obstante, lejos de la guerra, le puedo querer un poco, en un sentido irónico, casi como a la muerte, pero sobre todo, le puedo pensar muchísimo.

La guerra, aunque duela, fue un invento, en algunas ocasiones, necesario. Con ella, se crearon países, por ejemplo, o se obligó al mundo a cambiar, a avanzar un poco. También fue la manera que se encontró para adueñarse de territorios o de tumbar del poder a algún dictador. La primera guerra mundial le sirvió a Colombia para industrializarse, porque por primera vez, se vio libre de mercado extranjero, especialmente inglés. Y que con ella se hayan conseguido cosas interesantes, no significa que haya sido la mejor manera de lograrlo. La cosa es que no estar dentro de ellas, es decir, ni en el tiempo, ni en el espacio, se hace más fácil comprenderlas. Elemento circunstancial, por decirlo de alguna manera. 

El mundo ha aprendido de las guerras, a través de un dolor profundo, tanto, que aunque de las generaciones que les tocó vivirlas ya quedan pocos, los libros y la tradición oral y familiar, lo van pasando uno por uno, dolor por dolor, muerto por muerto. Y muchos, hemos aprendido que hay formas más humanas de conciliar. Y no son todos, y no siempre, porque el dinero, y el poder, distorsiona la mente. Sin embargo, el hecho es que, después de tantos muertos de guerras pasadas, la inteligencia humana debería dar para comprender, que la guerra, no debería. Lo cual significa, que la inteligencia, o no es tan inteligente, o se deja corromper facilmente. 

Aunque en Colombia digan que la guerra no es guerra, porque no hay hombres luchando todos los días y a toda hora, y porque al no reconocerse al enemigo, como enemigo, dicen los que saben, significa que el término guerra no cabe para definir lo que se da en Colombia, el dolor que causa lo que sea que haya, genera el mismo dolor que, por ejemplo, la primera guerra mundial causó en las personas que la vivieron de frente. La muerte duele, la distancia duele, el secuestro duele, la incertidumbre duele. Por tanto, al mismo efecto, uno podría decir que, es lo mismo, es decir, que la definición importa un reverendo. En fin.

Todo para llegar a lo siguiente. Estos días, las fotos llegan de Medio Oriente, y los muertos, aunque lejanos, causan en la cara un gesto de terror, y unas palabras, algo así como, “gracias a Dios no soy de por allá”. ¿Y si la vida nos hubiera hecho israelíes o palestinos, y no colombianos, o peruanos, o franceses? Además, desde lejos, resolver el conflicto se hace fácil. Falta de inteligencia, por decirlo de alguna manera. Cuestiones de religión y de amores, y de costumbres arraigadas en exceso. Cosa complicada desde adentro. La facilidad, de mirar desde lejos y sin amor, permite: dado que, pelean por un territorio que ha ido de unos a otros a través del tiempo, que se hace irreconciliable por ser importante para tres religiones, se les ha olvidado, que si ser de un lugar significa haber nacido en ese territorio exacto, y que si ellos han nacido a través del tiempo en ese mismo territorio por el que pelean, pues, en efecto, no son de lugares diferentes, sino del mismo. De exactamente el mismo. Así que deberían hacerse los locos por unas cuantas generaciones, ya que son incapaces de perdonarse así mismos, y dejar que las nuevas, no tengan pasado. Deberían por tanto, matarse entre sí los que tienen ganas de hacer guerra, y pelear entre ellos hasta que no quede ninguno, y dejar, eso sí, a los que no quieren morir por una explosión de una bomba, y tienen la intención y la capacidad, de tomar nuevas costumbres y nuevos amores, y de algo así como perdonar. Y dejar a los niños, esos que nada tienen que ver con las cuestiones de los adultos, ahí, quietos. Además, no enseñarles nada de sus ideologías guerreristas, para que a futuro, no tengan que luchar por ningún honor. Podrían poner un nombre en común, si quisieran. Y los pactos de cese el fuego, son pasajeros, así que de nada sirven. Se mantiene la incertidumbre y el miedo. Además, morir en conjunto, es morir desapercibidamente.

Luego,  el modelo debería repetirse para todo el mundo, incluso para los colombianos.

1 comment

  1. shirley lorena   •  

    HOLA MONI ME SORPRENDE MUCHO ENCONTRARTE EN ESTE SITIO, PERO ME ALEGRA A LA VEZ LEER TUS POEMAS Y VER QUE SIGUES SIENDO LA MISMA.

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