Horas indeseadas

Cuando sabes que hay que irse
pero no te has ido.
Qué es el dolor
sino la posibilidad de marchar
cuando no quieres marchar
cuando hay esperanza
(solo en vos)
aunque todo esté nublado. Brumoso.
Dices algo.
Esperas. Vuelves a decir.
Intentas.
Intentar es posible.
Crees.
Y esa noche, a las 9 y 19
(vaya número para entender),
entiendes que irse no es una posibilidad,
es preciso. Ineludible.
Aunque no te hayas ido,
aunque no te quieras ir.
Aunque quieras quedarte.
Irte, decir hasta luego,
desear buenos deseos
despedirte de las noches en que había gatos de compañía.
No mirar atrás
ni siquiera para revisar que todavía hay morados en la espalda.

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