HUELGA DE SILENCIO

En momentos como estos, donde las estrellas no existen (si no se ven, no existen), no queda más que quedarse en silencio, apagar la cabeza y esperar. Las musas tendrán que volver, arrepentidas por el olvido. Vendrán desdeñadas, rabiosas. Vendrán con una capa negra, miedosas. Vendrán, una por una, uno por uno. La cama será insuficiente para su grandeza, pero sobre todo, para su orgullo. Los dedos tendrán que pagar la consecuencia de todas las historias atascadas por el abandono. Volverán. Basta quedarse en silencio.

En una huelga de silencio. Hay días en que faltan horas para inventarse el mundo.

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