HUELLAS

Camina con los pies descalzos, la cabeza hacia abajo y un poco de aire comprimido ahí en el pecho. Tiene gripa y la nariz tapada. Golpea una piedrita pequeña, las manos las mantiene guardadas en el saco, casi como última esperanza. Camina paso por paso, uno encima de otro, para que no queden huellas repetidas, ni torcidas, ni feas, ni complementarias, ni que den señales de ella, o de él.

Esta vez fue un golpe suave, más bien contradictorio. Un halo confuso al corazón. Por eso opto por la noche, por la calle, por el pavimento. Es casi como pintar el pensamiento de gris, y no pensar, y no pensarle. Lo había visto. Solo. Parado con algo, no sabe qué, con un poco de magia. Hablo un poco, le abrazó un poco, se pringó un poco. Vuelve el pasado, que huele a él, y vuelve él, a robarse pedacitos sueltos y rojos y rotos y vacíos. Y también vuelve su indiferencia.

Querer o no querer, pensar o no pensar, caminar o caminar. El pavimento es una salida circunstancial.

Camina con los pies descalzos, la mirada hacia abajo y las manos en el saco. Piensa en él. Si la magia existiera, seguramente, haría aparecer dos huellas más.

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