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Adportas de dejar de ser alguien y mutarme en una parte más de la cobija. Todavía puedo pensar, pero no quiero. Me conformo con dejar que las letras se escriban a su antojo, así ellas se conformen con estupideces. No importa, a estas horas, tan cercanas de Cenicienta. Me gusta mi cobija. También me gusta Morfeo, así esté pensando que Telémaco, el de la Odisea, tiene tanto de mí, o, al derecho, yo tengo tanto de él. Su peor aflicción fue crecer sin papá. Cualquier coincidencia con la realidad, en fin.

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