l

Hasta el último segundo uno se va pensando algo. Incluso cosas vacuas, como que la cobija tiene ganas de que le apaguen la luz, que ya son las doce, que es hora de dormir, y que una pendeja, sí, pendeja, no la quiere dejar. En fin. Cosas aquellas del cansancio, de la oscuridad, de la falta de sentido. No importa. A estas alturas, hasta un punto vale tanto como la vida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>