Learning to drive

Todavía te imagino en la ventana

mirando al gato colectivo
que se trepa al árbol para dormir en el tejado.
Yo quisiera un árbol para huir de vos,
pero ya ni eso queda:
se murió el cactus y también la mata del pescador.
Afuera unas vecinas conversan,
aunque es más bien una pareja que pelea:
hay gritos,
ella llora,
él no dice nada.
Vos tampoco dijiste nada.
El gato ya se durmió.
Hace rato.
Yo todavía recuerdo a esa señora de la película
a la que dejó el esposo.
Eran 21 años de matrimonio, pero llegó alguien más.
La historia que se repite. Con vos fue igual, a la x.
Ella aprendió a manejar y se cambió de casa.
Ya está.
Miro el catálogo de posibles cursos alternos.
Qué dices del punto de cruz, le pregunto al gato.
Maulla pasito.
Lo nuestro es la salsa, pienso.
Aunque baile pensando en que vos y yo, nunca bailamos.
No, todavía no estoy.

 

Se me olvida escribir, a veces. Me paro aquí, frente a esa pantalla en blanco, porque no voy a decir que hay una hoja ni un lápiz. Eso también lo intenté y no funciona. Me siento frente al teclado, pongo mis dedos en cada letra de acuerdo con las leyes de la mecanografía que me enseñó mi mamá hace mucho tiempo, y no se unen las palabras, como si vos ya no fueras parte de esta historia. Fueras, en ese pretérito imperfecto según el diccionario, que tiene toda la razón: fuiste siempre imperfecto, aunque yo te viera en presente perfecto y vos en subjuntivo.

Quisiera decir que no te quiero ya. Qué voy a quererte después de tanto. Te quiero, sin embargo. Y sin embargo, qué más hay que decir que los minutos nunca han dejado de parar, aunque te hayas ido. Que la vida sigue sin vos, pese a las tristezas, que a veces son sobre todo certezas. Esa, por ejemplo, de que ya no me quieres. Es más, esa de que nunca me hayas querido lo suficiente. De que nunca, por ejemplo, hayas tenido tiempo para responder una carta más que con silencio. Y yo entiendo el silencio, lo sabes, pero el silencio, y sé que lo sabes también, no siempre alcanza.

A veces la gente se muere antes de tiempo en la vida de los otros, supongo.

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