Meaningless

IMG_5301No te has ido todavía, y yo te miro con la última mirada que tengo para mostrarte. Se acabaron las palabras. No salen. No existen. Hablamos tanto la noche anterior, tanto. Me dijiste que era hora de irte, hablaste del olvido, de la soledad, de que había otro nombre. Hablaste de mi silencio, y me sentí extraña. Describiste a otra, que no era yo. Como si me hubieras inventado. Yo sonreí, solo pude sonreír, porque tampoco volví a ser yo con vos. No. Uno cambia mientras pasan los segundos, mientras conversa, mientras se encuentra gente. Uno cambia mientras lee o no lee. Mientras se toma un café. Uno cambia si se va, y yo me fui, tantas veces. No volví a ser yo. Ni volviste a ser tú. Yo solo sonreí. Me quería ir y no ir. Quería obligarte a quedarte y, al tiempo, dejarte ir. Quería obligarme a irme, y a quedarme, también. Había otro nombre, y yo creo en la libertad. Aunque el orgullo se volviera un monstruo gordo, gordote, yo que me creo tan poco orgullosa. Tan simple, a veces. Se me olvidaron las palabras, como si el diccionario se hubiera vuelto un montón de páginas en blanco, y no fue más un diccionario. Solo pude sonreír y abrazarte, irme. Ahora que no te has ido todavía, pero ya te vas, esta es mi última mirada. La última posibilidad. Te veo en la puerta. Despedirse siempre es ese momento en que el vacío sabe ser. Vos ahí, yo acá. Vos yéndote. Yo acá. Te miro con la última mirada que tengo para vos. La de saber que no eras ni tú ni yo, que simplemente no éramos. Que te vaya bien, te digo, sin palabras, ahora que tu nombre ha dejado de ser. Que tu nombre no puede significar más que lo mismo que el nombre del vecino.

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