No es solo la guerra

shoesVas leyendo la carta y sabes que viene algo, pero ella no quiere contarlo. Lo presientes solamente. Viene algo que te va a doler, pero sigues leyendo, porque sabes que debes leer. Llegas de zarpazo. ¿En serio?, dices. En serio, dice ella en la carta: dos niños violaron a una niña. Compañeritos de escuela.

Creciste sin un papá, y eso te ha perseguido siempre. Cuando estabas pequeña sabías que eras diferente porque casi todos los demás tenían un papá, y vos no. Eran vos y tu mamá, y los tíos y los abuelos y los primos, pero no tu papá. A él lo mataron, eso también lo sabías. Esa casilla estuvo siempre vacía. Tu papá era, en cambio, ese que te miraba en las fotos y al que la abuelita le iba a tocar en la tumba y te levantaba para que vos también le tocaras. Te daba un miedo, qué tal que te respondiera de pronto. Tu papá era al que había que inventarse, y por el que llorabas cada que alguien lo nombraba. Vos hubieras querido conocerlo, sabiendo que todos hablaban tan bien de él. A Eduardo lo mataron, por esas cosas de la guerra de este país. Solo que aunque te duela, sabes que tu mamá es la mejor mamá que has podido tener. Te acuerdas que te enseñó a leer en unas carteleras gigantes. Ahí vieron la a y la m: mi mamá me ama. La frase de siempre, que es en realidad la manera en que las mamás te dicen que te quieren y te acompañan a ver las letras de otra manera. Fuiste una niña feliz con tu mamá, aunque a veces te acordaras de tu papá y lloraras. Y te hiciera falta. Ella siempre ha estado ahí.

Por eso te duele lo de los niños que violaron a la niña. No te cabe en la cabeza que un niño de 11 años y uno de 14 tengan esas ideas tan perversas. Todavía tan chiquitos, te parece. A los 14 los niños deberían estar mandando carticas de amor con corazones sin pensar en nada más que un beso en la mejilla. Ja!, piensas. Te quedaste en tu época o en la época de tu mamá o en la de tu abuela. Aunque piense lo que piense ese niño, no debería estar pensando en obligar a una niña a tener sexo. De eso estás segura, en cualquier época. Eso ya se sale de cualquier posibilidad.

Cuando piensas en que a tu papá lo mataron, piensas en la injusticia. A quién se le ocurrió dejar a una niña sin papá. A quién se le ocurre matar a alguien. Cuando piensas en los niños que violaron a la niña, piensas en la injusticia. A uno de los niños lo has visto dos veces. La primera vez estaba remojando las matas y tuviste la impresión de que era un niño extraño, como si tuviera mucho amor para dar, pero no pudiera. Como si lo hubieran regañado mucho y eso le hiciera bajar la cabeza. Como si fuera un niño con el cliché de las caricaturas: un ángel que le habla en la oreja derecha y un diablo que le habla en la oreja izquierda. Después supiste que era un niño que no lo trataban bien en casa y que en la escuela era un necio al que castigaban mucho, por necio. Así por lo menos recuerdas eso que te contaron. Todo tiene que ver, porque la pobreza es una cosa, y es muy duro que un niño llegue a la escuela solo con una aguapanela de desayuno, pero que llegue a la escuela con hambre y sin amor, ya es otra cosa. Más tesa. Y no es que estés liberando al niño de eso tan grave que hizo. Estás pensando en que es un dominó.

Ahí te parece que aunque han dicho que la guerra ha sido el mayor problema del país, el problema es que la guerra haya tapado tantos problemas. La falta de educación, por ejemplo. Educación para enseñarle a la gente lo básico que enseñan las escuelas, y lo que no parece básico, esas cosas que hacen parte de la cotidianidad: planificar, que no traigan niños al mundo que no pueden traer, que no quieren traer, para los que no están preparados, y no solo por falta de dinero: también por falta de corazón. El olvido del campo, por ejemplo. De saber que ahí está la esencia, campesinos con ganas de cultivar su tierra, de crecer ahí, de vivir ahí como una posibilidad de vida digna y feliz, no de aguantar hambre y sobrevivir. La indiferencia, por ejemplo. Creer que vivimos solo nosotros y esos que están cerca, y pensar que el mundo es perfecto así. El odio, por ejemplo. La imposibilidad de escuchar a los demás, de entender que podemos pensar diferente y sin embargo compartir el mismo lugar. Porque no hay de otra. No puedes hacer que el otro piense igual a vos, ni lo puedes matar, como mataron a Eduardo, porque él era de izquierda y el asesino de otras ideas. Si lo bonito es la diferencia, el complemento, la posibilidad de no ser iguales, de conversar de la incoincidencia. El egoísmo, por ejemplo. Que haya políticos robando, cuando tanta gente tiene hambre.

Vuelves a pensar en Eduardo. Él era ateo y tan amigo del padre de la Iglesia, que lo dejó casarse sin confesarse. Y era amigo del tío, que era del otro grupo político. Y así. Porque se puede no coincidir, si hay respeto. Regla básica.

Vuelves a pensar en el niño de 11 años. En que quizá le falta cariño y oportunidades. Dejarlo de apuntar como el necio, como el malo, porque seguro se termina creyendo que es el necio y el malo. Piensas en que quizá es eso lo que ve en casa, lo que ha escuchado. O quizá ni siquiera lo han escuchado para responderle las preguntas que tienen los niños. Te duele ese niño, porque ahí está un violador en futuro, o no. Puede que no. Quieres pensar que con él todavía se puede hacer algo, que todavía no ha entendido lo que hizo. Que todavía puede escuchar al muñequito del oído del lado derecho. Te duele el niño, y te duele la mamá y el papá de ese niño. Porque has pensado que mucha gente no es consciente de lo que significa un niño en el mundo, que reducen todo al placer, y a que todo niño trae el pan bajo el brazo. No entiendes, de veras no entiendes, por qué traen niños al mundo si no los van a querer. Puede que no haya comida ni dinero, pero amor, el amor es tan simple. Por supuesto que sabes que no es tan fácil, que detrás hay ignorancia y un montón más de complicaciones, pero el amor, en serio…

No es que no hayas pensado en la niña de 7 años. Por supuesto. Qué guapa decirle a la mamá, y qué guapa la mamá que denunció. Piensas en la niña porque hay cosas que marcan para siempre y que te hacen ser como sos. Sabes que la muerte de tu papá tiene que ver con muchas cosas de las que sos en el presente, aunque hayan pasado 29 años. Sabes que el recuerdo del abuso va a acompañar a la niña, de cualquier manera, aunque lo olvide, aunque los perdone, porque ya hace parte de la vida. Piensas en la niña, en cuantos abrazos necesita. Piensas en que ojalá tenga una mamá como la tuya, la mejor mamá posible para su vida.

Hay historias que duelen, que parecen imposibles. Paras, guardas la esperanza de que esa carta que leíste sea la carta de algún libro. Ni siquiera necesitas pellizcarte, no la escribió ningún escritor. Es la vida triste que está en lugares que no existen para muchos en la cabeza. Son esos cuentos que no puedes explicar. Que solo duelen.

La tristeza se aparece cuando lees en una columna de Diego Aristizábal una frase inexplicable: Los niños también violan. Y entonces a la vida se le cae la cortina y ves por la ventana.

2 comments

  1. Juan Guillermo   •  

    Por qué el asesino del padre de la niña tiene que ser de derecha y su víctima de izquierda? Es positivo que se resalte la gran responsabilidad de traer un hijo al mundo, la importancia del amor y se coloque por encima del derecho al placer y a la reproducción.

    • Camila Avril Camila Avril   •     Autor

      Juan Guillermo, no es nada adrede. En realidad mi papá era de izquierda, y por eso lo mataron. Entre las cosas que se dicen es que fue la derecha, pero tiene razón, mejor no precisar ese detalle, para no dar malos entendidos. Gracias!

Responder a Camila Avril Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>