NOVENA DE AGUINALDOS

Día tercero

En Navidad no todas las noticias parecen ser rosas y sonreír. A veces, la sonrisa se desdibuja con una sola decisión, y luego, alguien, igual de triste, que te cuenta. No queda más que levantar la cabeza, el mundo no se acaba. Los regalos en Navidad, también pueden ser de esos que no nos gusta recibir, como cuando en el amigo secreto nos regalan unas medias que nunca nos pondríamos, y sin embargo, hay que agradecer por el regalo, estirar la mano, poner la mejor sonrisa, decir que está bien, que está muy bonito, y que hasta el próximo amigo secreto. También pasa en Navidad. Así que a este regalo, que muchas gracias, que una sonrisa, con nostalgia, que está bien, que no se comparte, que no está bonito el regalo, pero que bueno, que no hay problema, y que hasta alguna próxima vez, nunca se sabe.

 

Los chapuzones de agua fría caen y ya. Nada que hacer, y no se puede dejar de pensar en que fue por no rezar la Novena. Bien, cosas de niños, de tener en la memoria el recuerdo de los grandes diciendo que si no se rezaba la Novena, el Niño Dios, no iba a llegar, y por tanto, toda esa lista de juguetes no estaría bajo el árbol. La cosa es que ya estamos grandes, y cuando se está grande, esas cosas no funcionan. La Novena se reza por generación espontánea, escribiendo sobre el día, como una manera de hablar sobre la Navidad, mejor dicho, sobre cómo llega a ser la Navidad cuando la familia está lejos y hay que trabajar. Cosas de grandes, o algo así. Aclaración, ese no fue el regalo.

No es tristeza, es nostalgia, es un vacío en el corazón. Quería no hablar de tristezas en esta época tan mágica, tan bonita, tan indescriptible. Solo que hay cosas que duelen y casi como regla básica, el dolor es inspirador, más que otra cosa. La tristeza parece ser amiga de las palabras. Tal vez una manera de hacer que los ojos escondan las lágrimas. 

La consideración del día segundo decía que ya estaba entre los hombres el verbo eterno. El Niño Dios se acerca. El día de reecontrarse con el niño que hay adentro y de contagiarse con las sonrisas de esos que apenas pasan por los seis o los ocho, se viene a pasos gigantescos. Esperamos que sus traídos sean más mágicos y menos duros para el corazón. Cuestiones de fe. Por ahí un poema decía algo así como que sí uno cuando amanece se encuentra las montañas en otro lugar, es porque alguien debió estar teniendo fe. Bien, era algo así. No tanto. Fe en que se puede sonreír, y que todos los baldes de agua fría, podrán revertirse.

Señores, tal vez Camila no llegue a rezar el día noveno con ustedes. Está a pocos días del exilio. Se despedirá, por supuesto. Bien, tampoco significa que desde el exilio, no se pueda escribir.

¿CÓMO VAN CON SU NOVENA? Y SI NO SON DE LA RELIGIÓN QUE LA REZA, ¿QUÉ HACEN POR ESTOS DÍAS?

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