Olvido

Lo más fácil es buscar la definición del diccionario, y aunque al principio mejor no, por lo cliché, uno termina abriéndolo por curiosidad, y recuerda que el diccionario no tiene sentimientos y suelta la definición sin pensar si al que está leyendo le va a doler o no: cesación del afecto que se tenía// cesación de la memoria que se tenía. Claro que duele, maldito diccionario. Lo del verbo es aún más doloroso: dejar de tener afecto o estima por alguien o algo.

Olvidar es lo más fácil: deja de doler que uno haya querido a alguien. Cesa el afecto que se tenía por ese alguien y la vida sigue, como tiene que seguir en todos los casos. Quiéranse o no se quieran. Solo que ese verbo no se va conjugando tan fácil como se duerme el gato cuando toca la cama ni se vuelve tan rutinario como levantarse a desayunar. Nada de eso pasa tan fácil cuando querés a alguien que no tienes ni la más remota gana de olvidar. Y entonces ese alguien aparece en el cereal, en la fruta de la mañana, en el lapicero, en la nevera, en los aretes, en la calle esa, en la foto, en Twitter, etcétera. Ni que fuera omnipresente, pensás. Es omnipresente, pensás luego, furiosa. Ese es el problema.

Lo difícil es el olvido, sentir que te olvidaron. Saber que no piensan en vos, que no te escriben, que no hacés falta. Entender que su vida siguió sin vos, porque la vida siempre sigue, en todos los casos. Aunque te duela. Aunque estés debajo de tus cobijas llorando, por el olvido. Ser el ser olvidado es lo difícil, saber que te dejaron de tener afecto, que hacés parte del pasado, que se fueron, que no van a volver. Que te moriste. Que ese ser que no quieres olvidar te ha olvidado, es eso que no puedes entender, aunque ya sepas que no haya nada que entender. Que no es el azar, que es lo que pasa y ya, que es el amor, así como es el amor: a veces coincides. Solo a veces. Y esta vez no fue, aunque te murieras de ganas, aunque hubieras dejado la piel y el orgullo y el corazón completo ahí. Aunque hubieras dado todo, aceptado todo. Así no es el amor, te dice alguien, y lo sabes, claro que lo sabes. El amor no es tan difícil, pero vos querías, vos lo querías, vos lo quieres. Es cuando el olvido no tiene nada que ver con la definición del diccionario. El olvido es lo mismo que sientes cuando el dedo pequeño del pie se pega con la pata de la cama, y ni siquiera puedes gritar.

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