OTOÑO HACIA ARRIBA

Todo es distinto aquí. Las hojas de los árboles no caen. No. Suben. Es como si no hubiese fuerza de gravedad para las hojas, y en cambio, hubiese una parecida, desde arriba, que las hiciera subir, como una fuerza de las hojas, atractiva por demás. Y suben, casi a manera de vuelo, casi solitario. Se mueven suavemente, de izquierda a derecha, siempre hacia arriba. Y entonces el techo ya no es azul, es de hojas. Y el mundo inevitablemente se siente al revés.

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AMARILLO

Es amarillo. Tiene una cuerdita que lo sostiene. Una niña lo mira. Y está cansado.

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NAFTALINA

Aunque quiere ser recuerdo, no lo logra. Ya no. Ha pasado, y es todo, y es nadie, para ser sincera. Sólo que hay que tenerlo como marca de agua, porque nunca se sabe, porque hay arrebatos pasajeros. 

Por otro lado, se mantiene callado, ni un movimiento, ni una seña, y actúa discretamente, inhóspitamente, invisiblemente. No ha pasado, ni pasó, y se mantiene alejado, por desgracia.

Mientras tanto, el corazón se niega a muchas cosas y tiene un viento que le molesta.

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VAINILLA

Es un aire nuevo, soportable, distinto. Huele a vainilla, y la vainilla me huele a todo lo que puede ser y es posible.

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UN REPEPINO

El aire tiene un olor distinto, a nadie. Esta vez el mundo importa un severendo repepino, y lo importante, no pasa nada. Podrían decir mil barbaridades, e igual, sigue sin importar. Es un día raro, pero crean, feliz. 

Sólo quiero a alguien que me joda la vida, porque yo ya llene mi capacidad de molestia.

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