HE DICHO

No quiere y no se merece ni un punto más. El calor quita todo. Hasta el aliento. Se lleva la sombra, porque el pavimento le quema. Se lleva las lágrimas, por la deshidratación. Y entonces, en esos días en que se corrobora la tesis de alguna cualquier persona, de que la felicidad es por segundos, uno no sabe de dónde pegarse para dibujar, aunque fuese, unas dos lágrimas. El calor, como diría mi amigo Santiago, es infame.

FELICIDAD

Cuando un caballo de peluche puede sacar una sonrisa, solo porque la pequeña María se pasó toda la tarde conversando con él cosas importantes, de esas que los grandes dirían que no lo son.

MIGRAÑA

Si le preguntan a Camila qué es la migraña, Camila diría justamente que es, como cuando a su pequeña sobrina le da por practicar con su flauta un domingo a las 6y32 de la mañana. Ah! y se sienta en el lado vacío que queda de su cama. Sí, eso diría Camila.

PROFESOR

María está segura de que el libro con el que se tapa la cara mientras está en clase y mira por encima al profesor, huele al profesor. Por eso, cuando está en la casa, tiene la sensación de que el profesor todavía la está mirando por encima del libro.

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Tres horas hablando del tiempo. Como si el tiempo tuviera la culpa.

MAR

Ayer, María no dijo nada. Salió como todos los días, a la misma hora, que puede ser cualquiera. Puso el hombro en el bolso, los ojos en las gafas y los pies en los mismos zapatos. Y así se fue hasta las 6. Traía el pelo azul. Azulísimo, totalmente azul, requeteazul. Los padres la miraron extraño. Dijo que quería un pedacito de mar en su pelo. Uno de los tantos azules que tiene el mar. Luego se hundió en sus cuatro paredes.

ARÁCNIDA

Le tiene pavor a las arañas. Por eso María no deja araña sin cabeza destripada en el zapato. Le tiene más miedo que a los monstruos del techo. Teme que algún día, por culpa de la cama sin patas, alguna se le pare en la nariz.

EN EL CIELO YA ESCRIBE UN VIEJO NIÑO

Creo que la muerte de Jairo Aníbal Niño es un cuento. Murió en la mañana de un lunes y se fue hacia ese cielo que alguna vez dijo que era gordito y que tenía una camisa con botones que son aviones. Se fue a escribir a el cielo, a entretener a los pequeños ángeles que nacen. A nosotros nos quedan todas sus letras, sus encantadoras letras, que nos dejan derretidos ante el libro. “¿Me haces un favor?/ ¿Qué clase de favor?/ ¿Quieres tenerme mis avioncitos durante todo el recreo?/ ¿Durante todo el recreo?/ Sí, es que tu eres mi cielo”… Que te vayás a escribir al cielo, Jairo Aníbal Niño.

Les comparto el artículo que escribí para EL COLOMBIANO.

Jairo Aníbal Niño, el escritor de literatura infantil, con el que muchos se enamoraron y soñaron, murió en la mañana de este lunes. Su despedida, más que un adiós, es un montón de preguntas y poemas que se siguen leyendo.

Tal vez desde el apellido empieza el cuento de Jairo Aníbal Niño. Solo un niño, o alguien con corazón de niño, podría escribir que el sol no puede escaparse porque está amarrado a la pata de la cama del universo.

Y entonces, que un pequeño de esos que ya sabe leer, o un grande que se emociona con las letras, esboce una sonrisa y comprenda que el sol, en efecto, como lo escribió Jairo Aníbal en los Papeles de Miguela, es una pulga gigantesca.

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