DE REDES SOCIALES

Este es un paréntesis… ahora ando en Facebook y en twitter. Y no es que vaya a escribir en ellos. De pronto en twitter una que otra frasecita, pero ellos, son, por eso de ensayar las redes sociales y para contarles de las actualizaciones. Abracito para todos!

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FUTURE

Difícil olvidarse de vos, cuando ni siquiera hay recuerdos para borrar. De vos, solo tengo ideas en mi cabeza. Miles de ellas para seguirte inventando y la terquedad de no querer que se acabe la tinta de mi pluma, para dejar de hacerlo.

Tal vez sea el año nuevo, como un deseo casi de rodillas.

PROMESITA

Prométeme, Señorito, que me vas a decir todo eso que te molesta de mí, así me den ganas de llorar. Promételo, que aunque no parezca, yo soy una niña fuerte que carga pañuelos en la cajuela del carro y hasta en el bolso, así sean tan pequeños y estén tan llenos. Prefiero que me cuentes que te enoja sobremanera que te diga tantas cosas y que te moleste tanto, a que me respondas que te hice mala cara o que soy enojona. Tienes la desventaja, Señorito, que a vos todo se te nota y que en mí, todo es una película. Al fin y al cabo, y esto te lo digo en secreto, ya tengo aguja, hilo y retacitos de colores para coser el corazón. Ya sabemos los dos, porque también vos lo sabés, que ese es el único final, posible, para este amor.

TRISTEZA

Entró desde la punta de los pies hasta la cabeza, incluyendo todas esas cosas que se salen de la mitad, como las manos, las orejas y el pelo. Se siente su dolor por cada pedacito del cuerpo. Entró sin avisar, por culpa de ellos y de él. Se sintió empujar con fuerza la puerta y sigue ahí, tosiendo y en el malestar profundo que causa, casi como una gripa de esas que te ponen debajo de las cobijas, con el control del televisor en la mano. Tiene tantas cosas en qué pensar, que no piensa. Está englobada, con la nariz del corazón, y hasta del cerebro, tapadísima. Muchos mocos. Entró y no tiene ganas de salir. No todavía.

ENTIERRO

A veces hay que hacer entierros cuando nadie ni nada se ha muerto. Hay que enterrarlos para evitar que sus figuras sigan haciendo añicos el corazón. Y con los entierros viene hacer un duelo y entonces lograr que no duela más, pero también comprender que los muertos hay que dejarlos allá, en la muerte.

Enterrar a los que no están muertos y llevarlos al cuasi olvido. No importa si son familias, si son amigos, si son personas o incluso cosas. Que se los lleve la muerte y punto.

Desde hoy, a ellos, que a veces le sacan tantas lágrimas, una tumba a su tamaño. Que no duelan más. Hoy es el día de su muerte. Ya viene todo lo demás.

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El sonido del carro llega con la esperanza de que sea tu cuerpo el que viene ahí. Con tu cuerpo me conformo.

El sonido del carro se va con la esperanza de que fuera tu cuerpo el que venía ahí. Con tu cuerpo (suspiro y puntos suspensivos)

Y no.

Muy ilusa para pensarlo. El corazón no sabe de esas cosas. No tiene cabeza.

El sonido ese que llega con la esperanza, que se va con el cuerpo y el no. Deseos esos que se tienen en Navidad.

SUSPIRO SOSTENIDO SIN MÚSICA

Hay días en que repetir cosas en la cabeza es un compromiso ineludible de ésta con el corazón. Entonces se repiten historias y cosas que ya se habían pensado. Y se repite su nombre, que es aún cosa compleja, mucho más cuando ya se había dicho adiós. Lo que cree es que, las costumbres están tan pegadas del de la mitad, que salen por inercia y sin pensarlo. Inevitablemente y solo hasta que el olvido esté en un grado de esos en que el menos es usable.

La repetición de hoy: está ciego. Uno de esos con gafas oscuras que, sin embargo, alcanza unos cuantos colores, pero, y no importa si no se dice así, daltónicamente. Y está ciego porque se ha perdido de un montón de palabras y de besos y de ella. Vuelve su mirada que le delata y su corazón que estalla y que recuerda y que se devuelve. Está ciego, se repite ella. Y el día en que se quite las gafas, quizá, y leerlo como un quizá tautológico, su rojo… mejor ni nombrarlo.

Decirle adiós todavía está en camino, porque escribirle sigue siendo una maravilla. Tal vez antes de todo, ella se enamoró de decirle cosas y eso hace que siga ahí y aquí y hasta allá. Lástima o quien sabe. Hay que preguntarle a la de la M, que es la que inventa la C.

FRÍO

En un frío absoluto. Los pies congelados. Las manos que tiemblan. El pelo que tiene frizz. Y así en sucesiva. El único que se salva es el de rojo, y eso porque anda ocupado.

LA ABUELA

Hay días en que los muertos se pasean por la cabeza más de la dosis diaria que uno necesita de ellos. Entonces son como la cebolla, que te hacen salir las lágrimas así no tengas ganas de llorar. Eso, diríamos los nostálgicos, es una cuestión necesaria uno que otro día, más cuando el corazón está en esos días de estar rojísisisimo y un poco sensible. Cualquier cosa merece una atención al cien.

Esta tarde fue casi como devolverme en el tiempo (y eso que dicen por ahí que eso es imposible). Las épocas de la abuela. La abuela. Cuando ese señor llegó, en el carro que tiene desde cuando yo estaba pequeñita, y luego abrió la puerta y vi todos esos paquetes, fue imposible pensar en que, como todos los diciembres, era el regalo de la abuela. Entonces se acercó, trajo la cajita, y dijo un nombre que no era mi nombre, y  fue imposible no sentir que el corazón había sufrido una desilusión gigantesca. Más que gigantesca. Firmé una caja que nada tenía que ver con el tiempo en el que estaba en ese momento, léase unos quince años menos. Bien, exacto, ni era la época y mucho menos la abuela. La abuela, Mónica, hace mucho que se fue de este mundo. ¿Lo recuerdas?

Y ya no quiero escribir más. De hecho, hace unas cuatro líneas me perdí. Mmmm… tal vez mañana, o en 23 minutos. No sé.

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Espero que tu nombre aparezca en la ventana. Luego, que tu nombre salte con los muñequitos de messenger. Me encanta que los muñequitos salten y que tu nombre aparezca en la ventana. A veces, y si puedes es mejor que me expliques, apareces en esta cabeza loca de una manera inimaginable. Y entonces hay que cogerla con las manos y decirle que ya, que le pare, que hay que manejar a Avril, escribir en el blog y hasta ir de compras, aunque, y no sé si lo sabes, odie ir de compras.

Tu nombre en la cabeza, como dos muñequitos que saltan en mi mente. Tu nombre, como un pasajero que va desde la derecha a la izquierda y viceversa. En fin. Tienes la culpa.