ESA SEÑORA

De un momento a otro de la parte de atrás venían unas carcajadas de esas que se escuchan a varios metros de distancia. Y se reía y señalaba y le contestaba a la señora de adelante y le gritaba al conductor y le decía chistoso al hombre que cantaba. ‘Cantás muy bueno, qué talento’, algo así le dijo. Y luego se volvía a reir y hablaba sola y todos miraban para atrás y ella como si nada. Fue cuando el bus tuvo que voltear hacia otro lado, por eso del choque entre un ‘carrito’, según decía el cantaba, y una ‘motico’ y un ‘camioncito’, y al de la ‘motico’ se lo llevaron muy mal, ‘tal vez se muera’, fue lo último que dijo antes de bajarse. Y la señora se seguía riendo y había un trancón tan grande que todos empezaron a susurrar algo referente a él, algo así como unas quejas, pero la señora, la señora se seguía riendo, sola, mientras la miraban. La cosa era que entre más la miraran, más se reía. La señora de gafas decidió caminar, la señora de la carcajada le dijo, ‘pues que le rinda, pa’ eso tiene cuerpo de quinceañera’, y se echo a reir durante un minuto seguido con una risa que inundaba todo el bus y que la hacía moverse de adelante hacia atrás y de atrás hacia adelante. Después vino el señor que no tenía tiempo de esperar y para el una frase ‘usted si es muy berraco, que le rinda, porque yo si tengo mucha pereza’.

Tal vez estaba loca, es posible. Lo cierto es que hay gente osada, mientras otros se sonrojan por ella.

EL DÍA DEL CUMPLEAÑOS

Una última llamada. Estaba vivo, o eso escucharon detrás del celular, en realidad, debajo de un montón de tierra. Tal vez la prima no quiera borrar en mucho tiempo las llamadas recientes de su celular. La esperanza se mantenía, porque eso es como dice el cliché, lo último que se pierde. Sin embargo, bien lo dijo el periodista, cada hora ellos morían un poco. Tal vez el celular sonó varias veces debajo de la tierra, pero él ya no hacía parte de este mundo, no para contestarlo, ni para nada más. Paradójico, los objetos pueden sobrevivir, pero sin hombre, es también morir un poco.

Faltaba un día, mejor, menos de un día. Tenía 14 años y 365 días, si se tiene en cuenta que el 2008 es bisiesto. No le alcanzó para hacer un círculo que podría ser vicioso, incluso menos doloroso. Ahora hay que recordar por dos días seguidos durante una vida completa, según el familiar, a ese niño que murió un día antes de su cumpleaños. Y eso duele.

A veces creo que todos olvidaron que merecía vivir en tanto hombre. Lo querían salvar porque le faltaba un día para tener quince. Querían el cumpleaños, y es todo. Triste, tal vez. Exagero, podría ser una fuerza mayor para quererlo con vida.

Siempre he dicho que morir el día del cumpleaños puede ser una posibilidad interesante. La vida no quería el círculo para él, es posible. Si creen en Dios, podrían decir que él no lo quería. Está bien. Triste por lo pequeño, porque si miras, catorce no son muchos años. Bien, algunos viven poco. Una vez más se comprueba que para morir basta que se caiga la cama.

Requiem por él.

INVENTOS DE GUERRA

Llore cuando la vi llorar, y seguí llorando cada una de sus palabras, y me dolió tanto como le estaba doliendo, y me siguió doliendo cuando vi su foto, que no era real, que era inventada, que tenía photoshop. Me dolía tanto como a ella, e incluso más, porque ella todavía tiene en su cabeza un mundo de hadas, y en cambio, yo, en la mía, tengo un mundo real, cruento y escaso de imaginación. Y era la misma historia y le pasó lo mismo que me pasó, y se quedó sola, igual que yo, y no se acuerda de muchas cosas, como no me acuerdo yo, y a el de ella se lo llevaron primero, una bruja, le dijeron, y a mí, me lo quitaron de una, a sangre fría, y ella estaba pequeña, y yo estaba mucho más pequeña. Las dos los inventamos, aunque yo ya tuve tiempo para enterrarlo, para llorarlo, para hacer que no duela, no tanto. Ella apenas empieza. Y lloré con fuerza, con muchísima fuerza. Sé lo que es, sé lo que se siente, porque es así de simple.

En esta guerra, muchos de los hombres y mujeres, y de los heroes, son inventados.

UN POCO DE FRÍO

Había que buscar un plástico, pronto. No había problema con el color. Lo único que pedía era que no estuviera roto y en lo posible, sólo en lo posible, que le alcanzara para todo, desde arriba hasta abajo.

La lluvia lo había cogido desprevenido, de un momento a otro, sin ninguna posibilidad. Estaba dormido, cuando la gotera empezó a caerle encima del cachete, tanto que soño que le caía chocolate y que era tan simple como voltearse un poco y recibirlo caliente. No, un sueño de esos que cargan el deseo irreprimible, y para su caso, difícil de cumplir. Se hizo en la esquina de las dos paredes. Su mano izquierda haló la parte derecha del saco. Su mano derecha haló la parte izquierda. Quedó cruzado, como suele cruzarse la gente cuando tiene frio. Continuar leyendo

DE LÁGRIMA PARA ARRIBA

No pregunte, que preguntar hace que llore más. ¿No se ha dado cuenta que cuando las lágrimas se ponen en el ojo, escondidas un poco, no mucho, cualquier cosa las hace susceptibles de salir y salir y salir, sin medida siquiera? Después que sale una, las demás se van así no más, como si todas se antojaran de estar afuera, tanto que se vuelven incontrolables. Y entonces la cara se moja, la boca se moja, la nariz se moja, y se moja la camisa y la almohada y la cama y el celular, y se moja el corazón, sobre todo, que también, antojado por demás, le dan ganas de llorar.

El motivo puede ser cualquiera. Él puede ser suficiente, pero también está cualquier cosa que duela un poco, que chuce un poco, que hiera un poco, que le de la gana de causar lágrimas. Es tanto que incluso la cebolla hace que las lágrimas aparezcan y si se quiere, de ahí para arriba vienen infinitas lágrimas. Los ojos tienen que quedarse vacíos, porque de nada sirve llorar un poco, porque se ha de volver a llorar. Es mejor llorar de una vez, todo de una vez, de lágrima para arriba, todas las que sean necesarias.

Así que no pregunte, preguntar hace que quiera llorar, y lloraría toda la noche seguida, y mañana amanecería con los ojos hinchados y los cachetes rojos, y ya no tendría excusa para decirle que no fue usted el causante, pero que si lo hubiese sido, las razones podrían ser obvias. No pregunte, que usted no es lo suficientemente valiente para hacer que moje la almohada y borre su olor. Y no pregunte, que las lágrimas hay que ahorrarlas, porque nunca se sabe, pueden entrar en extinción. Y no pregunte, porque tiene ganas de llorar, y podría llorar por cualquier cosa, incluso, por el vacío que causa su nombre y la pared blanca que le queda al frente.

QUÉ LOS PÁRRAFOS SON CORTOS, MÓNICA

parrafos.jpg

Todos me repiten lo mismo. Mónica, por qué no escribes párrafos más cortos. Mónica, tenés párrafos muy largos. Mónica, qué es eso, tan largo. Y ellos no entienden que no es que yo quiera hacer párrafos largos, sino que ellos quieren ser largos. Yo no escribo, realmente, eso se va escribiendo en una especie de complicidad entre mis manos y mi mente, y resulta que no soy capaz de parar, hasta cuando a alguno de los dos le da por parar, es decir, para ellos puede ser muy fácil poner su dedo en el enter, para mí, es dificilísimo, porque yo hago eso, sólo cuando siento un chuzón pequeñito que dice, ya, parte ya. Y ellos no lo entienden, no. Y yo si les entiendo, pero es que no quiero hacerlo, mejor, el corazón y la mente y la cabeza y las manos sienten un cosquilleo extraño, y les duele, extrañamente, les duele. Sí, yo quisiera complacérles, pero no soy yo la que mando. No. Además, no soy la primera, ni seré la última, en escribir un párrafo del tamaño de la luna.
Continuar leyendo

,,,

Las comas son bonitas. Una pequeña pausa, ni muy grande, ni muy pequeñísima. Pequeña, nada más. A veces me gusta poner comas en cualquier parte, para que el que lee pare cuando yo quiero, y no cuando el quiera. No siempre funciona y no a todos les gusta. Los profesores las viven quitando. No entienden, no mucho, que es una manera de poner comas en esta vida, , aunque no se logre cada vez. No. Una coma que haga una pausa pequeña, no muy grande, entre el próximo minuto y éste, entre el próximo día y éste, entre el próximo pensamiento y éste. Lo que si creo es que el corazón tiene varias comas seguidas, porque el vacío parece una pausa gigantesca. No sé, es posible. Una coma más una coma, son dos comas, por tanto, dos pausas, es decir, la suma de una pausa pequeña, más una pausa pequeña, lo que daría una pausa pequeña dos veces, quizá entonces no tan pequeña.

El vacío duele, no duele, es inexplicable. Algo así como tratar de describir el dolor. Duele el oído. Está en conflicto y no quiere negociar. Ya le dije, varias veces, que preferiría que esperara hasta mañana. ¿Cómo duele, podría describirlo? Duele como un dolor ahí, que insiste. Otra vez, por favor. Duele como una hormiga que camina y luego un poco de aire y después no sé, como cuando te duele una rodilla. Duele, no más, ¿lo comprendes? No sé, tal vez. ¿Sabes qué es querer llorar inexplicablemente? Es difícil. Es como el dolor, difícil de describir. Cuando el corazón siente vacío hay algo que sucede. Nostalgia, tal vez. Soledad, es posible. Cansancio, un poco. Sueño, mucho. Duele ahí, justo donde quieres que alguien te pregunte, ¿quieres que te acompañe a pensar? Sí, si quiero. Podemos hacer silencio y mirar hacia arriba. No tienes que hablar, preferiría que te quedaras callado, toda la noche, incluso.

Cuando descubrí que incluso existía deje de entender como vivía antes sin él. Tengo tres comas en el corazón.

POR ACUMULACIÓN

Miles de delirios acumulados y una cara absorta, blanquísimamente oscura. Un corazón pequeño, deshabitado, y unas tremendas ganas de reír. Amo el dolor por su profundo resentimiento contra el cuerpo. Amo el silencio por su falta de dolor. Ando perdida la mayoría de las veces, pero cuerda más que cualquier insensato. Es ella, casi siempre, pero también son ellos y yo, y esos otros.

OÍDOS

 oidos2.jpg

Me duelen los oídos tanto que quisiera prestarlos un rato y desentenderme de ellos un buen espacio de tiempo, mejor, desoirme de ellos, haber si de pronto mis manos dejan de desear llegar hasta allá y moverlos bruscamente. Los oídos no entienden que me tienen cansada de sus gritos ahogados y silenciosos que me alejan del mundo y hacen que la cabeza tenga que doler. Si alguien quiere, se los puedo prestar un poco.

¿DÓNDE ESTÁ EL GATITO?

El gatito puede estar en cualquier parte. ¿Buscaste debajo de la almohada? No estaba. ¿Y en la sala? Tampoco. El gatito puede estar tomando leche. No, no hay leche. ¿Por qué no compras leche? Está muy lejos la tienda. ¿Dónde lo viste la última vez? Estaba contigo, muy cerca de dónde quisiera estar yo.