PAN PETER

Los nombres aparecen al revés. Primero, por lo general, nos preguntan por el apellido. ¿Su apellido? Quintero Restrepo. Y después, el nombre. Mónica. Y lo llaman por el apellido, muchas veces, como si viviéramos en un constante campo militar. ¿Quintero Restrepo? Sí, aquí estoy. Comprendemos, por supuesto. En las listas de clase, por ejemplo, ordenan por apellidos. Cuando estaba en la escuela, en los primeros años, era por el nombre. Era mejor, pensaba, porque la M siempre está más arriba que la Q. Y el cambio es sustancial. Había una compañera que si ordenaban la lista por el nombre quedaba de primera, y si lo hacían por el apellido, era la última. Eso depende. Si era para un confite era mejor el uno, pero si era para recitar la lección, el 30, por supuesto.

Nombrar por los apellidos es despectivo. Un espacio más grande entre quien llama y quien responde. Casi lo mismo que cuando alguien que por mucho tiempo te ha dicho Moni, Monita, Monique, Monik, Moni moni, Mon, Quinterito, Mona, y en fin, de repente, te dice, Mónica. Suena raro, no, rarísimo. Luego le miras, de frente, y haces una cara tipo ‘ouch’ y le preguntas, ¿te pasa algo? Sí, por lo general, pasa algo. Si es tu jefe, está enojado, hiciste algo mal, no le gustó eso o aquello, o están en desacuerdo. Si es el amigo, algo pasó, te está ‘odiando’ un poco o te va a reclamar por algo.  Si es la mamá, de seguro, hay un regaño. Y así, según la persona. El nombre y como lo digan y jueguen con él, trae consigo una carga emocional. No pequeña.

Los apellidos recuerdan a la mamá y al papá. El primero, el del papá. El segundo, el de la mamá. Las casadas, en Colombia, de y asumen el del esposo, como si fueran de él. En Estados Unidos, el del esposo, y la mamá y el papá, como dirían coloquialmente, a freír espárragos. Mis amigos no creen que mis hijos, sí es que se inventarán alguna vez,  deberán tener el apellido de la mamá primero. Sí, será una pelea larga, pero merecida. La mamá es, sin demeritar la necesidad del papá no solo para hacer el cigoto, sino para crecer, quien da, desde el principio, toda la vida a su hijo, empezando por el cuerpo. Bien, hay mamás de mamás. Y es una posición un poco feminista, pero uno podría decir que llevar de primero el apellido del papá, es una posición machista. Entonces, solución, si son dos hijos, se divide el derecho (Eso sí, yo, si acaso, uno). En fin. Creo que el apellido tiene algo, intrínseco, que separa. Tal vez incluso por el tono de voz que suelen asumir los profesores cuando llaman a lista: (Tono serio, rígido, fuerte. Los que tienen gafas miran por encima de ellas) ¿¡Quintero Restrepo!? ¡Presente! Ja! Presente. ¿Y el nombre, profesor? ¿Dónde diablos queda el nombre?

Después, en la sociedad del control de Foucault, aprendí que somos un número. Y para todo. Consultar el dinero en la cuenta del banco, la cédula. Pasar la tarjeta de puntos en un super mercado, la cédula. Una cita médica, la cédula. El carro al taller, la cédula. Y así en sucesiva, la cédula. Más despectivo aún. Solo falta que en las tumbas, en lugar de nombres y apellidos, pongan la cédula, para que entonces además de preguntarse, quién sería Mónica Quintero Restrepo, también haya que preguntarse, cómo se llamaría, que podría, por supuesto, ser hombre o mujer, porque con la cédula eso queda reducido a un severendo pepino.

En fin. Todo lo que se gastan los papás pensando el nombre de los hijos. Y todo lo que significa tener un nombre, y llamarse de uno y no de otro, y tener un apellido y no otro. Sobre el apellido dirían que es el linaje familiar. A mí, por el contrario, me parece que se reduce a recordar a la familia, y a sentirse, además, un poco más lejano de quien se ‘atreve’ a llamarnos así. Cuestión de confianza, dirían algunos. Y es también una cosa díficil, que da pena, cuando los amigos preguntan, ¿no te sabes mi apellido? ¿Haber, cuál es el segundo?

Y para cerrar lo de los apellidos, y hablar por fin de lo que queríamos hablar, tendríamos que decir, Pan Peter, ¿estás por ahí?

Retomemos la frase: Decidir es difícil, más cuando hay dos amores de por medio, y, sobre todo, dos caminos distintos. Peter Pan, en ese caso, tenía razón.

Era más fácil quedarse pequeños. El mundo se veía muy grande. Mirar desde abajo, es distinto. Los papás se ven gigantes. Casi para cada cosa hay una respuesta. Cuando estás chiqui, los papás muertos suelen aparecerse con frecuencia en los sueños y te cuentan eso que, quienes están con los pies en la tierra no pueden decir. Y los puedes abrazar, y por tanto, te hacen menos falta. En cambio, cuando te haces grande, es como si todo creciera con uno. Hasta los muertos. Las fotos, por ejemplo, son cada vez más viejas y empiezan a colorearse diferente. Los amigos están más lejanos. Cada uno tiene muchas cosas que hacer, y ya, por lo general, no van a la escuela (universidad o trabajo para el caso) contigo. Debes aprender a hablar por celular y buscar formas económicas de hacerlo, y también, aprender a escribir en el messenger, y a tener paciencia, porque si tus amigos son como uno que yo tengo, alias Crazy, u otra, Carrito, puede pasar media hora para obtener cinco frases y un mensaje con sentido. Bueno, hay casos. Algunos, y a veces, son más rápidos. La cosa es que aprendimos a hacer muchas cosas al tiempo. A veces me pregunto que irá a pasar cuando tengamos setenta. La verdad es que mi abuelita se ve chistosa frente al computador. En fin.

Cuando éramos niños, siempre había tiempo para los amigos y para jugar. Ahora la vida es monótona, y se siente entrar la vida adulta con pasos gigantescos. Algo similar a cuando la gripa entra y se siente y uno dice, “me entró la enfermedad”, y luego viene la estornudadera. Una señal de estar grande, aún con 22: las cuentas empiezan a llegar a tu nombre. Otra más, la mamá ya no te acompaña a la entrevista de trabajo, y tienes que enfrentar al jefe solo, aunque por dentro, estés congelado. Una nueva: tus amigos todavía son estudiantes. Y la máxima, tener que tomar decisiones. Es difícil, mejor, altamente dificilísimo. De seguro tanto como quien inventó la palabra vaca. Pudo, perfectamente, crearla con b: baca. Una decisión difícil.  Y es así, porque todo trae consecuencias. La gente puede enojarse y ello, muchas veces, duele. Si ya no te dicen Moni, sino Mónica, es una puñalada, por cada Mónica, en el de rojo. Si te omiten de los chistes, de los correos y de la vida, se vuelve molesto, y es una molestia, sobre todo, por dolor. Bien, eso depende de quién lo haga. A veces, suena infantil (es una infantileza), y duele más.

Las decisiones son difíciles por todo lo que acarrean. Las decisiones no necesariamente son asertivas. Nos podemos equivocar, y equivocarse, por supuesto, hace huecos hondos en el orgullo. Eso de que a Dios se le hubiese olvidado darnos el don de devolver el tiempo pesa mucho más (Sí, no se le olvidó. Prefirió omitirlo). Equivocarse es algo no deseable, aunque al final estemos de acuerdo y dando gracias por la equivocación. Se aprende, y mucho, y aprender con dolor es hacer marcas indelebles que chuzan cada vez que estamos cerca de la repetición. Es la vida, quizá, y equivocarse, no es de humanos, es de la vida, de todas las pruebas que se inventa para dar emoción.

Y tomar decisiones es también una manera de hacer giros en el camino en la búsqueda de esa que es esquiva, y utópica, por demás. La felicidad. También, la decisión puede ser la correcta. A veces es una necesidad de hacer que la vida se sacuda, así no pase nada. Por ahí, no lo recuerdo, alguien decía que al corazón hay que seguirlo, porque no se equivoca. Yo, por lo menos, no he logrado entenderlo. Simplemente, a veces, hay cosas que entiendo debo hacer, no sé de dónde ni por qué, que estoy segura, mínimo, debo intentar, o de lo contrario, quedaría con la sensación, para siempre, de ¿qué hubiera pasado sí…?

Cuando Eduardo murió habían dos opciones. La primera, no morir, y ver crecer a Mónica. De seguro, ella sería atea, izquierdista (no porque ahora no lo sea. Tampoco que lo sea. Después les explico la dualidad) y no le tendría miedo a la política. De pronto, no sería periodista, nunca se sabe. La segunda, era morir. Así fue. Y aunque él no decidió, sino la vida, fueron dos caminos, distintos, influenciando de manera diferente la vida de otros. En las decisiones, muchos están incluidos, pero eso no implica no poder decidir. Igual, sin ser egoísta, lo importante es la vida propia. Por ella, si es que al final pasa algo, es por la que hay que responder. En fin. Muchas ideas de superación personal.

Sería más fácil darle la razón a Peter Pan. No crecer puede ser increíble, pero aburrido. Sería casi como ser eternos. Crecer tiene sus consecuencias. Sentirse con más años, causa algo, no sé qué exactamente, en la cabeza, que da un poco de susto-repulsión. A veces, por supuesto, se desearía ser Peter Pan, o avestruz. Y a veces, simplemente, es cuestión de creer, y sobre todo, de saber que los ojos tienen un color hermoso.

Peter Pan, por tanto, no siempre tiene la razón.

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Pd: Puedo asegurar mis buenas intenciones de escribir, máximo, tres párrafos. ¿Qué dicen ustedes? ¿Les gustaría ser Peter Pan?

9 comments

  1. Carolina Henao   •  

    Mi monita linda que diferente seria si estuviéramos mas cerca, seguir dándole azúcar a las nubes para que no lloviera jajajaja tu me entiendes. Aunque la vida se encargo de colocarnos tan lejitos, ella misma se encargo que la amistad tan grande que hay entre las dos crezca y crezca un poquito mas cada día. Y prometido no hacerte esperar más en el Messenger. Moni se le quiere y se le extraña un montón.

  2. Jhoanna   •  

    Me gusto arto lo q escribiste: D
    :D :D:D
    En el transcurso de la vida sobre todos cuando se es adolecente hay ratos donde se anhela el mundo de Peter Pan; cuando se siente el peso de las responsabilidades de ser un adulto para la sociedad ,te comienzas a agobiar, y quisieras decir solo trágame tierra o “papi, mami help meee!!”.Pero ya ves no todo es tan malo crecer tienes sus lados positivos(eso dicen las malas lenguas), aunque todavía no los conozco apenas voy en proceso pero ya me pesa a pedacitos ..jejeje

  3. Natalia Sánchez Cano   •  

    leer tus columnas es cada dia mas interesante y entretenido, esas visiones tan autenticas de ver la vida solo hacen que pequeñas cosas terminen siendo un maletón de anecdotas vividas, contadas asi no sean tuyas en primera persona. te felicito y te doy gracias por acercarme a un periodismo con mas sentido…

  4. Juliana   •  

    La mejor etapa de la vida (por cuestiones de preocupaciones y de encontrar respuestas) es la niñez, pero cuando somos adolescentes o cuando somos adultos, vivimos cosas maravillosas que antes no nos hubieran hecho sentir nada. Unas por otras…

  5. DIEGO HENAO   •  

    Hay mi Moni, d verdad que es dificil hacerse grande y mucho mas cuando creces solo (relativamente), pero es una experiencia( mas que un reto) y al cabo de un tiempo vamos a saber tomar las desiciones adecuadas y sabremos cual camino es el que debemos tomar… En fin el hecho es vivir y ya y duele saber que jamás volveremos a ser chicos y lo que no hagamos nosotros mismos, creeme que nadie lo hará.

  6. Camila Avril Camila Avril   •     Autor

    Sí, tienen razón.
    Johanna: Cómo no adentrarse en esos pedacitos que nos pesan, sumergirse en ellos, derretirse con ellos.
    Natalia: Bienvenida a esta locura de blog!
    Juliana: Por ahí me dijeron que uno en todo no tiene que ganar. Unas por otras, por supuesto. Además, aunque ser niños es fantástico, sería aburridísimo serlo toda la vida. Lo chistoso es que cuando estamos chiqui, siempre soñamos con tener más años :) Ahora, siempre hay un niño con nosotros, o debe haberlo, que nos permita sonreír.
    Diego: Gordito, gordito, la vida está para abrazarla y sacarle la lengua, a nuestro estilo.

    En fin. ¡Me gusta conversar con ustedes! Gracias por pasarse por aquí

  7. JAVIER OSORIO   •  

    Mi mone, como lo puse algunos dias en mi facebook “AUN DUERMO CON PETER PAN A MI LADO ” es importante crecer fisica y sicologicamente, pero sin dejar de tener ese “pela´o” muy dentro de cada uno de nosotros que nos obliga a tener ganas de cada dia exprimentar algo nuevo.
    Cada vez que leo tu blog en cada parrafo me transporto tenes la capsula para hacer volar la mente y ponerla en otro estado jejeje es bueno tambien ser loco….

  8. Camila Avril Camila Avril   •     Autor

    Javi, me alegra q eso te suceda!! Así debe ser! :) jeje

  9. Natalia   •  

    De las muchas cosas que he leído, en especial hoy que estoy frente a la PC en la oficina y no he hecho nada (pobre de quellos que depende mi trabajo, en fin… aun cuando s elo merecen), esta es la más interesante y hermosa que le leído. Por demás ya lo había hecho pero hasta hoy le encontre un encanto único y la verdad me identifique tanto… muchas gracias a Mónica y/o Camila.

    Y, no y sí, a veces, me gustaría ser Peter Pan, por lo mneos para salir y olvidar las obligaciones y el dolor del pasado y que todo importara un pito… cataplummmm!!!.

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