PARADOJA

Falta de carácter, eso es, le dijo directo, así como es ella. Eso es lo que tenéss Alfredo, no le busques, y el problema, señor, es que para ello, no hay remedio, bueno, no con esa cara que tiene. Él solo la miraba, con la pestaña un poco hacia arriba y la boca torcida. Sí, con esa mirada que tiene ahora y con la que trata de decirme que no tengo la razón, pero se equivoca, señor, si la tengo y si quiere, además, se lo puedo demostrar. ¿Qué cómo? Es sencillo Alfredo, si no ha sido capaz de decirle a su esposa que está interesado en cambiarla, en irse de la casa, en no mirarla más, y además, en sentarse a llorar un rato, lo que usted tiene, en efecto, es falta de caracter. Ah! ¿Qué cómo lo sé? Un poco de bruja, qué dicen, pero no se preocupe, yo no le voy a decir a María que usted tiene falta de carácter y que ya no la quiere. No. Eso no me toca a mí. Y si me pregunta de dónde aprendí a adivinar esas vainas, entonces yo le diré que no sea metido, que baje la ceja y que me crea, como por inercia. Señor Alfredo, usted tiene falta de caracter, de lo contrario, ya me hubiese hijueputiado, cerrado la puerta e ido, y no, en cambio, sigue ahí, como si en la boca lo hubiesen anestesiado, pero no se preocupe Alfredo, mañana, podemos seguir conversando. Y se va.

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