PAVIMENTO

Pasar sobre el pavimento recién puesto se siente distinto, que hacerlo sobre el pavimento que lleva muchos años. No es lo mismo. Es mejor el pavimento que todavía está negrito, aunque el pavimento que lleva muchos años, sea mejor que una carretera sin él. Y pensar que todavía hay muchos lugares y muchas personas que tienen que pasar por carreteras destapadas -lo cual significa que pavimento es igual a tapar). Mi abuela, por ejemplo. Ella está viejita, pero le gusta la finca. A la finca, tres cuartos del camino están sin pavimentar, se va en chiva o jeep. Y hay polvo, o al contrario, pantano. No se sabe qué es peor. Mi abuela madruga para irse, cuando se tiene que ir para la finca, para coger un buen puesto. Cuando hablo de madrugar es que se va a sentar una hora, o más, antes de la hora en el que sale el carro. Ella dice que es porque está vieja y necesita un puesto que se mueva menos, que la haga batir menos, no significa que no la bata mucho, en el camino. Y si es así, entonces habría que decir que mi abuela se demora el doble de lo que normalmente se podría ir a la finca, por culpa de la carretera. Si estuviera con el pavimento negrito o no negrito, sería media hora llegando a la finca. Sin él, léase una hora y media, más otra de espera, dos y media.

El pavimento es un buen invento, y una palabra difícil, también. A veces, decimos paimento, y uno podría pensar, a primera vista, por supuesto, que suena mejor. Lo mismo, paimentar, en lugar de pavimentar. Solo que si lo repites varias veces, en definitiva, es más bonito, pavimentar, pavimento, pavimentemos. Y la boca se pone distinta, y el ruidito en los labios, es distinto, juguetón. En fin.

A veces uno va caminando y se le ocurren cosas. Las calles las pavimentan. A las carreteras  les arreglan partes donde el pavimento se le ha dañado. Y en general, los que vivimos en ciudades, por ejemplo, estamos acostumbrados a vivir sobre el pavimento.  Y de esas ocurrencias, como niña chiquita que pregunta, se me ocurre, valga la repetición, cómo logra una ciudad tan grande hacerse pavimentada. Me explico. A los que le tocó ver pavimentar la ciudad, tienen el proceso. A los que no, tenemos el hecho. Algo así como si de cero se pasara a diez, en un salto de diez, y no de uno en uno. Si para pavimentar una calle, la cierran, por ejemplo, para pavimentar la ciudad, debieron cerrar la ciudad. Está bien, la pueden pavimentar por partes, pero tiene que haber un momento en el tiempo, en que la ciudad, por arte de magia incluso, esté toda pavimentada. Sí, hay lugares que todavía no tienen pavimento, pero en su mayoría, el pavimento es algo ahí.

Pasa que cuando aprendemos a convivir con las cosas, cuando se vuelven cotidianas, pocas veces volvemos a ellas, a pensarlas, a tocarlas, a sentir la diferencia. Pasar sobre el pavimento negrito, recién puesto, siempre será una sensación suave, maravillosa, repetible.  Alguna vez la ciudad debió estar toda pavimentada negrita. Bien, el inicio de ciudad, porque la ciudad es como el  pavimento, siempre hay un pedacito más, que está nuevo, o que está en negrito, o que puede ser un posible negrito, o un posible pedazo más de ciudad.

Hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres, diría el poeta, pero hay días, también, en que somos ingenuos, tan ingenuos, que el pavimento, sin dejar de ser pavimento, nos desvía del amor. Pavimento en el sentido de escribir sobre lo cotidiano, de pensar sobre lo que está ahí, y que por costumbre, sigue ahí, como si nada, como si no fuera lo suficientemente indispensable.

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