Rulfo

IMG_5605A veces me quiere. Se hace en el único hueco que queda entre la almohada y yo. No es para que me corra, es para que le sirva de pared. Si voy a dormir no me puedo mover, porque como me muevo si él eligió ese pedazo de cama, aunque hubiera otros. Mi mamá me dice que lo corra, pero cómo lo voy a correr si está dormido, tan cómodo. A veces no me quiere, me mira y se va a dormir al sofá, solo. No me molestes M, y me pone la pata en la cara. Los gatos sí saben para qué es la soledad. Supongo.

A mi mamá la despierta a las 5:30. Él sabe que ya se va a levantar, entonces empieza a decir miau, suavecito, y da vueltas canelas contra la puerta. En realidad es para que le abra el balcón y le dé atún. Si mi mamá no está, a mí me despierta a las 7:30, no porque sepa que me voy a levantar, sino porque ya se aburrió. Aunque si el despertador suena antes, él empieza a decir miau, porque el despertador oficial es él. Ni más faltaba.

El balcón es lo más importante. Se cree un spidercat. El vecino dice que mi gato es muy tremendo, que lo ve casi trepado hasta el techo. Cierto, pregunta el vecino, y yo le digo que sí, por responderle algo. A mí me gusta que sea un gato araña, la verdad. En el balcón mira el mundo: el árbol, los carros que pasan, la señora que pasa, el pájaro que pasa. En el balcón se baña, sobre todo cuando yo lo ensucio con algún producto para limpiar gatos en seco. En el balcón recibe el sol y duerme, a veces. Desde el otro balcón, detrás del vidrio, ve a un gato y se esponja, aparecen pelos de donde uno nunca los había visto, y va y viene, furioso, porque qué hace ese gato ahí, tan tranquilo, si esta es su casa. Y chilla, feo, furioso, que mejor me escondo porque que tal que me confunda. Luego el gato se va y él se queda toda la tarde mirando al balcón, por si vuelve a aparecer.

Al mediodía no se le puede mirar. Está muy ocupado. A esa hora no es capaz de abrir los ojos, le pesa todo. Dormir es lo que más le gusta hacer, después del atún y antes que el balcón.

Se cree portero y va detrás de la pelota. Su juguete favorito es cualquier cosa redonda. A veces las atrapa en el vuelo. Se cansa rápido. Eso solo es divertido un par de minutos. Nada más. La etóloga dijo que es como uno de esos niños hiperactivos que necesitan varios juegos al tiempo. Pierden la atención muy fácil.

Le gusta morder. No aprendió, porque su mamá se murió cuando era un bebé. No mide su fuerza y entonces se esconde debajo de la cama y cuando pasas, pum, te ataca. Muerde con esos colmillos afilados. Está jugando, y el amor duele, también. Es un perro. Por una galleta da la mano y se sienta.

Si de pronto hay mucho silencio, cuidado, quizá esté planeando tumbar los libros de la biblioteca, o tirar, uno a uno, cada objeto que hay en la tabla del baño, frente al espejo. Esa manía de tumbar cosas. Tan divertido.

Por la noche, cuando ya voy a llegar, me espera en el balcón.

Le gusta el arequipe, la lecherita, el yogur, la torta. En eso nos parecemos. En el dulce.

Eso es un gato. Puro amor.

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