SE ENDIABLÓ RIOSUCIO

Pies chiquitos, grandes, medianos, blancos, negros, morenos, menos morenos. Muchos y, por lo general, moviéndose con un pasito suave y disimulado, al ritmo de la música de alguna chirimía. Y desde allí, la gente que espera ansiosa, que se mueve de los andenes y se toma un poco de la calle, solo para encontrarse por adelantado con su majestad el Diablo del Carnaval. 

Es sábado en la noche, día en que por fin, el Diablo, después de recorrer las calles de Riosucio, su pueblo amado, se toma las riendas de la fiesta. Él, se mueve lento,  saluda, se deja tomar fotos, echa fuego por la boca y va acompañado de una corte de hombres con tridente, caravanas, disfraces sueltos y otros diablitos, diablillos o diablotes. Ellos, las personas, incluso con la boca abierta, algunos con lágrimas en los ojos, le dan la bienvenida. Por fin, el Diablo anda entre ellos, con ellos, y tal vez, para ellos.

“Con el Diablo entra el espíritu de la inspiración, del perdón, del disfrute”, cuenta Álvaro Gartner, matachín y miembro de la junta del Carnaval. El Presidente de ella, Róger López Gartner, explica: “aquí es donde viene el símbolo de la unión y da permiso para que los dos pueblos, el de Quiebralomo y la Montaña, hagan su fiesta en paz”. 

Suena la culebra, símbolo de la alegría. El Diablo ya está allí, donde lo esperan miles de pies, tanto, que desde abajo, solo un tumulto que se mueve, y que a veces, deja un espacio entre el suelo y las suelas de los zapatos. Desde arriba, los ponchos y las manos que se agitan con energía y una boca, que con constancia y repetidas veces, entona a  todo pulmón el himno del Carnaval. Entonces se ubica en el atrio de la Plaza de San Sebastián, de frente al proscenio. Y le saludan y saluda a todos y cada uno, de los que tienen el corazón y el alma, más agitado de lo normal.

Un saludo corto, “porque la gente está esperando ver las caravanas y la programación adicional, pero sintetizamos en el saludo, primero la situación de la junta, lo que se está viviendo en el Carnaval, la alegría, el derroche de entusiasmo y la situación del país”, señala López. 

Siquiera que el presupuesto del Carnaval, no lo metieron en una pirámide, se le escuchó a su majestad.  El Diablo, siempre con una carcajada diablesca, gruesa, larga y característica, con la que el pueblo se emociona, casi, como si fuera energía para continuar. Sobre el saludo, el Presidente añadió: “Le cuento que uno se siente no solamente transformado, sino que es un orgullo tan grande, que es casi que indescriptible. Definirlo sería limitarlo”. 

Su majestad se para, mueve la cabeza, la mano, echa fuego por la boca y abre las alas, para quedar, en horizontal, casi de ocho metros. Al final, dice el Presidente de la Junta del Carnaval: “Ahora sí, Diablo lindo, te doy la bienvenida”, y el Diablo que responde: “Yo ordeno que haya alegría (…)  Que no tomen más a porfía y sigan la tradición (…)” y le vuelven a cantar y él a carcajear. 

“Hay dos momentos diferentes e importantes. Uno, cuando llegan con el Diablo a la cabeza del desfile, que empiezan a develarlo, que viene envuelto en cortinas. Crece una sensación de expectativa y empieza a resonar el himno del Carnaval. Si no hay una chirimía, la gente lo entona acapela. El otro es el momento cuando llega a la Plaza de San Sebastián, cuando la gente empieza a saltar y a volear los ponchos y los sombreros. Son momentos muy emocionantes. Hay gente que se ve llorando”, expresa Álvaro Gartner. 

De desacuerdos y caravanas

Del Diablo, siempre se escuchan cosas. Todos los años es casi lo mismo. Este sábado, no fue la excepción: “¡Qué Diablo tan feo!” “¡Qué Diablo tan pequeño!” “Ya viene, y es negro”. “Parece un gato”. “Era mejor el del año pasado”. “Bueno, es distinto al tradicional” “Noo, está bonito”. Y en fin. Por ahí, alguno se atrevió a decir que la lluvia, que fue corta y sin muchas goteras, era porque el Diablo estaba triste, porque no le había gustado la efigie. 

“El pueblo se divide entre los que les gusta y los que no, pero uno está preparado para ello. El que sepa de Carnaval sabe que en esa efigie están las tres etnias que aportaron al Carnaval, completamente representadas”, indica el Presidente de la Junta.

En la entrada de su majestad, las caravanas le acompañan. Ellas son cuadrillas nocturnas (grupo de personas que se disfraza alrededor de un tema), que se constituyen en lo más tradicional y autóctono del Carnaval. “La caravana siempre salía, y sale, el sábado de Carnaval, con las personas que de pronto no tenían un disfraz costoso para ponerse el domingo, entonces hacían un disfraz más sencillo”, comenta Luz Mery Trejos, carnavalera. 

Después de que el Diablo llega y saluda, las caravanas se presentan en el tablado y entonan canciones con letras picarescas. Las pitonisas, una de las caravanas, cantó así: “Somos unas pitonisas / que se quieren divertir/ con barajas y con bolas miramos el porvenir / ayudamos a los hombres/ que pasan de cierta edad/ a que la cosa funcione/ pa’ que puedan parrandiar”. Y una más: “Si el presidente Uribe/ quiere pues continuar/ le vendemos un rezo/ que no podrá fallar”. 

Saludando a Riosucio 

Las colonias, también entraron, pero el sábado en la tarde. Un desfile colorido, largo, con mucho baile y movimiento de mano. Se trata de regresar, de que todos esos riosuceños que se fueron algún día, que ya viven fuera, vuelven a su pueblo y le saludan. A cambio, toda la alegría, los disfraces y algunas sorpresas con las que llegan.

Desde payasos, pasando por chivas hechas de personas, hombres disfrazados de mujer,  los personajes del chavo y hasta el presidente Uribe y Piedad Córdoba, se pasearon por las calles de Riosucio.

El Diablo, ya está aquí. Ahora vigila a todas las personas que se gozan, minuto a minuto, cada cosa de la fiesta, y estará aquí, entre los riosuceños y los muchos foráneos que vinieron a verlo, hasta el próximo miércoles, cuando leerá su testamento, se quejará de lo que pasó, felicitará un poco, le responderá a la gente las preguntas, y luego, será quemado, y regresará, por dos años más, al averno. Mientras tanto, que salten y bailen y por ahí derecho, que no puede faltar: “Salve, salve placer de la vida”.

4 comments

  1. ociopintoresco   •  

    Que bueno el carnaval de riosucio! tengo dos tíos que llevan 30 años (osea 15) yendo y son felices. ciao

  2. jose marin   •  

    lastima que el simbolo de las fiestas que es el diablo fue elavorado con tampoco arte creo que en riosucio tenemos artistas que lo pudieron hacer mejor que lunar tan grande

  3. Daniel Díaz   •  

    Aunque siempre hay división en el pueblo para aceptar el diablo en cada Carnaval… en esta versión fuimos más los inconformes pero aprendí que no necesitamos del diablo para saber que estamos en el Carnaval de Riosucio y que la pasamos muy bueno.

  4. lorena diaz   •  

    hola en verdad ese diablo estuvo muy feo pero el resto de las actividades si me gustaron.Espero que en los otros carnavales esten mucho mejor.
    cali.

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