Tres

Uno

IMG_00475 de mayo. No llegaste. Era una cita programada en el futuro, pero ni vos ni el futuro llegaron. Nunca. Ni siquiera a destiempo. Tampoco llegó ese miércoles, ni nos tomamos la foto que nos íbamos a tomar. No. Con vos el tiempo se estancó esa noche en que escogiste ir hacia el otro lado, y las palabras dichas, y las no dichas, se quedaron en el cliché del viento. Tan difícil mirarlo en perspectiva, en pasado, y no haber entendido que cada quien tiene vidas paralelas de las que no nos damos cuenta hasta que explotan, de pronto. Eso lo aprendí con una M, que me ha acabado las minas de los portaminas, que me ha enseñado a partir de la tristeza, que equivocarse tiene consecuencias. Con vos, por ejemplo, me equivoqué. Porque uno no debe creerle al futuro. Yo no te vi en mi futuro hasta ese día que hablaste del 5 de mayo. Éramos tan distintos, tanto. Y luego pasó la cita del futuro y yo me vi ahí, con vos, en ese día, en esa silla. A un curioso como yo no se le puede decir que se le va a decir algo en el futuro. Porque esas cosas no se olvidan y pasan a un tiempo difícil de pronunciar: pospretérito. Qué me irías a decir, ¿ah? No llegamos, sin embargo. Pasó un humo extraño. Te habías ido. Eras pasado, nunca presente. Después aprendí a odiar cada cosa en donde estuvimos: el parquecito, la silla, la esquina de la cerveza, la calle de atrás, los perros con queso, los edificios dibujados, la pelota del gato.
Y al 5 de mayo. Hay días muertos.

Dos

Voy a merodear
en vos.
A esconderme detrás de tu oreja
y a decirte,
qué voy a decirte,
si con vos
no hay palabras.
Con vos hay silencio.
Hacemos silencio,
vos adelante, yo atrás,
como el fantasma que me he vuelto.
No estoy, pero estoy,
en el mismo segundo.
Lo sabes.
Lo sé.
Lo saben ellos y el gato.
Me he ido,
y no me he ido, al mismo tiempo.
Voy a merodearte,
en mi silencio,
y en esta contradicción:
querernos, y no querernos,
en el mismo tiempo.
A la misma hora.
En la misma coordenada.
Soy un fantasma,
que merodea adentro y atrás.

Tres
La M, dice el diccionario, es la decimotercera letra del abecedario español, que representa, y he aquí la palabra rara, el fonemaconsonántico nasal bilabial. No entiendas, no importa. Cuento las letras del abecedario en mis dedos: tiene razón el diccionario, la M es la decimotercera letra de ese abecedario. Del mío, en cambio, es la primera de ese nombre con el que me llaman a veces, y también la séptima. Vos sos la séptima letra de mi abecedario, que representa, y he aquí mi mundo raro, la imposibilidad de coincidir en el mismo tiempo y en el mismo espacio, en el mismo segundo. La posibilidad de querernos a veces y de odiarnos a veces también, en el mismo microsegundo. Los dos idiomas, el de la ciencia y el de las letras, que no nos dejan decir.

UN GOLPE DEL TIEMPO

A veces el tiempo se pasa despacio. Despacísimo, como si el reloj estuviera en la oreja diciendo tic… tac… tic… tac……tac…tic… tac…tic……tic y etcétera. Así sucesivamente y mucho rato, que uno no sabe qué hacer, qué más inventarse. El tiempo es cruel cuando uno tiene una preocupación importante, cuando el de rojo (qué sí existe) está compungido y a la cabeza no le queda más remedio que darle un abrazo y sentarse a llorar con él. El tiempo pasa despacísimo cuando uno quiere hablar con alguien y decirle que los tres minutos esos de la noche anterior, quisiera darles suprimir, y que se vengan todos los que faltan por sonreír juntos.

El tiempo tienen un vicio feo. Lo que hace feliz, lo hace corto, rapidísimo, en dos pestañeadas. En fin.

ESTA LUNA

No me regalas la Luna porque tú no regalas cosas regaladas. Eso me parece bien. Yo, es más, tampoco recibo cosas que ya fueron regaladas y que están por ahí, con varios dueños sin escrituras. Y ya que me regalas entonces eso que me dijiste (no voy a contar el secreto para que sea solo de los dos), entonces déjame, sin embargo, describir la Luna. Su amarillo, las nubes que la tapan un poco y ella que se deja ver, carismáticamente hablando. A mí me gusta la Luna y por eso salgo hasta allá, pese a que pocas veces le hago caso a las órdenes.

Luego me quedo sin palabras. Las tuyas fueron suficientes para el espacio, eso sin decirte, que si estamos mirando la misma Luna, de alguna manera estamos en el mismo lugar. Las miradas se conectan a través de esa amarillenta que está al frente y somos dos, ahí donde dijiste.

OCUPADO

Ella llega tarde siempre, pese a que siempre es una palabra exagerada y no quiera matizarlo con el casi. Llega tarde, cuando los corazones están llenísimos, ocupadísimos y todos los sinónimos que se les de la gana. Y cuando no, cuando creería que llega en el momento justo, entonces lo hace al lugar que no debe, allí donde, así esté vacío, no tiene cabida, ni miradas, ni feeling y siga usted lo que se le ocurra y le interese pensar para desfogarse, gozoso, por supuesto.

Cosas, diría ella. Nada más.

LLUVIA

Tantas veces escribiéndole a la lluvia, amándole incluso, deséandole con ansias casi sexuales. Y hoy, cuando debería salir el sol, las nubes aparecen y se dejan caer completas, sin afán, con una parsimonia casi eterna, altamente desesperante. Me quejo por mirar a la ventana, por mirar al frente, por estar en esta silla. Me duele que además, la lluvia se parezca un poco al corazón que sigue apachurrado, constreñido y quien sabe qué más. La cosa es que su nombre golpea fuerte en la cabeza, como un gran aguacero donde las nubes se dejan caer completas, sin afán, con una parsimonia casi eterna. Me pregunto hasta cuando el de rojo seguirá con las estupideces de seguir ahí, como un disco rayado que nadie cambia. Por ahora estoy enojada con Cupido y con él, también. Tantas veces escribiéndole a la lluvia, amándole incluso, deseándole con ansias casi sexuales. Debería escampar ipso facto, y yo escapar, por demás. Sería menos doloroso.

ENOJO

Los ojos los tiene secos. Lleva varios minutos con la cabeza en otro lado, como cuando los pies se alejan del suelo. Trata de no pestañear, de no moverse. Está frente del ventilador, esperando que el aire se choque contra su cerebro y le saque todo eso que no la deja dormir.

Odia que sea tan rara como el dicho ese que incluye un perro a cuadros. Odia además que algunos personajes, estúpidos e inútiles por demás, se le metan en su cabeza. Y odia no saber qué tiene, qué hay por ahí en el de rojo en un idioma no comprensible para sí misma.

El momento es extraño. Ha estado despierta y dormida en una conexión increiblemente cercana. No lo sabe, pero se ha inventado la mitad de lo que cree que ha pasado y viceversa. El fútbol estuvo siempre en la pantalla del televisor y creyó que, como es costumbre ya, su equipo había perdido. Ahora escribe frases inconexas.

Varias veces le ha preguntado a la vida para qué y en las mismas veces la vida se ha quedado callada. Las otras, le ha preguntado a su papá cuando piensa cumplirle la promesa aquella de volver a aparecerse en sus sueños. Las otras mismas su papá se ha quedado callado. Y no es que no le deje ser muerto, pero como tal, incluso, supone que debe cumplir las promesas.

De entierros, varios nombres a la basura. Incluye varias J, unas cuántas C y alguna que otra H. Luego se conmueve. Está enojada y eso es contraproducente para pensar.

Un correo menos hay hoy en la maraña de correos de internet. Le gustaría hacer lo mismo con el Facebook, pero la adicción está muy profunda. Debería existir una sociedad anónima de adictos a él. Está enojada con ella misma, con la bulla que hace la gente, con los que se hacen los tontos, los que no quieren ver y los que se atraviesan la calle sin mirar si viene carro. Está enojada por estar enojada, porque no llueve y porque aún cuando la oscuridad ya llegó y los ojos le pesan, no le da la gana de dormir. Está enojada porque todo se resume en cuatro letras y parezca escribiendo un post en esa página rosada, de un diario de niñas, que tiene seguro y una barbie en la carátula.

Está enojada porque sí. Punto final.

NO ADMISIBLE

No quiero escribir más de amor, ni de desamor. Solo que a veces, no sé. Aparece y ya. Ni siquiera porque tenga algo que ver con alguno de los dos. Sin embargo, esté no lo escribí, no ahora. Me lo encontré de hace tiempo y lo quise desempolvar. Fue para un invento interesante y creo que funcional, por lo menos para el corazón. Por eso, encontrarlo fue un acto interesante, incluso de fe. Se los dejo. Tal vez no piensen lo mismo, pero ahí está.

Cada espacio que queda desde tu entrepierna, al lado derecho de la cama, y la mía, al otro lado, es un golpe bajo al de rojo. Luego viene el abrazo y duele más. El final es peor. Te vas y mi cabeza lanza un suspiro. Cuando no estás puedo volver a pensarte. Puedo imaginarte de nuevo, inventarte otro poco y, sobre todo, dejar de fingir. El de rojo no ha entendido y la cabeza ya perdió la pelea. Por eso, suspira. Si me enamoré de ti no hay culpa posible. Te encargas de recordarlo con cada movimiento. Creo que es solo un capricho. Cuestión de costumbre: no tenerte es una pérdida más, inadmisible. Ni siquiera hay un recuerdo. No admisible por tres.

A Cupido le he rogado de rodillas. Contigo no funciona.

OLVIDO

A veces no es necesario tanto tiempo, ni tantas esperas. No es necesario ni siquiera forzar los pensamientos, para que no le piensen, para que no le olviden. A veces, el olvido llega y se repite, muchas veces. Todo se va. Hasta lo bonito. Sólo hace falta una única cosa que se odie, que duela, que reproche los errores y la equivocación. Una única cosa que haya hecho, que sea tonta, que permita dudar de todo.

Cómo duele que haya pasado por la vida, que se le haya creído, que todo fuese una mentira, una idiotez. Bien, no hay que arrepentirse. Igual, a veces no es necesario tanto tiempo. El corazón sabe cuando olvidar. A veces, el olvido puede repetirse, miles de veces. Ha de repetirse, y volverse a repetir, porque el amor y el odio son la misma cosa, el mismo sentimiento, pero al contrario. Se puede olvidar cuantas veces se quiera. Basta una única cosa, que lo cubra todo. Cuántos olvidos se paran frente a todos los recuerdos. No se sabe. El olvido existe. Hasta para lo bonito.

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