ESTA LUNA

No me regalas la Luna porque tú no regalas cosas regaladas. Eso me parece bien. Yo, es más, tampoco recibo cosas que ya fueron regaladas y que están por ahí, con varios dueños sin escrituras. Y ya que me regalas entonces eso que me dijiste (no voy a contar el secreto para que sea solo de los dos), entonces déjame, sin embargo, describir la Luna. Su amarillo, las nubes que la tapan un poco y ella que se deja ver, carismáticamente hablando. A mí me gusta la Luna y por eso salgo hasta allá, pese a que pocas veces le hago caso a las órdenes.

Luego me quedo sin palabras. Las tuyas fueron suficientes para el espacio, eso sin decirte, que si estamos mirando la misma Luna, de alguna manera estamos en el mismo lugar. Las miradas se conectan a través de esa amarillenta que está al frente y somos dos, ahí donde dijiste.

OCUPADO

Ella llega tarde siempre, pese a que siempre es una palabra exagerada y no quiera matizarlo con el casi. Llega tarde, cuando los corazones están llenísimos, ocupadísimos y todos los sinónimos que se les de la gana. Y cuando no, cuando creería que llega en el momento justo, entonces lo hace al lugar que no debe, allí donde, así esté vacío, no tiene cabida, ni miradas, ni feeling y siga usted lo que se le ocurra y le interese pensar para desfogarse, gozoso, por supuesto.

Cosas, diría ella. Nada más.

SIN NADA

Quiero escribir como cuando hablo. Rápido, de corrido, sin pensar mucho. Me gustaría escribir sin comas sin tildes y sin puntos pero me cuesta un poco. Me duele un poco y se van viniendo en automático Es feo A mí me gusta la ortografía los puntos y las comas y las tildes y así en sucesiva Solo que pienso que cuando uno habla no necesita de eso, salvo pronunciar bien las palabras. No necesita nada más y por eso pese al intento por ahí ven que se cuela uno que otro de ellos En fin Punto

La querencia viene porque estuve mirando el cielo esta tarde Bellísimo estaba, casi como si se hubiese confabulado para la felicidad interna o la rareza, más bien, en que ando desde ayer Es como cuando el alma tiene ganas de cambiar de color de pintura y de acomodar la cama de otra manera Punto Tiene ganas de cambiar de borrar unas cuantas cosas. Ayer coma por ejemplo coma empezó con él Tal vez me anime y publique las cartas, aunque a veces creo que no todo debe ser dicho y de hecho, ese es un gran problema en mí Eso de no poderme quedar callada de que todo haya que decirlo y peor, o mejor, no sé, escribirlo casi hasta quedar vacío por dentro. Algo así como escurrirse de todas las letras que hay adentro Paréntesis me dieron ganas de escribir otro en fin y me voy a dar la licencia porque el papel es mío Cierro Paréntesis Punto En fin.

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DE NEGRO

No hay muchas ganas de escribir. Salvo contar que la muerte es algo tan inevitable como el dolor que causa. Esa agonía en que pone al corazón es difícil de explicar. Dificilísimo de explicar. Duele casi hasta los huesos y entra lento y a pedacitos, como si no fuera suficiente con entrar de golpe. Y duele cada año y cada día y en cada momento, incluso a través del tiempo. Eduardo, por ejemplo, es un muerto libre que a veces necesito pensar para regocijarme un poco, para sentirme algo más viva. 

Hace muchos años escribí que en los entierros uno se pone gafas por costumbre y se viste de negro solo por costumbre. Ahora que lo pienso de nuevo, creo que muchos nos ponemos de negro y usamos gafas, más que por costumbre, porque el alma se viste de negro, cubierta por el dolor que causa sentir la muerte de frente, pero sobre todo, valga la aclaración, la ausencia de frente. Por enésima repetición en la vida, los abrazos no son los mismos entre vivos, que de vivos y muertos. Pasa entonces que uno quisiera devolver el tiempo y quedarse en esos diez años menos donde todavía se podía sonreír, juntos, para ser exactos.

La muerte trae muchos recuerdos y por eso uno podría tildarla, los primeros días en que se aparece, como una cruel que no tiene sentimiento alguno, que no le importa nada. ¿Te acuerdas de esa noche en qué estaba en la esquina y me dijo que cómo estaba de bonita, mientras se tomaba una cerveza y se reía a carcajadas, visiblemente feliz? Claro que me acuerdo, como si fuera al instante. Y los recuerdos se van llenando de lágrimas, tanto que el corazón se inunda y son muchos los muertitos de pedazo de corazón que se van esa noche. Muertitos a los que pocas veces les hacemos duelo.

Y aunque la muerte es una belleza, porque eso de la eternidad podría ser peor, es ineludible su dolor, su parsimonia y lo que se quiera… a veces la juzgamos solo por el hecho de no saber que hay más allá. A veces creo que debe ser mucho más interesante, solo que no nos pueden revelar los secretos porque habrían muchos suicidios. Es como la magia de los magos: se perdería la ilusión, y por tanto, dejaría de valer la pena.

Para terminar, digamos que la muerte duele más cuando los años no son suficientes para morir, y mucho menos si los años para los que siguen vivos no son suficientes para aceptar la muerte tan fácil como sería cuando ya, por derecho, se ha de esperar.

Déjenme con mis lentes negros y mi camisa y mi pantalón y mi alma. El negro tiene un poco más de resistencia para los latigazos que trae la muerte, para esos que nos quedamos de pie. Esos mismos a los que todavía no le da la gana de mirar, o no lo interesa mirar.

LLUVIA

Tantas veces escribiéndole a la lluvia, amándole incluso, deséandole con ansias casi sexuales. Y hoy, cuando debería salir el sol, las nubes aparecen y se dejan caer completas, sin afán, con una parsimonia casi eterna, altamente desesperante. Me quejo por mirar a la ventana, por mirar al frente, por estar en esta silla. Me duele que además, la lluvia se parezca un poco al corazón que sigue apachurrado, constreñido y quien sabe qué más. La cosa es que su nombre golpea fuerte en la cabeza, como un gran aguacero donde las nubes se dejan caer completas, sin afán, con una parsimonia casi eterna. Me pregunto hasta cuando el de rojo seguirá con las estupideces de seguir ahí, como un disco rayado que nadie cambia. Por ahora estoy enojada con Cupido y con él, también. Tantas veces escribiéndole a la lluvia, amándole incluso, deseándole con ansias casi sexuales. Debería escampar ipso facto, y yo escapar, por demás. Sería menos doloroso.

HISTERIA

¡Sos una completa tortuga! Dos, si querés. Miles de tortugas si se te da la gana. Y ahora no vengás a preguntar que si estoy enojada, porque no, no estoy enojada. Ni te lo creas. Esta y las próximas veces no vas a ganar, ¿entendiste? Una completa tortuga jamás le ganaría a una mujer que tiene los pelos de punta.

1,2,3

Recordando cosas que escribí ya hace muchos días

INFIERNO

El calor es sólo un invento pasajero. La gente tarde o temprano va a venir, porque nadie se salva. Todos tienen algo que esconder. Los pecados se delatan sin preguntarles. Van llegando, aún sin llamarlos. Los castigos los inventan las conciencias. El infierno, al fin y al cabo, es la memoria, que hace de las suyas.


SIN ATAÚD

A veces cometo el error de escribir y pensar en el que lee. No. Perdónenme. Me interesan ustedes, pero mucho menos de lo que me interesa quedarme vacía, sin nada. Escribo por una necesidad, a veces absurda. Escribo para que cuando me lea, sienta una y otra vez, que estoy ahí. Escribo para mí, para que cuando me lea, las palabras sean tan ajenas, que no quiera corregir. Y escribo, porque me da la gana. Mejor, sólo porque puedo descubrir tantas cosas, como nada. Mejor, sólo porque puedo usar tantas letras, sin necesidad de pegarle a alguien. Entonces parezco libre. Entonces he muerto tantas veces, sin encerrarme en un ataud.

HORMIGAS

Todas suben en un muro interminable, y suben en una fila interminable, que no se mueve, que no camina, que cambia hormiga tras hormiga, como si se reemplazaran al instante. Y van y siguen yendo, y luego desaparecen, como magia, debe ser magia, tiene que ser magia. El muro interminable las desaparece.

MUERTE

Y ella dijo que se quería morir. Luego suspiró…

ENTREVISTA DE CAMILA A MÓNICA

Somos una maraña de mundos y de voces interiores que a veces tienen nombre. Camila, tantas veces perturbándole la vida a Mónica, tantas veces sacándole de la penuria. Tantas veces quitándole del mediopara aprovecharse de su cuerpo y de su cabeza. Tantas veces amándole. Tantas veces deseando que se marches para siempre. Cuánto se necesitan, eso sólo lo saben las dos.

Un desnudo muy letroso. Aquí va.

Camila Avril: ¿Por qué me mataste, Mónica? ¿Por qué no pensarme más como un alter ego?

Mónica: Directa, ¿no Camila? Fue tu culpa y lo sabes. Esa mañana fue difícil. Luchar contigo, tratar de que no me quitaras del camino. Sentí que te querías apoderar de mí, cambiar de lugar. ¿Te parece justo? Después de darte tanta confianza, de creerte y de dejarte ser. Así que mejor ponerte límites. Es más, deberías contestar vos qué pasó.

C: Creo que fue más tu imaginación Mónica, aunque sí, fue una madrugada muy difícil en la que pasó lo que debía ser. Vos en tu sitio y yo en el mío. La pregunta es, ¿qué soy ahora entonces?

M: Un pseudónimo al que quiero mucho, al que a veces le dejo ser un poquito y jugar otro tanto, pero nada más. Eso que debió ser siempre. Un invento con muchos límites.

C: Cambiemos de tema. ¿Quién es él?

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ENOJO

Los ojos los tiene secos. Lleva varios minutos con la cabeza en otro lado, como cuando los pies se alejan del suelo. Trata de no pestañear, de no moverse. Está frente del ventilador, esperando que el aire se choque contra su cerebro y le saque todo eso que no la deja dormir.

Odia que sea tan rara como el dicho ese que incluye un perro a cuadros. Odia además que algunos personajes, estúpidos e inútiles por demás, se le metan en su cabeza. Y odia no saber qué tiene, qué hay por ahí en el de rojo en un idioma no comprensible para sí misma.

El momento es extraño. Ha estado despierta y dormida en una conexión increiblemente cercana. No lo sabe, pero se ha inventado la mitad de lo que cree que ha pasado y viceversa. El fútbol estuvo siempre en la pantalla del televisor y creyó que, como es costumbre ya, su equipo había perdido. Ahora escribe frases inconexas.

Varias veces le ha preguntado a la vida para qué y en las mismas veces la vida se ha quedado callada. Las otras, le ha preguntado a su papá cuando piensa cumplirle la promesa aquella de volver a aparecerse en sus sueños. Las otras mismas su papá se ha quedado callado. Y no es que no le deje ser muerto, pero como tal, incluso, supone que debe cumplir las promesas.

De entierros, varios nombres a la basura. Incluye varias J, unas cuántas C y alguna que otra H. Luego se conmueve. Está enojada y eso es contraproducente para pensar.

Un correo menos hay hoy en la maraña de correos de internet. Le gustaría hacer lo mismo con el Facebook, pero la adicción está muy profunda. Debería existir una sociedad anónima de adictos a él. Está enojada con ella misma, con la bulla que hace la gente, con los que se hacen los tontos, los que no quieren ver y los que se atraviesan la calle sin mirar si viene carro. Está enojada por estar enojada, porque no llueve y porque aún cuando la oscuridad ya llegó y los ojos le pesan, no le da la gana de dormir. Está enojada porque todo se resume en cuatro letras y parezca escribiendo un post en esa página rosada, de un diario de niñas, que tiene seguro y una barbie en la carátula.

Está enojada porque sí. Punto final.

NO ADMISIBLE

No quiero escribir más de amor, ni de desamor. Solo que a veces, no sé. Aparece y ya. Ni siquiera porque tenga algo que ver con alguno de los dos. Sin embargo, esté no lo escribí, no ahora. Me lo encontré de hace tiempo y lo quise desempolvar. Fue para un invento interesante y creo que funcional, por lo menos para el corazón. Por eso, encontrarlo fue un acto interesante, incluso de fe. Se los dejo. Tal vez no piensen lo mismo, pero ahí está.

Cada espacio que queda desde tu entrepierna, al lado derecho de la cama, y la mía, al otro lado, es un golpe bajo al de rojo. Luego viene el abrazo y duele más. El final es peor. Te vas y mi cabeza lanza un suspiro. Cuando no estás puedo volver a pensarte. Puedo imaginarte de nuevo, inventarte otro poco y, sobre todo, dejar de fingir. El de rojo no ha entendido y la cabeza ya perdió la pelea. Por eso, suspira. Si me enamoré de ti no hay culpa posible. Te encargas de recordarlo con cada movimiento. Creo que es solo un capricho. Cuestión de costumbre: no tenerte es una pérdida más, inadmisible. Ni siquiera hay un recuerdo. No admisible por tres.

A Cupido le he rogado de rodillas. Contigo no funciona.