LOS BOYZ DE LAS CANECAS

Artículo publicado en El Eafitense (Aquí, sin editar)

Bulla. Sí, eso es lo que hacen, y lo admiten, como dice el dicho, frescos como la lechuga. Bulla en sentido figurado, se podría decir, porque tiene ritmo, se puede bailar, reír un poco, gritar un tanto, y al final, aplaudir. Bulla, tal vez, por los instrumentos nada convencionales, que sería así como algo parecido a la música. El principal, mejor, como dicen ellos, el baluarte del grupo: las canecas. Y de ahí el nombre: Los Canecas Boyz.

Tres con las canecas, que le van pegando, que les van tocando, al ritmo de alguna canción inventada, constante. Los otros dos, con otras tres, y se van empujando el uno al otro, y van jugando, y van poniendo más ritmo. Unas cuantas risas, otros tantos sonidos con la boca y ahí se van, con música a base de canecas, aunque las canecas no son siempre el único instrumento.

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TELEVISIÓN

Es como si el televisor no me perdonara que antes de dormir le diera una vueltecita y buscara algo que ver en él, una película, los Simpsons o algún reencauche en Nick. Pasa, incluso, si se me cierran los ojos y solo puedo ver, entre las pestañas y esa rayita que se hace entre un párpado y otro antes de quedarse cerrados, la luz que emite el cuadrado aquel. A veces vale la pena. La mayoría, solo cuestión de compañía, de costumbre, de dejar que el tiempo juegue y se vaya pasando disimulado encima de la vida y al final, menos minutos de sueño en las mañanas. Tal vez es solo ese pseudo-pensamiento de no poder dormir temprano, como la gente normal, como el mundo se invento, o incluso (vuelvo a cogerle sabor a la palabra) como los pájaros y las gallinas. El televisor es algo así como una caja, dicen por ahí que boba, que necesito como canción de cuna, casi como cuando estaba pequeña y le decía a la mamá que si me prestaba “la manito”, mientras yo me lograba dormir. Ahora es como decirle al televisor, prestame la luz por los siguientes veinte minutos, mientras me duermo, y si no lo he hecho, no se preocupe, le programo otros diez, aunque terminen siendo sesenta, o más. Pocas veces es el programa, por supuesto.

Una cuestión de desasosiego, podría ser. De falta de sentido común, también, o, simple, de que el lado derecho de la cama, es para la almohada (no necesariamente un hecho triste).

PREGUNTARIO

De como las figuras, las personas y las cosas se transforman. De como los ojos se ponen borrosos por culpa del shampoo. De como ella grita porque le quitaron el bombón o baja la voz porque no conoce a alguien. De como el señor sacó la pistola y le dio en el hombro al ladrón porque trataba de robarle el carro. De cómo le pide a los ángeles todas las noches para que le cuiden. De cómo la mamá está lejos y enferma y también impaciente porque no se le quita el dolor. De cómo sonrie cuando él le sonríe, aunque sea solo un fantasma. De cómo le olvida tan fácil. De cómo piensa si como es cómo o como y si debería devolverse a poner las tildes. De cómo repetir ‘cómo’, si empieza a sonar cacofónico. De cómo algunos se enojan inoficiosamente. De cómo hay que decidir todos los días porque de pronto, solo de pronto, los cambios pueden doler en la cabeza y en el corazón. De cómo a veces escribir no sale, porque las musas andan dormidas. De cómo matar a Camila, porque a veces le gusta ser más de lo que puede. De cómo no tiene tiempo de leer un libro. De cómo el amigo anda perdido y en olvido. De cómo los amigos se ponen celosos. De cómo el celular se descarga justo cuando alguien, ese precisamente, te llama. De cómo los policías no te creen a la una de la mañana que vienes de trabajar. De cómo los domingos nunca hay una película interesante en el cable para ver. De cómo las vacaciones están tan lejos y con tanto cansancio. De cómo a la gente no le interesa la ortografía. De cómo los amigos son importantes en la vida. De cómo los poemas pueden ser de odio. De cómo parar de escribir si vienen y vienen ideas. De cómo se hacen los muñequitos. De cómo todavía hay hombres machistas que creen que las mujeres no pueden hablar de fútbol. De cómo antiguos amores ya no hacen ni cosquillas. De cómo el olvido si existe. De cómo decir adiós. De cómo quedarse dormida temprano. De cómo lo anterior puede ser simple estupidez.

Cosas de la vida. Nada más.

DE NEGRO

Ni una palabra.
Solo un recuerdo 
desenfocadamente triste.

.-,–.

Sus zapatos 
Fueron los últimos 
Que se quisieron ir.
No miró hacia atrás.
Ni un último beso.
Ni un último respiro.
Sus zapatos dorados
Tropezaron en la esquina.
El derecho quedó ahí,
como la zapatilla perdida
de La Cenicienta.
Sus zapatos 
Fueron los últimos,
y lo único
que le quedó de ella.
El aire de esa noche, y de las siguientes,
Fue más triste que de costumbre,
Más lúgubre que cualquier noche,
sobre todo en ese momento,
que toma el tacón dorado,
y lo estruja sobre su pie. 

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DICCIONARIO

Queridos visitantes camilaavrilescos:

He decidido hacer un diccionario. Sí, para todas esas palabras que se inventan en este blog y que hacen que, a veces, la lectura se complique un poco. Por lo general, Mónica-Camila presupone que todos han de entenderle. Y no es tan sencillo, porque todos tenemos en la cabeza cosas distintas. Así que para los novatos será muy útil, y para los no tan nuevos, una excusa para releer. Bien, no aspiro devolverme mucho, y tampoco es que vaya a ser un diccionario de muchas hojas. Eso sí, como todo diccionario, no pueden faltar las definiciones obvias.

El de rojo: Corazón

Letrosos: Los miembros del grupo literario de Mónica, que se llama Letras.

Camilaavrilescos: Los visitantes de Camila Avril, que sí la leen, han de tener, por fortuna, uno que otro tornillito suelto.

Photoshopiar: Jugar en photoshop y poner las fotos camilescamente agradables.

DE POESÍA Y RECUERDOS

La poesía abre sus puertas y envuelve y embauca y atrapa y se queda allí, como una enfermedad silenciosa, y altamente necesaria. No queremos curarnos. Ella, indescriptible por sí misma, nos hace llegar a rincones que, por la distancia, no podemos tener. Y nos hace recordar y soñar y caminar por cualquier lado donde la imaginación llegue. Además, tiene un alto grado de confianza con el alma, y también, sabe llegar a los recuerdos, apoderarse de ellos y quedárselos. En fin.

Los vuelvo a dejar con Sergio Hincapié con dos poemas preciosos, de este país, que tanto nos hace soñar.

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ESOS OBJETOS QUE SE LLAMAN LIBROS

Los libros, siempre, los había pensado como letras, como contenido, como unos objetos, sí, pero valiosos por eso que llevan dentro. Luego me encontre a Carlos y a Cielo, y fue como chocarme contra, la pared, por decir algo. En los libros, el objeto también vale, y es maravillo, mágicamente maravilloso.

Este es un artículo que escribí para GENERACIÓN. Está en la página 12 y 13. Los invito a que se den la pasadita, aunque prometo tenerlo pegado aquí pronto.

Abrazo!

ENTRAR A GENERACIÓN

DISERTACIÓN

El amor, sí, es indefinible. A veces, y muy pocas, se deja coger por los laditos y lanzar conjeturas. Solo conjeturas. No es más. Él, es casi como la muerte. No se dejan investigar. Ésta fue una conversación con un amigo, gran amigo, un día cualquiera, por una pregunta sobre el amor. Me pareció que tiene cosas interesantes, y por eso, aquí va. Espero la terminen ustedes. 

Ella dice:

Bueno te dije que te iba a decir dos cosas. Dos. Como ando durmiendo mal, ando pensando mucho. Entonces me quedé en lo que hablábamos que día, de por qué a uno le gusta alguien, y no otro. Y uno podría decir que hay cosas chéveres de ese otro, pero tal vez no sabe exactamente qué. Supongo que hay algo físico, que hace que haya, mínimo, una fijación para mirar. Y lo demás, tal vez las feromonas que tienen química entre sí, como un rompecabezas donde las fichas casan. Y creo que uno no sabe qué le gusta del otro, porque ahí está la magia: en no poder describirlo y hacerlo objeto. Le gusta y ya, y piensa y ya, y escribe y ya, y funciona o no, y ya está. Nada más. Una vez Jero me preguntó, ¿y qué te gusta?, y yo le dije, no sé, tal vez que no le guste. Y así en sucesiva. Cosas del amor, concluí, casi como lo de la muerte. Si supiéramos su día, dejaría de valer la pena.

Gracias por dejarme disertar. 
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