TELÉFONO ROTO

(Mujer de pie, en el teléfono)

– Sí señor, ya le dije que me gusta, pero si quiere, se lo repito. 

– (Espacio para la respuesta del teléfono)

– Sí, también sé que yo no le gusto. Eso me lo ha dejado claro, y varias veces.  

(Un hombre la mira desde la mesa, con ceño.) 

- ¡Eso Susana! sígale rogando a ese hombre queasí se ve muy bonita. 

Continuar leyendo

INVIERNO

Afuera el cielo se cae y golpea duro contra el suelo. Se forman ríos de agua que alcanzan la altura de los andenes y se pegan con las llantas de los carros, que algún dueño, por no derretirse con el cielo que cae, dejó mal parqueado en la calle al frente de su casa. El cielo también se deja ver y luego, se deja escuchar en un estruendo que pareciese fuese a acabar con la tierra. Piensa en cuando estaba pequeña y solía decir, en repeticiones constantes, Dios está tomando fotos, de seguro. Está un poco enojada, a decir verdad. Los sábados, los últimos sábados, siempre está lloviendo. El sexto día tiene algo especial: a alguien, algún día, se le ocurrió designarlo para la noche y darle abrazos a los amigos más queridos, beso al novio o a la novia según el género y la sexualidad, embarrarla de cuando en vez, bailar un poco, conversar otro más, tomarse unos vodkas y en fin. Está enojada. Es sábado, tenía intenciones de verle,  y el cielo se cae encima de su casa.

Continuar leyendo

PARADOJA

Falta de carácter, eso es, le dijo directo, así como es ella. Eso es lo que tenéss Alfredo, no le busques, y el problema, señor, es que para ello, no hay remedio, bueno, no con esa cara que tiene. Él solo la miraba, con la pestaña un poco hacia arriba y la boca torcida. Sí, con esa mirada que tiene ahora y con la que trata de decirme que no tengo la razón, pero se equivoca, señor, si la tengo y si quiere, además, se lo puedo demostrar. ¿Qué cómo? Es sencillo Alfredo, si no ha sido capaz de decirle a su esposa que está interesado en cambiarla, en irse de la casa, en no mirarla más, y además, en sentarse a llorar un rato, lo que usted tiene, en efecto, es falta de caracter. Ah! ¿Qué cómo lo sé? Un poco de bruja, qué dicen, pero no se preocupe, yo no le voy a decir a María que usted tiene falta de carácter y que ya no la quiere. No. Eso no me toca a mí. Y si me pregunta de dónde aprendí a adivinar esas vainas, entonces yo le diré que no sea metido, que baje la ceja y que me crea, como por inercia. Señor Alfredo, usted tiene falta de caracter, de lo contrario, ya me hubiese hijueputiado, cerrado la puerta e ido, y no, en cambio, sigue ahí, como si en la boca lo hubiesen anestesiado, pero no se preocupe Alfredo, mañana, podemos seguir conversando. Y se va.