UN ICEBERG EN LA MITAD

Recuerda,
por obligación.
Las imágenes
le traen su nombre.
Le resbala.

Recuerda.
Duele un poco.
Le mira.
Le hace suyo.
Le da besos.

Recuerdo.
Es odio.
Puro odio.

Recuerda.
A veces se cree dios.
Dios, puede
cambiarlo todo.

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Fin del suplicio.
Puede caer del cielo
lo que quiera caerse.
Puede caerse el mundo,
si el mundo quiere.
Puede caerse  
la ley de la gravedad.
Puedes caerte,
si se te antoja.
Puedes equivocarte,
también.
No hay atrás. Punto.

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Sin escapatoria.
El frío le persigue.
Sabe del abandono.
Lo descubrió
por las hojas vacías.

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Llega morfeo. Sucumbe.

INVIERNO

Afuera el cielo se cae y golpea duro contra el suelo. Se forman ríos de agua que alcanzan la altura de los andenes y se pegan con las llantas de los carros, que algún dueño, por no derretirse con el cielo que cae, dejó mal parqueado en la calle al frente de su casa. El cielo también se deja ver y luego, se deja escuchar en un estruendo que pareciese fuese a acabar con la tierra. Piensa en cuando estaba pequeña y solía decir, en repeticiones constantes, Dios está tomando fotos, de seguro. Está un poco enojada, a decir verdad. Los sábados, los últimos sábados, siempre está lloviendo. El sexto día tiene algo especial: a alguien, algún día, se le ocurrió designarlo para la noche y darle abrazos a los amigos más queridos, beso al novio o a la novia según el género y la sexualidad, embarrarla de cuando en vez, bailar un poco, conversar otro más, tomarse unos vodkas y en fin. Está enojada. Es sábado, tenía intenciones de verle,  y el cielo se cae encima de su casa.

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CONVERSANDO

Hay días en que se pregunta varias veces, ¿cómo hacer para dejar de hablar hasta por los codos? Fue, sobre todo, el día que hizo una huelga de silencio y se puso un pedazo de cinta de enmascarar en la boca, con un letrero que decía, EN HUELGA, haber si de pronto, por lo menos, dejaba de hablar cinco minutos. No. No fue posible. Hablar es inherente. Hablar hasta por los codos. Hablar por hablar. Hablar, y seguir hablando, de cualquier cosa, incluso de insignificancias poderosas como si la silla se debió llamar mesa, y no silla, y viceversa. Cuando hace silencio, también habla. Cuando no habla, de pronunciar palabras, escribe. Cuando no escribe, manda muñequitos. El hecho es decir algo, de alguna manera. Hablar sola, escribirse a ella misma, o hacer edificios. A veces busca alargar conversaciones, y a veces, sigue hablando, de adentro hacia adentro, solo porque vio que el otro ya no tenía ganas de escucharle. Por eso, incluso, se duerme a las tres y no a las cinco, porque la mente sigue hablando, que sería algo así como pensando. En fin.

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TELEVISIÓN

Es como si el televisor no me perdonara que antes de dormir le diera una vueltecita y buscara algo que ver en él, una película, los Simpsons o algún reencauche en Nick. Pasa, incluso, si se me cierran los ojos y solo puedo ver, entre las pestañas y esa rayita que se hace entre un párpado y otro antes de quedarse cerrados, la luz que emite el cuadrado aquel. A veces vale la pena. La mayoría, solo cuestión de compañía, de costumbre, de dejar que el tiempo juegue y se vaya pasando disimulado encima de la vida y al final, menos minutos de sueño en las mañanas. Tal vez es solo ese pseudo-pensamiento de no poder dormir temprano, como la gente normal, como el mundo se invento, o incluso (vuelvo a cogerle sabor a la palabra) como los pájaros y las gallinas. El televisor es algo así como una caja, dicen por ahí que boba, que necesito como canción de cuna, casi como cuando estaba pequeña y le decía a la mamá que si me prestaba “la manito”, mientras yo me lograba dormir. Ahora es como decirle al televisor, prestame la luz por los siguientes veinte minutos, mientras me duermo, y si no lo he hecho, no se preocupe, le programo otros diez, aunque terminen siendo sesenta, o más. Pocas veces es el programa, por supuesto.

Una cuestión de desasosiego, podría ser. De falta de sentido común, también, o, simple, de que el lado derecho de la cama, es para la almohada (no necesariamente un hecho triste).

DICCIONARIO

Queridos visitantes camilaavrilescos:

He decidido hacer un diccionario. Sí, para todas esas palabras que se inventan en este blog y que hacen que, a veces, la lectura se complique un poco. Por lo general, Mónica-Camila presupone que todos han de entenderle. Y no es tan sencillo, porque todos tenemos en la cabeza cosas distintas. Así que para los novatos será muy útil, y para los no tan nuevos, una excusa para releer. Bien, no aspiro devolverme mucho, y tampoco es que vaya a ser un diccionario de muchas hojas. Eso sí, como todo diccionario, no pueden faltar las definiciones obvias.

El de rojo: Corazón

Letrosos: Los miembros del grupo literario de Mónica, que se llama Letras.

Camilaavrilescos: Los visitantes de Camila Avril, que sí la leen, han de tener, por fortuna, uno que otro tornillito suelto.

Photoshopiar: Jugar en photoshop y poner las fotos camilescamente agradables.

DE POESÍA Y RECUERDOS

La poesía abre sus puertas y envuelve y embauca y atrapa y se queda allí, como una enfermedad silenciosa, y altamente necesaria. No queremos curarnos. Ella, indescriptible por sí misma, nos hace llegar a rincones que, por la distancia, no podemos tener. Y nos hace recordar y soñar y caminar por cualquier lado donde la imaginación llegue. Además, tiene un alto grado de confianza con el alma, y también, sabe llegar a los recuerdos, apoderarse de ellos y quedárselos. En fin.

Los vuelvo a dejar con Sergio Hincapié con dos poemas preciosos, de este país, que tanto nos hace soñar.

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