Minutos

Son las 0:00. Exactas. Ella tiene momentos para mirar el reloj. Todos los días y a la misma hora: 3:24, 2:21, 9:25, 7:02. Fechas de esas que tiene que recordar cada año, pero que el reloj le hace recordar todos los días. A esas horas, por una extraña casualidad, abre el celular, mira el reloj del computador, pregunta la hora, en fin. Y eso que a veces intenta procrastinar el asunto. Hacerse la de la vista gorda. A las 0:00 horas, pensó, por ejemplo, que hizo la promesa de estar bajo las cobijas antes de que llegaran esos tres números tan vacíos, pese a los dos puntos. Miró hacia arriba, miró al pato, dijo que tenía ganas de colada (sí, a esta hora), le dio pico al caballo, abrió tres páginas de internet, escribió una, perdió el tiempo. Cuatro minutos han pasado desde entonces y ella no se ha parado de la cama, no se ha lavado los dientes, no ha pensado en la ropa que tendrá que ponerse mañana, ni se ha acordado que si no se acuesta ya, serán cinco minutos menos. Mañana es de esos días en que tiene que levantarse, pese a todo, a las siete dos puntos cero cero minutos.

Pd: Ella no se llama Mónica, ni Camila. Podría ser María o cualquiera con nombre Z.

1-128-22-66-2-774

Todos los nombres
enfilados
uno tras otro,
en un desfile
de letras
en orden alfabético.

Huyen.
No hay forma.
Otra vez.
No encuentran la manera
de abrir la compuerta.

El laberinto,
solitario.
Las ramas de los árboles
se tragan toda la luz
y el fuego
se deja permear
por el verde.

La muerte está cerca,
confabulada con una manada de lobos,
de hombres con fusiles:
sin cerebro.
Atrapada en la púa de los alahambres,
en la sed de un poco,
un poco, nada más,
de liberté.

Todos los nombres
enfilados como números,
1 detrás de otro,
como si para morir,
la masa no fuese suficiente
para perder la identidad.

Paradójico.
Piensa en los alambiques
y recuerda la noche en que,
ebrio, recorrió la ciudad.

Números…
y la falta de certeza.
Se le pierden
las palabras
en su lengua,
justo en ese momento,
cuando debería gritar.

Es lunes,
tal vez no,
si apenas comienza
la semana.

CAMILA EN FACEBOOK

Lectorcícimos! Quería contarles que, por esas cosas de que la tecnología lo atrapa a uno, y más si uno tiene 22 y son pocos los amigos los que no andan por esos lados, decidí abrir una página de facebook para Camila Avril. Así, además del RSS, que no deben borrarlo, por ahí les contaré de las actualizaciones que se vayan dando en el blog. Los invito a que se hagan fans, y además, inviten a los amigos y así, se siga lo que es la viralidad de internet.

Camila en facebookhttp://www.facebook.com/pages/Camila-Avril/80954169445

PREGUNTARIO

De como las figuras, las personas y las cosas se transforman. De como los ojos se ponen borrosos por culpa del shampoo. De como ella grita porque le quitaron el bombón o baja la voz porque no conoce a alguien. De como el señor sacó la pistola y le dio en el hombro al ladrón porque trataba de robarle el carro. De cómo le pide a los ángeles todas las noches para que le cuiden. De cómo la mamá está lejos y enferma y también impaciente porque no se le quita el dolor. De cómo sonrie cuando él le sonríe, aunque sea solo un fantasma. De cómo le olvida tan fácil. De cómo piensa si como es cómo o como y si debería devolverse a poner las tildes. De cómo repetir ‘cómo’, si empieza a sonar cacofónico. De cómo algunos se enojan inoficiosamente. De cómo hay que decidir todos los días porque de pronto, solo de pronto, los cambios pueden doler en la cabeza y en el corazón. De cómo a veces escribir no sale, porque las musas andan dormidas. De cómo matar a Camila, porque a veces le gusta ser más de lo que puede. De cómo no tiene tiempo de leer un libro. De cómo el amigo anda perdido y en olvido. De cómo los amigos se ponen celosos. De cómo el celular se descarga justo cuando alguien, ese precisamente, te llama. De cómo los policías no te creen a la una de la mañana que vienes de trabajar. De cómo los domingos nunca hay una película interesante en el cable para ver. De cómo las vacaciones están tan lejos y con tanto cansancio. De cómo a la gente no le interesa la ortografía. De cómo los amigos son importantes en la vida. De cómo los poemas pueden ser de odio. De cómo parar de escribir si vienen y vienen ideas. De cómo se hacen los muñequitos. De cómo todavía hay hombres machistas que creen que las mujeres no pueden hablar de fútbol. De cómo antiguos amores ya no hacen ni cosquillas. De cómo el olvido si existe. De cómo decir adiós. De cómo quedarse dormida temprano. De cómo lo anterior puede ser simple estupidez.

Cosas de la vida. Nada más.