SIN NADA

Quiero escribir como cuando hablo. Rápido, de corrido, sin pensar mucho. Me gustaría escribir sin comas sin tildes y sin puntos pero me cuesta un poco. Me duele un poco y se van viniendo en automático Es feo A mí me gusta la ortografía los puntos y las comas y las tildes y así en sucesiva Solo que pienso que cuando uno habla no necesita de eso, salvo pronunciar bien las palabras. No necesita nada más y por eso pese al intento por ahí ven que se cuela uno que otro de ellos En fin Punto

La querencia viene porque estuve mirando el cielo esta tarde Bellísimo estaba, casi como si se hubiese confabulado para la felicidad interna o la rareza, más bien, en que ando desde ayer Es como cuando el alma tiene ganas de cambiar de color de pintura y de acomodar la cama de otra manera Punto Tiene ganas de cambiar de borrar unas cuantas cosas. Ayer coma por ejemplo coma empezó con él Tal vez me anime y publique las cartas, aunque a veces creo que no todo debe ser dicho y de hecho, ese es un gran problema en mí Eso de no poderme quedar callada de que todo haya que decirlo y peor, o mejor, no sé, escribirlo casi hasta quedar vacío por dentro. Algo así como escurrirse de todas las letras que hay adentro Paréntesis me dieron ganas de escribir otro en fin y me voy a dar la licencia porque el papel es mío Cierro Paréntesis Punto En fin.

Continuar leyendo

ENOJO

Los ojos los tiene secos. Lleva varios minutos con la cabeza en otro lado, como cuando los pies se alejan del suelo. Trata de no pestañear, de no moverse. Está frente del ventilador, esperando que el aire se choque contra su cerebro y le saque todo eso que no la deja dormir.

Odia que sea tan rara como el dicho ese que incluye un perro a cuadros. Odia además que algunos personajes, estúpidos e inútiles por demás, se le metan en su cabeza. Y odia no saber qué tiene, qué hay por ahí en el de rojo en un idioma no comprensible para sí misma.

El momento es extraño. Ha estado despierta y dormida en una conexión increiblemente cercana. No lo sabe, pero se ha inventado la mitad de lo que cree que ha pasado y viceversa. El fútbol estuvo siempre en la pantalla del televisor y creyó que, como es costumbre ya, su equipo había perdido. Ahora escribe frases inconexas.

Varias veces le ha preguntado a la vida para qué y en las mismas veces la vida se ha quedado callada. Las otras, le ha preguntado a su papá cuando piensa cumplirle la promesa aquella de volver a aparecerse en sus sueños. Las otras mismas su papá se ha quedado callado. Y no es que no le deje ser muerto, pero como tal, incluso, supone que debe cumplir las promesas.

De entierros, varios nombres a la basura. Incluye varias J, unas cuántas C y alguna que otra H. Luego se conmueve. Está enojada y eso es contraproducente para pensar.

Un correo menos hay hoy en la maraña de correos de internet. Le gustaría hacer lo mismo con el Facebook, pero la adicción está muy profunda. Debería existir una sociedad anónima de adictos a él. Está enojada con ella misma, con la bulla que hace la gente, con los que se hacen los tontos, los que no quieren ver y los que se atraviesan la calle sin mirar si viene carro. Está enojada por estar enojada, porque no llueve y porque aún cuando la oscuridad ya llegó y los ojos le pesan, no le da la gana de dormir. Está enojada porque todo se resume en cuatro letras y parezca escribiendo un post en esa página rosada, de un diario de niñas, que tiene seguro y una barbie en la carátula.

Está enojada porque sí. Punto final.

ANIVERSARIO

Cuando en el calendario aparece ese número, que resalta por demás en cualquiera que compre, indiferente del año, del color y la versión, la mente se prepara, en automático, para escribir. EscribirLE para ser más exactos, porque así como nacer hace de un día una fecha especial para recordar año tras año y poner bombas y comer ponqué, la muerte, hace de un día, una fecha triste e indeleble, que va con uno para siempre. 21 años son algo así como 21 calendarios en la basura, 21 días de una que otra lágrima (y a veces más), 21 escritos (en realidad son menos, porque pequeña no solía escribir), 21 aniversarios, 21 extrañamientos y 21 lo que se quiera que pueda pasar cada 2 de julio que Eduardo vuelve a morir.

Continuar leyendo

FOTOGRAFÍA

Las fotos son un estado del tiempo en el que se congela el pasado, y son, a su vez, una manera de desafiarlo, de sacarle la lengua. Con ellas aparece todo lo anterior, y es difícil no pensar en la muerte, en su paso continuo por la vida. Tantas personas que ya se fueron, y tantas, que dejaron por ahí una que otra sonrisa, una que otra tristeza, una que otra vida. Luego, vuelve la realidad. En algún momento también seremos el segundo exacto de congelamiento, con la buena noticia, para las y los vanidosos, que a las fotos, la vejez no se los lleva por encima.

Cuando andaba chiquitolina y tenía el pelo rubio cenizo, le hice quitar a la madre las fotos de Eduardo de la pieza de huéspedes. La cosa es que, a veces, las fotos tienen vida, y se mueven. Es como si en lugar de un segundo se hubiesen congelado unos tres. Entonces veía como Eduardo me seguía con la mirada o incluso me alcanzaba a tocar con la mano. Perturbable para una niña de seis. Todavía. Punto aparte y si este párrafo quedó mal redactado, no me importa. No lo voy a volver a mirar. Es un recuerdo miedoso.

En fin. Las fotos contienen la historia de mi breve edad, de la larga edad, de una vida entera por vivir, como la canción aquella. Por fortuna, y perdonarán el final forzado de este texto que empezó con una frase para mi posteridad, a alguien, algún día, se le dio la fortuna de detener el tiempo. Qué después no digan que no es posible devolverse y mirar. Es más, hasta de re-vivir. Ahora, existe el photoshop.