Minutos

Son las 0:00. Exactas. Ella tiene momentos para mirar el reloj. Todos los días y a la misma hora: 3:24, 2:21, 9:25, 7:02. Fechas de esas que tiene que recordar cada año, pero que el reloj le hace recordar todos los días. A esas horas, por una extraña casualidad, abre el celular, mira el reloj del computador, pregunta la hora, en fin. Y eso que a veces intenta procrastinar el asunto. Hacerse la de la vista gorda. A las 0:00 horas, pensó, por ejemplo, que hizo la promesa de estar bajo las cobijas antes de que llegaran esos tres números tan vacíos, pese a los dos puntos. Miró hacia arriba, miró al pato, dijo que tenía ganas de colada (sí, a esta hora), le dio pico al caballo, abrió tres páginas de internet, escribió una, perdió el tiempo. Cuatro minutos han pasado desde entonces y ella no se ha parado de la cama, no se ha lavado los dientes, no ha pensado en la ropa que tendrá que ponerse mañana, ni se ha acordado que si no se acuesta ya, serán cinco minutos menos. Mañana es de esos días en que tiene que levantarse, pese a todo, a las siete dos puntos cero cero minutos.

Pd: Ella no se llama Mónica, ni Camila. Podría ser María o cualquiera con nombre Z.

CONFESIÓN DE LA C

Todas las noches hago la misma promesa. Voy a escribir todos los días, así sea una letra, mísera. Y todas las noches, como esas promesas de los alcohólicos y los pasados de peso, digo que mañana, que prometo que mañana empiezo, que hoy ando muy cansada, que la cabeza está muy cansada. Y entonces es la posposición, de la posposición, de la posposición y de la posposición. También de la repetición insostenible de ideas. Yo digo todas las noches que voy a escribir a diario, como los grandes escritores. Y luego salgo con la disculpa estúpida (sí, sos una estúpida y todo), de que los grandes escritores tienen todo el tiempo para escribir todos los días. Como si ellos, de toda la vida, tuvieran en la tarjeta profesional: escritores. También, de seguro, fueron soldados rasos de alguna profesión desconocida y querida, por supuesto. No todo tiene que ser tan malo. Todos los días me hago la promesa de que voy a escribir a diario. Y yo escribo a diario, todos los días, infaltablemente, casi, con pseudónimo. Salvo que hablo de escribir de esas cosas extrañas y raras que suelo escribir, sólo por ese sueño absurdo (creo que en algún momento los sueños siempre parecen absurdos, necesariamente) de que debo ser escritora. Prometo, que voy a escribir diario, así me vaya quedando como la oveja.

FANTASMAS

No me pregunten tantas teorías. Yo no sé si eso es una crónica, un reportaje, una noticia, un ensayo literario, un texto académico o, es más, no es nada. A mí no importa, qué me va a importar eso, cuando tengo varios fantasmas rondándome el cuerpo completo, moviéndome la mano y obligándome, casi similar a tener un revólver en la cabeza, a que escriba, a que acabe conmigo, me tire en esta cama y no me vuelva a levantar. Solo tengo que escribir. Ni una letra más.

JUGUETES

María está segura, segurísima, de que los juguetes, mientras ella duerme, se despiertan a vivir su propia vida. Por eso hay que dejarlos organizados, en sus camas, en sus casas, con sus juguetes propios, con todos sus accesorios. A los muñecos hay que ponerles cuidado. Si hay un señor Caradepapa sin señora Caradepapa, entonces se sentirá extremadamente solo. María, sabe de juguetes. Se los imagina todo el tiempo. A veces, se pregunta, si ella no será el títere, de otro que es más grande que ella. Puntos suspensivos y María suspira hondo.

LLUVIA

Tantas veces escribiéndole a la lluvia, amándole incluso, deséandole con ansias casi sexuales. Y hoy, cuando debería salir el sol, las nubes aparecen y se dejan caer completas, sin afán, con una parsimonia casi eterna, altamente desesperante. Me quejo por mirar a la ventana, por mirar al frente, por estar en esta silla. Me duele que además, la lluvia se parezca un poco al corazón que sigue apachurrado, constreñido y quien sabe qué más. La cosa es que su nombre golpea fuerte en la cabeza, como un gran aguacero donde las nubes se dejan caer completas, sin afán, con una parsimonia casi eterna. Me pregunto hasta cuando el de rojo seguirá con las estupideces de seguir ahí, como un disco rayado que nadie cambia. Por ahora estoy enojada con Cupido y con él, también. Tantas veces escribiéndole a la lluvia, amándole incluso, deseándole con ansias casi sexuales. Debería escampar ipso facto, y yo escapar, por demás. Sería menos doloroso.

ENTREVISTA DE CAMILA A MÓNICA

Somos una maraña de mundos y de voces interiores que a veces tienen nombre. Camila, tantas veces perturbándole la vida a Mónica, tantas veces sacándole de la penuria. Tantas veces quitándole del mediopara aprovecharse de su cuerpo y de su cabeza. Tantas veces amándole. Tantas veces deseando que se marches para siempre. Cuánto se necesitan, eso sólo lo saben las dos.

Un desnudo muy letroso. Aquí va.

Camila Avril: ¿Por qué me mataste, Mónica? ¿Por qué no pensarme más como un alter ego?

Mónica: Directa, ¿no Camila? Fue tu culpa y lo sabes. Esa mañana fue difícil. Luchar contigo, tratar de que no me quitaras del camino. Sentí que te querías apoderar de mí, cambiar de lugar. ¿Te parece justo? Después de darte tanta confianza, de creerte y de dejarte ser. Así que mejor ponerte límites. Es más, deberías contestar vos qué pasó.

C: Creo que fue más tu imaginación Mónica, aunque sí, fue una madrugada muy difícil en la que pasó lo que debía ser. Vos en tu sitio y yo en el mío. La pregunta es, ¿qué soy ahora entonces?

M: Un pseudónimo al que quiero mucho, al que a veces le dejo ser un poquito y jugar otro tanto, pero nada más. Eso que debió ser siempre. Un invento con muchos límites.

C: Cambiemos de tema. ¿Quién es él?

Continuar leyendo

ENOJO

Los ojos los tiene secos. Lleva varios minutos con la cabeza en otro lado, como cuando los pies se alejan del suelo. Trata de no pestañear, de no moverse. Está frente del ventilador, esperando que el aire se choque contra su cerebro y le saque todo eso que no la deja dormir.

Odia que sea tan rara como el dicho ese que incluye un perro a cuadros. Odia además que algunos personajes, estúpidos e inútiles por demás, se le metan en su cabeza. Y odia no saber qué tiene, qué hay por ahí en el de rojo en un idioma no comprensible para sí misma.

El momento es extraño. Ha estado despierta y dormida en una conexión increiblemente cercana. No lo sabe, pero se ha inventado la mitad de lo que cree que ha pasado y viceversa. El fútbol estuvo siempre en la pantalla del televisor y creyó que, como es costumbre ya, su equipo había perdido. Ahora escribe frases inconexas.

Varias veces le ha preguntado a la vida para qué y en las mismas veces la vida se ha quedado callada. Las otras, le ha preguntado a su papá cuando piensa cumplirle la promesa aquella de volver a aparecerse en sus sueños. Las otras mismas su papá se ha quedado callado. Y no es que no le deje ser muerto, pero como tal, incluso, supone que debe cumplir las promesas.

De entierros, varios nombres a la basura. Incluye varias J, unas cuántas C y alguna que otra H. Luego se conmueve. Está enojada y eso es contraproducente para pensar.

Un correo menos hay hoy en la maraña de correos de internet. Le gustaría hacer lo mismo con el Facebook, pero la adicción está muy profunda. Debería existir una sociedad anónima de adictos a él. Está enojada con ella misma, con la bulla que hace la gente, con los que se hacen los tontos, los que no quieren ver y los que se atraviesan la calle sin mirar si viene carro. Está enojada por estar enojada, porque no llueve y porque aún cuando la oscuridad ya llegó y los ojos le pesan, no le da la gana de dormir. Está enojada porque todo se resume en cuatro letras y parezca escribiendo un post en esa página rosada, de un diario de niñas, que tiene seguro y una barbie en la carátula.

Está enojada porque sí. Punto final.

CUANDO LOS TAMBORES SUENAN EN LA ESPALDA

Sé que no debería, pero a mí me gustó y por eso, quería compartirlo. Este escrito lo hice y lo publiqué para EL COLOMBIANO. Es sobre un grupo de Israel muy chévere. Y como me gustó, aquí se los dejo. Ahí perdonan!

Los fantasmas sí existen. Tienen luces, pueden aparecer varias veces y se mueven al ritmo de la música. Todo está oscuro.

Fantasmas vestidos de negro, con pies y con manos, que bailan, que hacen piruetas y que en lugar de asustar causan risa o algún “¡sin palabras!”, de una mujer que se acerca al oído de un hombre, habla bajo y no despega los ojos del frente.

Fantasmas al estilo de Mayumaná. Esa es una de las impresiones. Más allá, todo un juego de luces y movimiento, de golpes en el cuerpo y en objetos, de gritos, de teatro, de humor, de diez actores que juegan en el escenario.

Continuar leyendo