ANIVERSARIO

Cuando en el calendario aparece ese número, que resalta por demás en cualquiera que compre, indiferente del año, del color y la versión, la mente se prepara, en automático, para escribir. EscribirLE para ser más exactos, porque así como nacer hace de un día una fecha especial para recordar año tras año y poner bombas y comer ponqué, la muerte, hace de un día, una fecha triste e indeleble, que va con uno para siempre. 21 años son algo así como 21 calendarios en la basura, 21 días de una que otra lágrima (y a veces más), 21 escritos (en realidad son menos, porque pequeña no solía escribir), 21 aniversarios, 21 extrañamientos y 21 lo que se quiera que pueda pasar cada 2 de julio que Eduardo vuelve a morir.

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A Isabel, una Cosita la inspira

Este fue un artículo que escribí hace poco en El Colombiano y se los quería compartir. Es explorar temas y encontrarse cosas muy bonitas e interesantes. Ahí se los dejo, y ojalá digan algo. Un abrazo. Ya volveré a diario, y con escritos y poemas… Unos cuantos que les debo, además. :)

El corazón de Isabel Henao late por dos: el de Simona, su hija, y el suyo. Desde ahí, su mundo y su forma de crear y de diseñar, cambiaron. Ella será una de las protagonistas de Colombiamoda 2009.

Donde está Isabel Henao, está su Cosita, Simona. Con su pequeña, que tiene dos años, esta diseñadora colombiana ha vuelto a jugar a las muñecas, a ser una niña que sueña, que pinta el mundo, y por supuesto, que se deja llevar por el diseño y sus manos, para crear y conjugar la moda y el arte en sus colecciones.

“Todo va vínculado. No se puede separar la cabeza del corazón”, señala Isabel.

Simona cambió el color de su vida, porque “todo tiene que ver con ella” y eso se notará en su colección La moda se hace arte, que presentará en la pasarela Ésika de Colombiamoda, el próximo 28 de julio, dónde será protagonista.

Colores fuertes, en una paleta que pasa por los rojos, los amarillos, los violetas, los azules y los naranjas, sin olvidar el negro y el blanco. Colores puros y en contrastes, que es una novedad para Isabel, porque antes los desaturaba con gris.

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Con la red es mejor no ‘meter las patas’

Artículo publicado en EL COLOMBIANO, el 22 de junio de 2009

LAS REDES SOCIALES van más allá del compartir con otros. Si bien sirven para impulsar iniciativas sociales, también pueden convertirse en un karma, especialmente, cuando hay de qué reírse.

Equivocarse es una de esas cosas inevitables. Nadie está exento de caerse, de enredarse al hablar, chocarse con la pared, usar un objeto al revés y puntos suspensivos.

Las equivocaciones generan diversas emociones. Sin embargo, la risa, y la burla, parecen ser los compañeros perfectos del error. “Los humanos tenemos una tendencia a reírnos, a disfrutar de la tragedia de los demás”, explica Gabriel Cataño Rojas, director del Centro de Estudios Ciudad de Medellín del ITM.

Y con ello, llega el temor a hacer el ridículo, porque reírse del otro es muy bueno, pero que se rían de uno, ya no lo es tanto.

Las redes sociales han cambiado el asunto. Antes, alguien se equivocaba y sus compañeros se reían un rato y lo recordaban unos días.

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PARÉNTESIS

Este fue un paréntesis inicial, más precisamente, el paréntesis de Camila Collazos, en Todo amor termina en el centro.

Ojala te acabes. Esta distancia sin sentido, tan lejana. Esta locura sin palabras, tan amnésica. Es justo. Ojala todo se apagará y pudiera amanecer siendo otra. Una Camila diferente, reinventada, mejor, reconstruida. Una Camila sin nombre, porque, ¿qué es un nombre? Sólo letras en conjunto. Camila, sí, ese es mi nombre. Mis letras en conjunto. Esas que puso algún titiritero, sin preguntarme si quería llamarme de esa forma. Ahora tengo que cargarlo, como si fuera mío, como si fuese la culpable. Detrás hay una mujer de cabello negro, muy negro, casi como un carbón, de piel blanca, muy blanca, casi como la nieve. Un metro setenta y cinco de estatura y un cuerpo delgado, a veces, sólo a veces. Y esa es Camila, es esa que camina y se sienta, esa misma que sueña e que imagina, esa misma que vive y que muere, casi cada noche. Perfectamente pudo haber sido Mónica o María o Anastasia, qué sé yo. A veces me pregunto si hubiese sido otra persona, si tuviese otro nombre. Complicado. Sólo quisiera reinventarme de nuevo. Dicen que una nueva casa es una nueva vida. Yo quiero la nueva vida. Las paredes están tan blancas, tan azules. El conejo está tan blanco, tan orejón. Yo estoy tan triste, tan melancólica. Esta ciudad me produce odio, tanto odio. Ojalá el mundo se apagara y perdiera la memoria. Ojalá fuere ella, sin pasado, sin recuerdos, sin nada. Camila, a secas.

Otros apartes del libro:

Todo amor termina en el centro
Camila, Camila, dónde andarás a estas alturas de la noche
Camila, Camila, dónde andarás a estas alturas de la noche II
Una completa mierda

POEMAS DE PARED

POEMA 7
En el recuerdo
incólume
de esos tiempos,
tan tuyos y tan míos,
apareces con un dejo,
innegable por demás,
de nostalgia.
Apareces extraño,
a medio cuerpo,
feliz, felicísimo.
Apareces
con una sonrisa
casi fantasmagórica.
Esa misma
en la que me perdí
varias noches,
y en la que me pierdo todavía,
pese a lo viejos que se hacen los años.

Poemas de Pared anteriores

OTOÑO HACIA ARRIBA

Todo es distinto aquí. Las hojas de los árboles no caen. No. Suben. Es como si no hubiese fuerza de gravedad para las hojas, y en cambio, hubiese una parecida, desde arriba, que las hiciera subir, como una fuerza de las hojas, atractiva por demás. Y suben, casi a manera de vuelo, casi solitario. Se mueven suavemente, de izquierda a derecha, siempre hacia arriba. Y entonces el techo ya no es azul, es de hojas. Y el mundo inevitablemente se siente al revés.

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AMARILLO

Es amarillo. Tiene una cuerdita que lo sostiene. Una niña lo mira. Y está cansado.

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AVESTRUZ

Para Liz Carelombriz…

Todos dicen lo mismo. He escuchado en las últimas 24 horas, más de… no sé, muchísimas opiniones tratando de convencerme de lo que debo hacer. Hablar, dicen todos, como si se hubiesen puesto de acuerdo. Hablar lo que significa que me quite la máscara y diga todo lo que hay por dentro, incluso la parte del corazón. Y no, no entienden que no es que no quiera decirlo, porque quisiera pronunciar palabra por palabra, sacarlas todas y descansar de una vez. Casi como morir un poco. No, no entienden. Dar la cara no es fácil, menos cuando no tienes la capacidad de leer lo que el otro está pensando. Además, cuando la vida te pone a tu servicio miles de máscaras, es dificil decidir. Muy dificil. Por algo el avestruz prefiere meter la cabeza en tierra. Yo soy como el avestruz, prefiero la cabeza en tierra. Soy cobarde, y eso me duele más.

°Estaba leyendo que el avestruz, en realidad, no mete la cabeza en la tierra. También sé, que aún si la metiera, no sería para esconderse. Lo bonito, sin embargo, es la metafora, y ahí, se vale todo.

TELÉFONO ROTO

(Mujer de pie, en el teléfono)

– Sí señor, ya le dije que me gusta, pero si quiere, se lo repito. 

– (Espacio para la respuesta del teléfono)

– Sí, también sé que yo no le gusto. Eso me lo ha dejado claro, y varias veces.  

(Un hombre la mira desde la mesa, con ceño.) 

- ¡Eso Susana! sígale rogando a ese hombre queasí se ve muy bonita. 

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FOTOGRAFÍA

Las fotos son un estado del tiempo en el que se congela el pasado, y son, a su vez, una manera de desafiarlo, de sacarle la lengua. Con ellas aparece todo lo anterior, y es difícil no pensar en la muerte, en su paso continuo por la vida. Tantas personas que ya se fueron, y tantas, que dejaron por ahí una que otra sonrisa, una que otra tristeza, una que otra vida. Luego, vuelve la realidad. En algún momento también seremos el segundo exacto de congelamiento, con la buena noticia, para las y los vanidosos, que a las fotos, la vejez no se los lleva por encima.

Cuando andaba chiquitolina y tenía el pelo rubio cenizo, le hice quitar a la madre las fotos de Eduardo de la pieza de huéspedes. La cosa es que, a veces, las fotos tienen vida, y se mueven. Es como si en lugar de un segundo se hubiesen congelado unos tres. Entonces veía como Eduardo me seguía con la mirada o incluso me alcanzaba a tocar con la mano. Perturbable para una niña de seis. Todavía. Punto aparte y si este párrafo quedó mal redactado, no me importa. No lo voy a volver a mirar. Es un recuerdo miedoso.

En fin. Las fotos contienen la historia de mi breve edad, de la larga edad, de una vida entera por vivir, como la canción aquella. Por fortuna, y perdonarán el final forzado de este texto que empezó con una frase para mi posteridad, a alguien, algún día, se le dio la fortuna de detener el tiempo. Qué después no digan que no es posible devolverse y mirar. Es más, hasta de re-vivir. Ahora, existe el photoshop.